La casa de papel va a terminar, casi, como una “guerra mundial”

Compartir
Lo que acaba de poner en pantalla Netflix son solo los cinco primeros capítulos que recogen a la banda después de 100 horas encerrada en el Banco de España, con Nairobi muerta y Lisboa dentro para sorpresa de todos, El Profesor en poder de Sierra y el Ejército acudiendo a la llamada de socorro.
BettyGS

El arranque apuesta por la acción, pero también por poner al límite a los personajes. A todos. A los que están a un lado de la línea y a los que están al otro. Sin dejar a ninguno libre de errores y oscuridad. En esta temporada, avanza Denver en la ficción, «hay momentos donde todos los personajes tienen algo odiable, es la temporada donde más sótanos se abren».

No hay mucho que se pueda contar sobre esta nueva temporada (o parte) de La casa de papel sin entrar en el terreno de los spoilers, pero Pedro Alonso sí comenta que los primeros «son como una batalla épica, más género bélico». Aunque, apuntaba en otra conversación previa su compañero de reparto Jaime Lorente, «todo lo bélico está sostenido por lo emocional, podríamos decir». Sin que haya, eso sí, «lugar para la risa». Ese rasgo tan característico de su personaje y que tan poco se escucha en este regreso.

Faltando tan poco para el final, se respira cierto ambiente de despedida y adiós a los personajes y a una serie a la que, guste más o menos, hay que reconocerle que ha traspasado fronteras y creado tendencias (léase caretas de Dalí, monos rojos y el Bella Ciao a pleno pulmón).

Cinco capítulos que se completarán con los últimos cinco que podremos ver a partir de diciembre. Una serie, como vemos, que se hace casi de capítulo en capítulo, se improvisa y se reinventa. ¿Cuántos morirán? ¿Quiénes sobrevivirán? Lo que ha quedado claro es que es una auténtica guerra entre “los buenos”(los ladrones y el Profesor) y “los malos” (las fuerzas que tienen que evitar el delito).