Minor White: Cine de imágenes fijas
Hasta el 10 de enero podemos visitar la exposición dedicada a este fotógrafo en la sala Recoletos de la Fundación Mapfre, que conmemora el 50 aniversario de su fallecimiento. Es la primera gran retrospectiva en Europa de la obra de uno de los artistas más complejos e influyentes de la fotografía estadounidense del siglo XX.

White nace en 1908 en Mineápolis, hijo único de padre contable y madre modista, una pareja con una relación inestable, con separaciones temporales, durante las cuales madre e hijo se iban a casa de los abuelos maternos. Su abuelo, fotógrafo aficionado, regala a Minor una cámara Brownie cuando tenía 6 años, le acompañará hasta la adolescencia.
Estudia Botánica en la Universidad de Minnesota, aunque nunca ejerció, pero realizó fotomicrografías de algas, que le enseñaron a observar algo que la mayoría no ve, a la vez que desarrollaba su amor por la poesía, que también le descubre que tras las apariencias puede existir otra realidad.
Se marcha pronto de casa cuando, leyendo su diario, sus padres descubren su homosexualidad, una condición que siempre vivirá como una carga por las graves consecuencias que en la época podía tener social, legal y profesionalmente.
En Portland trabaja de guardia en un hotel, mientras busca empleos relacionados con la fotografía para comprar su equipo. En 1942 es llamado a filas para combatir en la II Guerra Mundial, una experiencia dolorosa que interrumpe su carrera.
Acabada la guerra, conoce en Nueva York a las figuras fundamentales de la fotografía de la época, entre ellos a Alfred Stieglitz, que ante la pregunta de Minor sobre si puede ser fotógrafo, Alfred le responde que si ha estado enamorado alguna vez, puede serlo. Aprenderá el término “equivalencia”: la fotografía como equivalente visual de una experiencia interior.
Frente al auge de la fotografía documental y del fotoperiodismo, Minor entendió este arte como mirar las cosas para ver qué más pueden ser, porque pueden mostrar una cosa pero hablar de otra, ya que en su vida no podía decirse todo, la cámara como vehículo que observa el mundo para conocerte a ti mismo, “hay que fotografiar las cosas no por lo que son, porque eso puede ser solo transitorio, sino por aquello otro que son, porque eso es eterno”.
Utilizó la técnica de imágenes en secuencias, un conjunto de fotografías que se relacionan generando significados “para comunicar o evocar se necesitan al menos dos fotografías, o bien una acompañada de palabras”. Un cine de imágenes fijas.
Pero su vida no fue solo fotografía, desarrolló una intensa labor docente en los centros más prestigiosos de EEUU, pionero en el concepto de talleres creativos, enseñando no solo las técnicas fotográficas, sino también ejercicios de contemplación y concentración, para que los alumnos descubrieran qué nos sucede cuando miramos.
Además fue cofundador y director, durante más de 20 años, de la revista Aperture, creada para que la fotografía pudiera pensarse a sí misma, conviertiéndose en una de las grandes instituciones internacionales de la cultura fotográfica.
A los 67 años, tras un segundo ataque al corazón, fallece en Boston un fotógrafo que nos dejó una pregunta:
¿Qué ocurre en nosotros cuando una fotografía deja de ser simplemente aquello que representa?
Rosario Tamayo Lorenzo
Alcobendas · Sanse · Zona Norte de Madrid
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