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Abanico: Aire con actitud

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«La corte y el amor son inconcebibles sin la presencia del abanico», estas palabras, atribuidas a Luis XIV, nos conducen a la historia de un objeto que combate el calor con rítmico movimiento de muñeca, pero que también ha sido elemento de comunicación, manifestación artística e incluso arma defensiva, como en el taichi, con pequeñas cuchillas al final de cada lama, impregnadas de veneno.

La palabra abanico deriva del latín, «vannus», utensilio que los romanos usaban para aventar la cascarilla de los granos de cereal y para avivar el fuego, a su vez, vannus está emparentada con «ventus», la palabra latina para el viento.

En la tumba de Tutankhamón se encontraron dos abanicos, ricamente tallados, con plumas de avestruz, eran los «flabellum», que los esclavos usaban para refrescar a los faraones y ahuyentar insectos.

Pero el abanico plegable se lo debemos a los murciélagos y al artesano japonés que, en el siglo VII, observó el mecanismo de cierre de sus alas e imitó las membranas plegables de éstas ; los más antiguos abanicos japoneses se llaman «komori», murciélago.

Aprovechando las rutas comerciales con Oriente, en el siglo XV, los portugueses introducen los abanicos en las cortes europeas.

Catalina de Médici usaba un abanico con un pequeño espejo incrustado, que le permitía controlar su maquillaje y espiar a su espalda.

Isabel de Farnesio, esposa de Felipe V, llegó a reunir una colección de más de 1.600 abanicos, y Madame Stael fundó en Inglaterra una Academia para enseñar su uso, «una dama sin abanico, es como un caballero sin espada».

Porque el abanico se convirtió en un medio de comunicación en los aristrocráticos salones del siglo XVIII, permitiendo decir lo que no se podía pronunciar en la seducción amorosa. Era un sistema dactilológico, asignando las cinco vocales a las yemas de los dedos de la mano izquierda, y el resto de letras sobre las falanges de la parte interna, además existían frases hechas según se colocase. La campiología es la disciplina que estudia este lenguaje.

Pero el abanico también se utilizó de manera más hostil. En 1827 el emir de Argelia golpeó al cónsul de Francia con un abanico, en el marco de una discusión sobre deudas de trigo impagadas por Francia, lo que provocó el inicio de una guerra que culminó con la conquista francesa de Argel en 1830.

Numerosos artistas se han inspirado en el abanico, desde Rubén Darío, con su verso «bajo el ala leve del leve abanico», hasta Oscar Wilde, quien en «El abanico de Lady Windermere», lo convierte en protagonista detonante de enredos.

«Dama con abanico» es el título de retratos realizados por Velázquez, Goya, Sorolla, Zuloaga, Klimt o María Blanchard, en todos ellos el abanico dota al retrato de misterio o costumbrismo.

Su fabricación ha dado lugar a una notable industria, especialmente en España, donde es símbolo de nuestra tradición e identidad cultural. En el siglo XVIII se funda en Valencia la Real Fábrica de Abanicos, que mantuvo su actividad durante más de 20 años, origen de una producción que perdura hoy, el 99% de los abanicos que se fabrican en Europa proceden de Valencia.

¡Feliz verano! y con abanico, no sudes, ¡brilla!.

Rosario Tamayo Lorenzo