Cultura y entretenimiento

‘Megalópolis’: Coppola se despide del cine con una película profundamente irregular y tremendamente discutida

Compartir
Su exhibición en el Festival de Cannes hizo que parte del público se levantara de la butaca y le rindiera una ovación de siete minutos. Claro que también se escucharon abucheos, señal inequívoca de que la película va a traer cola. 

No era mi intención entrar en esta edición de Cannes hasta que terminara el festival y hacer un comentario general de lo que ha llamado la atención y algo de Meryl Street y su premio de honor que, a mi entender, ha sido lo más sobresaliente… hasta ahora.

Francis Ford Coppola ha presentado su creación que ha sido tan discutida que no podemos dajar pasar por alto porque, tal vez, no se viva otro caso semejante. Y son muchos los que no han podido evitar comentar algo, cosas, buenas y malas sobre el inclasificable, pero genial, director.

Pero hoy queremos centrarnos en ‘Megalópolis’, una película calificada como “de naturaleza desquiciada y profundamente irregular”.

El filme, que en su primera hora, impenetrable, nos reta y exige comprensión, incluso esperanza, pues mantiene al espectador tan descolocados que, impaciente, abandonará por aburrimiento y hasta por vergüenza, especialmente una carrera de cuádrigas cuyo diseño de producción enrojece o despierta tanta ternura como los cortes de pelo a la romana que exhiben Adam Driver, Jon Voight y hasta Dustin Hoffman.

Tal vez por eso, por su ternura y manumisión, hay confianza en que la lectura actualizada, camp, valiente y hasta divertida, de la tragedia romana en que convierte a un futurista Nueva York, con sus césares, cicerones y catilinas, nos conduzca a un lugar inesperado.

Más allá de la caída del imperio está la resurrección de un nuevo mundo. Eso es ‘Megalópolis’, en forma y en espíritu, la fábula de un declive al que sigue un renacimiento.

Y en ese lugar inesperado el clasicismo de Marco Aurelio y de Shakespeare entra en contacto con el empleo de la triple pantalla, los retratos y diálogos inconcebibles y la desbordada estética de un arquitecto visionario capaz de detener el tiempo como sólo puede hacerlo el cine, retorciéndolo de forma enfermiza.

‘Megalópolis’ se vindica entonces como un salto sin red que aún cree en la fuerza poética del arte cinematográfico para escribir libremente sobre la gigante pantalla en blanco, sin complejos, sin medias tintas, sin rendir cuentas más que a su propio universo. Ese respeto mayúsculo, al menos, merece el testamento de Coppola.

El director de la trilogía de ‘El Padrino, con la que ya aseguró su inmortalidad, se despide del cine con la palabra esperanza en los labios, confiado a pesar de todo en el resurgimiento de una humanidad que aún puede despertar a la utopía de saberse capaz de grandes empresas y profundas transformaciones en su contrato social frente a la decadencia.

Todo era filosofía política en ‘Apocalypse Now’ como todo es filosofía política en ‘Megalópolis’, un enfrentamiento fratricida de pasión y de fe, que por fuerza hace crecer lo sublime en las raíces de lo aparentemente vulgar, demente, caprichoso.

Su indisimulable pretenciosidad acaba encontrando, quizá contra toda expectativa, su propia redención gracias a un trayecto sumamente atípico en el cine de hoy y de siempre: crece de lo vulgar a lo excepcional, del cataclismo a la manifestación del genio.

Sentimos frente a sus imágenes, incluso en los momentos más torpes y descuidados, rematadamente malos incluso, que es un organismo vivo que escapa por completo a nuestro control, puede que a nuestra comprensión.

Probablemente las pantallas de Cannes no habían deslumbrado con un artefacto tan indómito y desequilibrante, tan enfermizamente ambicioso. Puede que la película, que tendrá distribución en salas, nunca conecte con el gran público y sea causa de escarnio y burla para su autor.

Sinopsis

‘Megalópolis’ es una fábula romana ambientada en una América moderna reimaginada. Narra el conflicto entre César Catilina (Adam Driver) y la alcaldesa Franklyn Cicerón (Nathalie Emmanuel), una relación tan divisiva como la propia película. Debutó en el festival de Cannes y llegará a los cines más adelante.