Comunicar con propósito

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La comunicación, como tantas cosas en esta vida, necesita un propósito. El foco está en olvidarse de lo que yo quiero decir y enfocarnos en lo que quiero que perciban de mí. Una vez lo tenemos claro, manos a la obra. He ahí el poder transformador de la comunicación: inspirar para que la percepción deseada sea real. Aunque algunos lo llamen empezar la casa por la ventana, si la casa se inspira en la ventana, bendito sea el éxito de su construcción.

El propósito es un objetivo viajando en Primera Clase. En esta época en la que tanto nos gusta o disgusta elevar cada palabra para que suene rara, importante, culta o moderna, reconozco que ese “upgrading” que se ha dado al “objetivo” me parece un acierto.

Propósito. ¡Preciosa palabra!

Tan necesario es tener un propósito vital como tenerlo en el ámbito empresarial. El propósito es una meta, un compromiso, un destino más allá del día a día. Es el “para qué” de una marca. Si lo pensamos bien, todos en algún momento nos preguntamos por qué vamos a trabajar; y la respuesta es evidente: por responsabilidad, por dinero… Pero lo que nos agobia realmente no es el motivo o la causa, sino la finalidad. La pregunta por tanto es: ¿para qué trabajo? Y entonces la respuesta cambia: para mejorar mi sector, para crear, para salvar vidas, para proteger al que lo necesita, para aprender. Cada uno su respuesta pero con un alcance mayor.

El propósito ayuda como guía en el día a día y es especialmente importante cuando hay que tomar decisiones difíciles. Un ejemplo de vida: si mi propósito vital es ser una buena persona, cuando dudo si hacer o no algo a alguien, enfocarlo desde mi propósito vital me ayudará a tomar la decisión más coherente con mi meta en la vida. ¿Ma hace esto mejor persona? Y si la respuesta es sí, lo haré; y si es no, pues no. El propósito vital no solo ayuda a tomar decisiones y aumentar las ganas de cumplir con él, sino que nos hace sentir mejor.

Lo mismo ocurre en la empresa. Definir, cuidar y velar por un propósito, ayuda a remar en el mismo sentido y contestar a ese “para qué trabajamos”. Es una carrera de fondo, con baches, curvas, cambios de rumbo y turbulencias. Pero si el propósito es firme, participado con las personas de la empresa, construido desde la verdad, la innovación y la ilusión de que hacer lo que hacemos aporte a la sociedad… entonces el propósito será el volante más firme para seguir en la mejor dirección.

Los beneficios de trabajar con un propósito activo son evidentes: mejora la reputación de la empresa, aumenta el compromiso de los grupos de interés (internos y externos) y es clave en la estrategia a medio y largo plazo. Sin embargo, el informe “Propósito, ma non troppode Prodigioso Volcán, indica que estamos menos instalados en la cultura del propósito de lo que esperábamos. “Puede que la cultura del propósito se encuentre en los discursos, pero más marcas de las que sería deseable todavía no expresan cuál es su aportación más significativa a la sociedad” dice el informe.

El propósito es un compromiso hecho público en palabras pero que debe cumplirse en privado con acciones y actitudes que involucren a las personas de la empresa; y en público, con acciones que hagan real lo que un día escribimos en un papel. Eso sí; la cultura del propósito no puede quedarse en unas palabras publicadas en la web o añadidas al cartel de misión, visión y valores. El propósito nace para cumplirse, nos lleve el tiempo que nos lleve.

A propósito del propósito, dicen que la Navidad y el inicio de un nuevo año es tiempo de diseñar nuevos objetivos. Yo creo que más bien es tiempo de deseos. Les invito en estas fiestas a subir un poco más y pensar en su propósito. Personal e intransferible; solo o en compañía de otros. Así el año 2022 tendrá mejores personas, mejores marcas inspirando y cuidando eso tan navideño que es el amor, la bondad y la esperanza por nuestro mundo.

Feliz propósito para 2022 y, por supuesto, muy feliz navidad.

Tambab