Ya no es tarde, de Benjamín Prado

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Hay momentos en la vida que son realmente buenos, y momentos que son como éste que nos está tocando vivir.  Rachas de luz y de ilusión, y rachas en las que quizá se te ponga la vida cuesta arriba y notes todo su peso sobre tus hombros ya cansados. Nos ha tocado la lotería de las mascarillas y la distancia social, y todavía nos debemos sentir afortunados. Otros, desgraciadamente, ya no las necesitarán jamás.
Pedro Robledo

En esta ocasión, me gustaría recomendarte un poemario tan breve como hermoso, titulado “Ya no es tarde” de Benjamín Prado, que publicó en 2014 en Visor de Poesía -tras ocho años de sequía poética en lo que a publicación se refiere-.

Me encantan los poemarios breves por el mismo motivo que me gustan los perfumes, en ambos encontramos mayor intensidad. Y en “Ya no es tarde” la intensidad emocional es imposible de esquivar. Te salta a la cara abras por donde abras el libro.

Por ejemplo, la primera estrofa del poema que presta el título al poemario:

“Nunca es tarde para empezar de cero, para quemar los barcos, / para que alguien te diga: / -Yo sólo puedo estar contigo o contra mí”.

Y si eres un disfrutón de este género literario, gozarás en grande con “Escrito en Lisboa”. Viene a ser algo así como si Benjamín te presentara en la barra de un bar a Pessoa, mientras los tres tomáis café Delta con vistas al Tajo. Bueno, los cuatro, porque también está María, la auténtica protagonista de “Ya no es tarde”:

“Ayer vine a Lisboa / porque era la ciudad de ese hombre triste / que sólo peleaba para huir del combate; / que pensó que quien calla es dueño del silencio; / que no necesitaba más que siete palabras / para contar su historia: / envidio a todos porque no son yo;”.

Y cierra el poema diciéndole a María:

“Prefiero estar contigo y que me olviden / a escribir una obra maestra en la que cuente / que aún no te he encontrado / o que ya te perdí”.

Estos versos son probablemente la más sentida declaración de amor que puede escribir un poeta y novelista de la talla de Benjamín Prado, que además es plenamente consciente de sus palabras, ya que conoce bien lo que es la fama y el reconocimiento literario. Pero también tienen mucho de redención. De hecho, si hubiera que buscar un subtítulo a “Ya no es tarde” tendríamos que robárselo al séptimo álbum de Quique González: “Avería y redención”.

Pero también tiene otro poema dedicado a Ángel González -al gran Ángel González- con el que el autor mantuvo una gran y estrecha relación de amistad literaria y personal, que hace que “María y el fantasma” tenga la calidez y la magia de un abuelo hablándole a su joven nieto sobre las verdades de la vida. Esa sabiduría sólo al alcance de los que lucen en sus hombros los galones de la edad.

Pero este poema, con su tono íntimo y rebosante de sabiduría, lo dejamos como trofeo a conquistar a todos los que os animéis a visitar o revisitar estas noventa páginas color crema de la Visor de poesía. Y recordad siempre que, pase lo que pase: “Ya no es tarde”.

Pedro Robledo

Instagram: @probledo