‘La Vida Padre’ una obra que no llega al sobresaliente pero que entretiene

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Ambientada entre unos fogones que remiten tanto a las novelas de Poppy Z. Brite, a ‘Dieta mediterránea’ como a ‘Ratatouille’ (ese crítico gastronómico y su infancia perdida).
BettyGS

‘La vida padre’ es, pues, una obra con sus carencias (la sosa historia de amor, el poco juego de los secundarios), que destaca tanto por su elegante ejecución (ese prólogo) como por las aristas ásperas, casi antipáticas, para bien, que acaban dando forma a una historia tan funcional como coherente.

El mayor hallazgo de esta comedia paternofilial con estrellas Michelín es juntar a Karra Elejalde este grande de la interpretación con una de la revelaciones de los últimos años. Hablamos de Enric Auquer, otro actor todoterreno de nuestro cine capaz de los gestos más sutiles para expresar emociones universales.

Ellos dos, Enric Auquer y Karra Elejalde, aúpan en sus hombros esta feel-good movie sobre un padre cocinero que reaparece treinta años después con un síndrome que le impide reconocer el tiempo vivido y a su hijo. Aunque el guion dé más vueltas de las necesarias para contar este reencuentro y se echen en falta más chistes como los del polo que te hace madrileño o los catalanes que roban recetas, así como un mayor aprovechamiento del universo culinario, es una absoluta delicia ver a estos dos intérpretes derrochando talento en cada plano.

Sinopsis

Mikel es un joven y ambicioso cocinero que recibe la visita de su padre, al que lleva sin ver desde hace 30 años. Con el deseo de reencontrarse con él pero el deber de mantener el restaurante, Mikel hará malabares para compaginar su trabajo con esta nueva visita.