Educación

Y Ahora ¿Qué hago con mis hijos?

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Después de más de 50 días con los colegios cerrados muchos padres ven con cierta incertidumbre el futuro de la actividad escolar. Y esta situación puede generar dudas en qué hacer con nuestros hijos. Antonio Milán Fitera, Doctor en Educación y Profesor de la Universidad Villanueva es autor del autor del libro Adolescente hiperconectados y felices. Coach personal y experto universitario en resiliencia. En el siguiente artículo, el Doctor Milán nos da sus sugerencias para no morir en el intento
Doctor Antonio Milán Fitera

Cuando el gobierno confirmó que los alumnos no volverían al colegio salvo excepciones, muchos padres se echaron las manos a la cabeza. “No puedo más”, me reconoció uno de ellos después de un mes y medio agotador con sus tres hijos en casa. El desgaste psicológico que supone estar con los hijos sin descanso 24 horas los 7 días de la semana es enorme. Mucho más si alguno de ellos está en plena adolescencia

Cinco sugerencias para no morir en el intento

  • Aprovechar la oportunidad para seguir educando en el valor del trabajo y el esfuerzo. Muchos alumnos empezaron el aislamiento contentísimos porque no había clase y suponían que iban a estar unas semanas de vacaciones. Pero cuando se alargó el estado de alarma y empezaron las clases online, y más tarde se confirmó que el curso se evaluaría con normalidad dentro de las circunstancias, todos fueron aceptando poco a poco que había que ponerse a estudiar. Lo mismo en casa. Si los hijos ven que sus padres no buscan soluciones alternativas que excusen la situación y se centran en el valor del trabajo y esfuerzo diarios como única salida para terminar el curso, en la mayoría de las ocasiones se acaban poniendo a estudiar.
  • Ajustar las expectativas a la situación real. Los niños y adolescentes están recibiendo sus clases online. Y tan efectivas como las clases presenciales no lo son, por supuesto. Pero en las actuales circunstancias de confinamiento se han revelado como el mejor modo de conseguir que el curso no se paralice. Eso sí, tanto los padres como los profesores tenemos que rebajar las expectativas y ajustarlas al momento real. No van a aprender los mismos contenidos y mucho menos con la misma profundidad. Pero van a aprender otras cosas mucho más importantes: convivir con la familia sin salir de casa; cuidar en la distancia a sus abuelos; ayudar más a sus padres; atender a los hermanos más pequeños, si los tienen; sonreír, pedir perdón y perdonar con mayor frecuencia; disculpar y contestar bien… Todo eso pasa ahora a primer plano. Lo demás es importante también, pero secundario. Nos toca vivir un momento excepcional que requiere poner el foco en lo que ahora puede hacer crecer más a nuestros hijos.
  • Dar la batalla solo en los aspectos esenciales. Para evitar el desgaste físico y psicológico que supone el confinamiento prolongado hay que aprender a elegir las batallas esenciales. Por ejemplo, quizá ahora no sea el momento de exigir hasta las cosas más pequeñas referidas al orden (que habrá que recuperar después, si es el caso) y sin embargo sí hacer lo posible para evitar que se queden aislados muchas horas en la habitación o que no se lleven el móvil o la tablet a la cama para estar conectados o viendo series hasta altas horas de la madrugada (como muchos me reconocen que llevan haciendo estas semanas).
  • Trabajar desde el no miedo. El miedo tiene un recorrido muy corto en educación. Y ahora, al salir a la calle, los niños pueden sentir miedo al contagio si se acercan a sus amigos o si tocan cosas que no deben. Desterremos el miedo en educación. Y el mejor modo de hacerlo es usando afirmaciones positivas: «como ya eres mayor y suficientemente responsable para no tocar cosas ni abrazar a tus amigos aunque quieras, vas a salir a la calle”. A la hora de permitir espacios de libertad, lo ideal es evitar plantear un paisaje aterrador. Eso solo les producirá temor y ansiedad.
  • Enfocar a los hijos en el momento presente. Hay mucha incertidumbre e inseguridad en el futuro, nadie lo niega. Pero también es verdad que la mayoría de las cosas suceden solo en nuestra cabeza. En realidad podemos cambiar exclusivamente el presente, no el ayer ni el mañana. Ayudemos a nuestros hijos a centrarse en el hoy y en el ahora. Dejemos de lamentarnos por lo que pasó y de preocuparnos excesivamente por lo que vendrá. “Cuando lleguemos a ese río cruzaremos ese puente”, dijo el emperador Julio César. Hoy puedo decidir no pensar en el futuro. Lo que sí puedo hoy es decidir con mis actos quién quiero llegar a ser mañana.

Antonio Milán Fitera

Antonio Milán Fitera es Doctor en Educación Profesor Universidad Villanueva y Coach personal y experto universitario en resiliencia. Autor del libro Adolescentes hiperconectados y felices