Principios y traiciones

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Estos son mis principios, si no les gustan tengo otros, esta es una de las más famosas frases atribuidas al cómico Groucho Marx. Una frase que a pesar de ser muy manida y citada en miles de ocasiones, no deja nunca de ser actualidad. Porque a mi entender resumen muy bien, en lo que se ha convertido en general las sociedades occidentales y en particular la nuestra, la española.
Pedro Llorente

Nos vanagloriamos de hablar de principios, de valores, de códigos éticos y morales, pero cuando hay que ponerlos en práctica y estos se contraponen con la realidad que fija el valor del dinero, y la lógica del egoísmo y la ambición se imponen, estos pasan a un segundo plano o directamente se esfuman.

Y de esta ausencia de valores no nos libramos ninguno, ni los que se definen de izquierdas, de derechas o de extremo centro, ni aquellos que hacen gala de europeos, de españoles o de alguna de las numerosas identidades que pueblan las tierras de España.

Voy a por un ejemplo de estos valores de saldo, de esta compraventa de ideales, y para ello me voy a ir al fútbol lugar común de nuestros sueños y prioridades.

La Supercopa de España, que desde hace pocos años ha pasado a desarrollarse en ese país ejemplo de igualdad y tolerancia, que es Arabia Saudí, democracia singular donde resulta tan fácil y tan sencillo montar una bar gay, como una iglesia católica. El presidente de la Real Federación Española de Futbol Luis Rubiales, argumenta para haber acometido este tan peculiar traslado, motivos como; extender la democracia o desarrollar el papel de la mujer, pero también económicos.

Sí Rubiales lo reconoce, económicos principalmente y ahí es donde caemos en la traición, traicionamos nuestros principios, jugamos una competición española, entre equipos españoles en el extranjero a cambio de un dinero, de vender algo de nuestra alma, jugamos allí donde no se comparte ni nuestra cultura, ni nuestros valores, cuando por ejemplo podíamos jugar esa competición, que disputan los principales equipos de nuestro país, en ciudades de lo que ahora se llama la “España vaciada”.

Ciudades como Zamora, Soria, Orense o Teruel, ciudades españolas donde colaboraríamos a darles visibilidad, mejorar sus infraestructuras, aportarles beneficios en sus economías y sobre todo llevar a esos españoles que viven en regiones menos apoyadas económicamente por el Estado, algo que ellos ya están pagando con sus impuestos. Les llevaríamos la ilusión, la solidaridad entre españoles, el mensaje de que el Real Madrid o el Atlético son más de Cáceres o de Jaén, que de Ryad o de China, donde también acostumbran a jugar, tal vez nuestros equipos serían más pobres pero con toda seguridad más dignos.

Y así con muchos otros campos y servicios, en esta Europa que vendió del alma, su alma forjada en el cristianismo y también en el socialismo y la democracia, la Europa de Rousseau, de San Ignacio de Loyola, de Simone de Beauvoir o de  Bertrand Russell.

Si queremos seguir existiendo como pueblo, como nación, como civilización no podemos seguir como decía otro gran europeo John Lennon “vivir es fácil con los ojos cerrados”. Europa tiene que ser firme en sus principios, aunque estos cuesten “sangre, sudor y lágrimas”, Europa no puede transigir con sátrapas, con dictadores caribeños y reyezuelos árabes, no podemos flexibilizar nuestros valores, no podemos ir allí donde no se respetan los derechos de las mujeres, o del colectivo LGTBI.

Europa que está viviendo sus momentos más oscuros, tiene que permanecer unida, y no doblegarse o venderse en estas cosas, que aunque parezcan pequeñas anécdotas son la semilla de nuestro fracaso.

Pedro Llorente/ PSOE San Sebastián de los Reyes