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Cruz Sánchez de Lara: “Con la invasión de Ceuta he sentido más cerca que nunca el miedo a la guerra en nuestro país”

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La abogada, escritora, vicepresidenta ejecutiva del periódico El Español y una de las principales impulsoras del liderazgo femenino en España, habla con La Mirada Norte de su novela ‘Las gobernadoras’, en la que recupera la historia de mujeres que ejercieron un poder decisivo en la sombra durante la independencia de Estados Unidos

En ‘Las gobernadoras’, Cruz Sánchez de Lara rescata del olvido a mujeres que tomaron decisiones trascendentales sin aparecer en los retratos oficiales ni ocupar el lugar que la historia reservó a los hombres. Una mirada al pasado que le sirve también para hablar del presente y de cuestiones que siguen interpelando especialmente a las mujeres, desde el ejercicio del poder y la fragilidad hasta la igualdad, la violencia o la amenaza de una guerra que, en su opinión, hoy sentimos más cerca. Además del poder de las mujeres durante la independencia de Estados Unidos, la escritora y periodista reflexiona sobre el papel de las mujeres en el poder, la igualdad, la violencia, la polarización y la situación de Ceuta, una frontera que considera un problema nacional y ante la que reconoce haber sentido como nunca la cercanía de la guerra en España.

En la novela hay una idea especialmente poderosa, porque hay mujeres que, efectivamente, no aparecen en retratos oficiales, que no firman tratados, pero que, al final, toman decisiones que cambian la historia. ¿Cuánto cree que ha cambiado realmente esto?, ¿seguimos viviendo en una sociedad en la que muchas mujeres tienen poder, pero igual no el reconocimiento?

Creo que la forma de ejercicio del poder de hombres y mujeres, salvo excepciones, tiene sesgos de diferencia, pero lo que ahora hemos avanzado es que nosotras podemos sustentar los cargos y podemos hacer valer nuestras decisiones. Es verdad que muchas veces nos topamos todavía con alguna reticencia.

La he escuchado decir que lo doméstico también podía ser un espacio político. ¿No estamos todavía infravalorando mucho el poder que se ejerce dentro de la casa, de la familia, cuando se cuida a los mayores…?

Efectivamente. Yo creo que el liderazgo femenino donde más se ha ejercido tradicionalmente ha sido en las casas porque era el espacio que nos tenían relegado, pero la educación de los hijos implica un liderazgo. Una casa es una empresa y hay que gestionarla y eso lo vivimos todos y, además, antes, estas empresas tenían más ‘trabajadores’ porque ahora hijos hay pocos, pero antes no era tan extraño que hubiera una familia con ocho o diez hijos y eran casas grandes. Empresas grandes con presupuestos pequeños.

Usted es un claro ejemplo de estar al lado de una persona con muchísimo poder y exposición pública, Pedro J. Ramírez, y tener su lugar súper definido, además, en las altas esferas. ¿Ha sido difícil adaptarse a ser su esposa y acompañar a un hombre poderoso, pero no desaparecer detrás de él?

Durante mucho tiempo tuve que asumir la realidad porque te cuesta trabajo entender que el hombre al que quieres, además de ser el hombre al que quieres, es para muchas personas un genio, con las cosas buenas y malas que tiene un genio. Cuando un hombre es polémico y brillante, yo no quiero su espacio, pero sé caminar junto a él y juntos estamos construyendo un proyecto en el que cada uno tiene su parte. Y yo creo que lo bueno es que yo le admiro y él me admira.

magdalena siedlecki photographer © 2026

La exposición pública que ha alcanzado junto a él ha llegado hasta el punto de que hace un tiempo reconoció y contó haber sufrido durante un tiempo malos tratos. ¿Qué le diría a una mujer que esté viviendo una situación similar en este momento?

Que de esto se sale, pero que busquen ayuda. No hay que elegir a muchas personas, pero que elijan a una que te sirva de contacto con el mundo, porque la percepción de la realidad se tiene totalmente distorsionada cuando te han dicho que no vales y tu autoestima está en nada.

Lleva años trabajando para dar visibilidad a mujeres referentes con las Top 100 Mujeres Líderes. Ahora ha hecho algo parecido con la literatura. ¿Le sigue sorprendiendo que, siglos después, tengamos que rescatar a las mujeres brillantes, como ha hecho en esta novela, para volver a demostrar que estuvieron ahí?

Escribo mucho mejor dándole voz a las mujeres, porque creo que mi voz es una voz muy femenina, aparte de que soy feminista. Me pasó con Catalina la Grande, cuando escribí sobre ella, desde ese punto de vista que yo quiero siempre mostrar, que es que las mujeres que parecemos más fuertes también somos frágiles, que la vida no es siempre arriba, sino que hay arriba y abajo y que todos lloramos y que sufrimos. Y para mí es muy importante esta forma de contar la historia, a través de mujeres que se sienten frágiles o débiles porque la percepción que se puede tener del éxito, de lo que la gente llama éxito, disocia por completo de la persona que sufre el éxito. No se llega nunca al éxito sin sufrimiento.

Pedro Sánchez, el presidente, ha convertido muchas veces este término y las políticas de igualdad en una de las banderas de su Gobierno.

Sí, y estoy muy disgustada. Tengo una preocupación tremenda con eso porque creo que el feminismo se ha utilizado en los últimos años como una bandera que parecía que ya estaba totalmente limpia y ahora mismo se ha convertido en un ariete, en un arma de guerra. Y esto no puede ser porque, además, no es cierto.

Voy a otro asunto hablando del Gobierno, Ceuta. ¿Qué papel cree que deberíamos tener las mujeres en las decisiones sobre fronteras, migración y seguridad?

Ceuta nos puede dar lecciones a todos los españoles de lo que es la integración y vivir en paz. Viven cuatro religiones juntas sin ningún problema, están totalmente integrados, tienen una forma de convivir estupenda. Son una lección. Te pongo el ejemplo de la consejera de Hacienda de allí, que se llama Kishi Chandaramani, que es de procedencia hindú. Es una mujer inteligente, simpática, guapa, responsable y estupenda, que está cogiendo las riendas de lo que les dejan hacer en Ceuta porque el abandono es obvio, lo disfracemos como lo disfracemos. Me entristece que estemos consintiendo esto y lo estemos intentando transformar en un problema local, cuando es un problema nacional. Yo tengo 53 años, he vivido toda mi vida en democracia, y es la vez que yo he sentido más cerca el miedo a la guerra.

Si las protagonistas de la novela pudieran sentarse hoy con usted y preguntarle qué ha cambiado para las mujeres en estos casi tres siglos de diferencia. ¿Qué les diría?, ¿cree que nos reprocharían algo que no hayamos conseguido todavía?

Como eran de mi familia, yo les diría que ¡cómo es la genética!, que cuántas cosas me han dejado de esas que hacen sufrir como ese sentido de la responsabilidad brutal, que nos agota y que tanto daño nos hace, y les diría que ojalá hubieran podido vivir ahora, porque creo que ha sido el tiempo menos malo para las mujeres que hemos conocido.