Opinión

España merece algo mejor

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Hay momentos en la historia de una nación en los que las elecciones dejan de ser una simple confrontación entre partidos para convertirse en un ejercicio de responsabilidad colectiva. España atraviesa uno de esos momentos. Y antes de volver a las urnas conviene hacer memoria. No la memoria selectiva que algunos pretenden imponernos, sino la de cuanto hemos vivido durante estos años.

Por Marcela Reigía Vales

Hemos asistido a la aprobación de una amnistía que el propio Gobierno había rechazado anteriormente y que terminó impulsando tras necesitar los votos del independentismo para la investidura. Hemos presenciado negociaciones políticas que han suscitado profundas controversias sobre la igualdad entre españoles y el funcionamiento de nuestras instituciones. Y hemos conocido investigaciones judiciales que afectan a personas del entorno político y personal del presidente. La presunción de inocencia es incuestionable, pero la exigencia de responsabilidades políticas también debe serlo.

Mientras tanto, la vida de los españoles continúa.

Tú, que trabajas y apenas llegas a fin de mes. Tú, que no puedes independizarte porque tu sueldo no alcanza para pagar un alquiler. Tú, que quieres formar una familia y descubres que tener hijos parece haberse convertido en un lujo. Tú, que haces cuentas en el supermercado, que renuncias a unas vacaciones o que contemplas cómo buena parte de tus ingresos desaparece entre impuestos y gastos imprescindibles.

¿De verdad esta es la España que queremos dejar a nuestros hijos?

Nos hablan de crecimiento económico mientras demasiadas familias sienten que su esfuerzo no se traduce en prosperidad. Nos prometen soluciones para la vivienda mientras acceder a ella continúa siendo una de las mayores dificultades de toda una generación. Nos exigen confianza en las instituciones mientras los escándalos y las controversias políticas ocupan titulares semana tras semana.

Y cuando los ciudadanos reclaman explicaciones, demasiadas veces el debate público se desplaza hacia nuevas polémicas que terminan relegando los problemas verdaderamente importantes.

Pero una democracia no puede acostumbrarse a vivir permanentemente instalada en el enfrentamiento. Ni puede aceptar que la supervivencia política de un Gobierno se convierta en el criterio que determine todas sus decisiones.

El artículo 1.2 de nuestra Constitución establece que la soberanía nacional reside en el pueblo español. No en el presidente del Gobierno. No en los partidos. No en quienes negocian mayorías parlamentarias. En los españoles.

Por eso, las elecciones deben ser también un momento para exigir cuentas. Para recordar las promesas incumplidas, examinar las decisiones adoptadas y preguntarnos qué futuro queremos construir.

España necesita instituciones respetadas, seguridad jurídica, oportunidades para sus jóvenes, apoyo a las familias y gobernantes que comprendan que el poder no es una propiedad, sino una responsabilidad temporal.

Podemos discrepar sobre las soluciones. Lo que no deberíamos es renunciar a exigirlas.

Porque España no pertenece a ningún Gobierno. Pertenece a los españoles. Y ningún poder político debería olvidar jamás que está a su servicio, y no al contrario.

Marcela Reigía Vales

Alcobendas · Sanse · Zona Norte de Madrid

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