‘Ruta 666’ la legendaria ruta de EE UU conocida como la “la Carretera del Diablo”

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Puede que la Ruta 66 sea la más mítica de Estados Unidos (además de una de las más emblemáticas del mundo y que en otra ocasión hablaremos de ella), pero para los amantes de lo paranormal la preferida es la Ruta 666, cuyo nombre acabó siendo vetado y que hoy en día se llama Ruta 491. Esta es su historia.
Manuel Vega

En dos ocasiones me propusieron hacer un viaje y conocer la famosa “Carretera del Diablo” y en las dos, por diferentes circunstancias, no lo hice. La primera en un encuentro mundial de Harley Davidson, algo mut común en EE UU y la otra con cuatro amigos en una autocaravana. Dos propuestas muy apetecibles pero que, como digo, no pude realizar.

Ya me atraía todo lo que leía sobre la diabólica ruta, pero había algo que siempre me ha producido rechazo: más que Diablo, los habitantes de esas zonas del Medio Oeste. Tal vez había visto demasiadas películas en las que las acciones de las gentes que las poblaban, incluída su policía, no eran de ninguna manera ejemplares. Pero conozcamos mejor esta carretera que nunca va a desaparecer de la historia.

La leyenda de la ruta 666 se alimentaba de toda clase de infortunios y de figuras provenientes del mismo averno, que se presentaban a todos los valientes que se atrevían a poner la rueda sobre su asfalto. Graves accidentes, muertes, e incluso extrañas desapariciones fueron engrosando su historia, que no hubiesen tenido mayor trascendencia de no ser porque las autoridades locales comenzaron a comprobar que mucho de lo que se contaba era cierto.

Los encargados del tráfico del estado de Nevada pudieron cotejar con sus estadísticas que, en efecto, en dicha vía se congregaba un número de accidentes y muertes mucho más alto de lo normal en este tipo de carreteras. Además, el registro de las llamadas al servicio de socorro y asistencia eran sorprendentemente numerosas, por la cantidad de averías mecánicas ocurridas en la zona.

Ante la evidencia de las pruebas, las autoridades norteamericanas la incluyeron en la lista de las 20 carreteras más peligrosas de EEUU, a pesar de ser una larga recta sin aparente dificultad. Así fue cómo la leyenda de la ruta 666 traspasó fronteras, sembrando todo un universo de conjeturas a su alrededor.

Investigaciones de diversa índole concluyeron en que la terrorífica ruta era propicia para los accidentes debido a su diseño monótono y soporífero, que causaba un efecto casi hipnótico a muchos conductores. La escasa presencia de la policía sobre el terreno invitaba también a desafiar los límites de velocidad, lo que sumado al mal estado del firme, con un mantenimiento deficiente, eran el caldo de cultivo ideal para que se produjeran accidentes con resultados nefastos.

Por otra parte, al tratarse de una zona con una climatología extrema, que incluía altísimas temperaturas durante el día y excesivamente bajas durante la noche, cobraba todo el sentido que se produjeran constantes averías en los vehículos, especialmente los que carecían de un correcto mantenimiento.

En cualquier caso ni siquiera las explicaciones ofrecidas por las autoridades competentes surtieron el efecto deseado. Y la leyenda negra seguía extendiéndose por todo el mundo: voraces criaturas infernales hambrientas de almas humanas, sorprendentes historias de distorsión temporal, espectros venidos del infierno amantes del autostop, repugnantes casos de canibalismo en los arcenes al más puro estilo de ‘Las colinas tienen ojos’…

Pero, sin duda, la historia favorita de la ruta 666 es la del Sedán negro, conducido por una sombra sin rostro –algunos señalan a Satanás- que perseguía conductores al azar para provocarles la muerte. Tanta expectación levantaba la diabólica carretera que hubo un tiempo en el que se convirtió en lugar de peregrinación para los más intrépidos aficionados a los fenómenos paranormales.

Llegó un momento en el que la concurrencia de los ‘cazadores de fantasmas’ fue tal que se convirtieron en un peligro para los usuarios de la vía, ya que incluso se llevaban, como souvenirs las señales que marcaban la carretera. Por fin, en 2003, las autoridades federales tomaron cartas en el asunto y convinieron cambiar la denominación a Ruta 491.

Durante muchas décadas estas misteriosas historias de apariciones fantasmagóricas y accidentes inexplicables han conseguido disuadir a la mayoría de conductores, que preferían rutas alternativas para viajar, a pesar de las ventajas del trazado recto de la ruta “maldita”. Sin embargo, desde su cambio de nombre, la normalidad ha sido la tónica dominante.

Con todo, todavía hoy hay quien prefiere dar un rodeo antes que poner las ruedas en la misteriosa “Carretera del Diablo”. Quizás porque la autosugestión es más poderosa que cualquier tipo de razonamiento. Por si acaso, pensarán, más vale prevenir…