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Las pantallas acústicas se llenan de grafitis días después de su instalación

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Las nuevas pantallas anti ruido que el Ministerio de Transportes está instalando en la A-1 a su paso por Alcobendas, La Moraleja y varias urbanizaciones del norte de Madrid ya son visibles en numerosos tramos de la autovía.

Las estructuras avanzan durante las últimas semanas junto a zonas residenciales como el entorno de Club de Campo, Ciudalcampo o Fuente del Fresno, donde el ruido del tráfico lleva años siendo una de las principales reclamaciones vecinales.

Sin embargo, la actuación ya se está encontrando con un problema inesperado. Muchas de las pantallas recién colocadas aparecen llenas de pintadas y grafitis apenas unos días después de su instalación, una situación que empieza a generar preocupación tanto entre vecinos como entre las administraciones responsables del proyecto.

La actuación depende de la Demarcación de Carreteras del Estado y forma parte del Plan de Acción contra el Ruido impulsado por el Ministerio de Transportes. El proyecto cuenta con una inversión cercana a los 10 millones de euros —9,84 millones concretamente— financiados con fondos europeos Next Generation.

Las obras contemplan la instalación de 11 barreras acústicas distribuidas en 34 tramos entre los kilómetros 12,9 y 17,2 de la A-1, tanto en sentido entrada como salida de Madrid. En total, las pantallas suman cerca de cuatro kilómetros y cuentan con alturas variables de entre dos y seis metros dependiendo de las necesidades acústicas de cada zona.

El objetivo de la actuación es reducir el impacto sonoro que soportan miles de viviendas próximas a la autovía, especialmente en urbanizaciones históricamente afectadas por el tráfico constante de la A-1. Las pantallas son metálicas y fonoabsorbentes, diseñadas específicamente para disminuir la contaminación acústica en una de las principales vías de acceso a Madrid.

Ahora, el debate se centra en cómo frenar el vandalismo sobre unas infraestructuras recién estrenadas. Fuentes vinculadas a la actuación reconocen que las pintadas se están convirtiendo en un auténtico quebradero de cabeza y que todavía no existe una solución clara para evitar que las barreras sigan apareciendo cubiertas de grafitis. Entre las opciones que se estudian aparecen limpiezas periódicas, tratamientos antigrafiti o medidas de vigilancia adicionales, aunque por el momento no se ha anunciado ninguna actuación concreta.

Mientras continúan los trabajos en distintos puntos de la A-1, las nuevas pantallas avanzan junto al asfalto entre maquinaria, operarios y también pintadas, dejando una imagen que ya no pasa desapercibida para miles de conductores cada día.