¿Con quién dejo al perro estas vacaciones? Lo que debes comprobar antes de elegir residencia o cuidador
Residencias caninas, cuidadores a domicilio, familiares o amigos son algunas de las alternativas cuando el perro no puede acompañarnos de vacaciones. Pero no todas ofrecen las mismas garantías y conviene comprobar algunas cuestiones antes de entregar nuestra mascota a otra persona.
LMN
Con la llegada del puente del 15 de agosto, muchas familias preparan unos días fuera de casa. Reservar hotel, organizar el viaje o hacer las maletas forma parte de los preparativos, pero quienes tienen perro deben resolver antes otra cuestión: ¿con quién lo dejamos?
No siempre es posible llevar a la mascota de viaje y las alternativas se han multiplicado durante los últimos años. A las tradicionales residencias caninas se han sumado cuidadores que alojan perros en sus propias viviendas y profesionales que se desplazan hasta el domicilio del propietario.
También continúa la solución más sencilla: dejarlo con familiares o amigos. Sea cual sea la elección, no debería tomarse únicamente por el precio o por la cercanía.
Visitar la residencia antes de dejar al perro
Si elegimos una residencia canina, es recomendable conocer previamente las instalaciones. Hay que comprobar dónde dormirá el animal, qué espacios tiene para hacer ejercicio, las condiciones de limpieza, la disponibilidad de agua, las zonas de sombra y la protección frente al calor.
En agosto este último punto resulta especialmente importante. Los perros deben disponer de lugares protegidos del sol y las instalaciones tienen que garantizar unas condiciones adecuadas durante los episodios de altas temperaturas. También merece la pena preguntar cuántos animales se alojan simultáneamente y cómo se organizan los paseos o salidas.
Una residencia que permita una visita previa ofrece además la posibilidad de que el propietario conozca personalmente a quienes van a encargarse del animal.
Vacunas, microchip y documentación
Que una residencia solicite documentación del perro no debe interpretarse como una molestia. Al contrario, puede ser una garantía para todos los animales alojados.El establecimiento puede exigir que determinadas vacunas estén al día y solicitar la cartilla sanitaria o documentación correspondiente.
También conviene asegurarse de que los datos asociados al microchip están actualizados, especialmente el teléfono de contacto del propietario.
Antes de marcharse hay que dejar además un número en el que poder localizar al responsable del animal y, si el viaje es al extranjero o dificulta el contacto, el de otra persona autorizada para tomar decisiones en caso de urgencia.
Dejar por escrito alimentación y medicación
Cada perro tiene sus rutinas y cambiarlas bruscamente puede aumentar el estrés durante los primeros días.
Por eso es recomendable entregar instrucciones claras sobre la alimentación: qué comida toma, qué cantidad, cuántas veces al día y si existe algún alimento que deba evitar.
Lo mismo ocurre con los medicamentos. Si el perro sigue algún tratamiento, la residencia o el cuidador debe conocer las dosis, horarios y forma de administración. También resulta útil facilitar los datos de su veterinario habitual y explicar cualquier antecedente médico que pueda ser relevante.
No hay que olvidar tampoco cuestiones relacionadas con el comportamiento: miedo a otros perros, ansiedad, tendencia a escaparse, reacción ante determinados ruidos o problemas al relacionarse con desconocidos. Cuanta más información tenga el cuidador, más fácil será atender correctamente al animal.
¿Residencia o cuidador particular?
No existe una respuesta válida para todos los perros. Algunos animales se adaptan perfectamente a una residencia y disfrutan del contacto con otros perros. Otros, especialmente los de edad avanzada o aquellos muy acostumbrados a su entorno, pueden llevar peor el cambio.
En esos casos puede valorarse que un cuidador se desplace hasta la vivienda o que el perro permanezca temporalmente en casa de una persona conocida.
Si se recurre a un cuidador profesional encontrado a través de internet o de una plataforma, conviene conocerlo previamente, comprobar las condiciones en las que permanecerá el animal y dejar claramente acordados los paseos, horarios, alimentación y atención que recibirá.También es recomendable saber qué ocurrirá si surge una urgencia veterinaria y quién asumirá las decisiones y los gastos.
Dejarlo con familiares tampoco significa olvidarse
La confianza hace que muchas familias opten por dejar al perro con padres, hermanos, hijos o amigos. Pero también en estos casos conviene facilitar toda la información necesaria.
El perro deberá mantener sus paseos, alimentación y cuidados habituales y la persona que se haga cargo debe conocer cualquier circunstancia especial.
Además, la Ley 7/2023 de protección de los derechos y el bienestar de los animales establece que un perro no puede permanecer sin supervisión durante más de 24 horas consecutivas. Por tanto, dejarlo en casa con comida y pedir a alguien que pase simplemente cada varios días no es una alternativa válida.
Una prueba antes de las vacaciones puede evitar problemas
Si el perro nunca se ha quedado en una residencia o con un cuidador desconocido, realizar previamente una estancia corta puede resultar útil. Unas horas o incluso una noche permiten comprobar cómo responde el animal antes de dejarlo durante una semana o más.
También es aconsejable llevar algún objeto familiar, siempre que la residencia lo permita, y evitar despedidas excesivamente largas que puedan aumentar el nerviosismo.
No dejar la decisión para el último momento
En fechas como el puente de agosto, las residencias y cuidadores con mayor demanda pueden completar sus plazas con antelación. Por eso, buscar dónde dejar al perro el día antes de salir de viaje no suele ser una buena idea. Visitar las instalaciones, conocer al cuidador, preguntar, comparar y explicar las necesidades del animal requiere algo de tiempo.
En definitiva, huelga destacar que las vacaciones empiezan para sus propietarios, pero para el perro supone un cambio importante en su rutina. Ante esta disyuntiva, elegir correctamente quién va a cuidarlo durante esos días puede marcar la diferencia entre una estancia tranquila y un problema que termine arruinando el viaje.