El Monopoly de los políticos

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En las guerras de Flandes los Tercios Españoles andaban tan sobrados de material que disparaban sin importarles el derroche de pólvora por causas reales, ya que la reponían inmediatamente a costa de la corona.
Juan Ussía

Desde aquellos tiempos se acuñó la expresión “Disparar con pólvora del Rey”, y con los años, a esta forma de resumir una actuación se acude cuando alguien está gastando dinero sin contemplaciones y sin ser de su propiedad.

En la época que nos ha tocado vivir y de manera exagerada en las últimas décadas, a los Tercios Españoles les ha sucedido nuestra clase política. Me explico. No existe Ayuntamiento, Comunidad Autónoma o forma de Gobierno donde no nos encontremos similitudes al respecto. Por nuestro sistema, a los políticos les hemos dado la potestad de elegir asesores, asesores de asesores y cargos de confianza que ellos deciden sin mayor prestación asignada al contratado, o contratada, que su altruista juicio. El merito o capacidad de estos asesores o cargos de confianza no se evalúa y su número se ha multiplicado por dos mil en la edad moderna.

Un caso significativo lo acabamos de vivir en el Ayuntamiento de Alcobendas, donde el ex líder de Ciudadanos, que quería ser alcalde, pero su partido no quería que lo fuera, ha acabado en Leganés de asesor de un político de ese municipio, colocado a dedo y por decisión majestuosa de los gerifaltes de este partido político. Allí, en Leganés cobrará su muy buen sueldo, pero también en Alcobendas, donde seguirá cobrando la nada despreciable cifra de 900 euros al mes por ir a un pleno mensual. Y todo para que un concejal de Ciudadanos consiga ser alcalde a toda costa y cumplir un acuerdo con el PSOE, su socio de Gobierno en esta localidad. Lo peor es que ni con estas triquiñuelas usando el dinero de los contribuyentes parece que lo consiguen. Pero esto es harina de otro costal, que les prometo explicarles con pelos y señales en próximos capítulos de esta carta mensual.

Volviendo al redil de la casuística de este artículo, otro atributo de las personas de confianza, asesores, o como los quieran llamar, es que da igual de donde procedan. En virtud de esta manera de proceder, nos encontramos a personas de Móstoles en Alcobendas, sin tener ni idea de donde están, de Alcobendas en Tres Cantos, de Tres Cantos en Galapagar, y así un no parar de colocaciones en instituciones y administraciones públicas por el simple hecho de ser o pertenecer a un Partido Político. Son centenares.

En medio de todo este ejercito de colocados nos encontramos de todo. Es evidente. Por haber, hay gente apta, no apta, capaz e incapaz. Entre los atributos de estos leales súbditos sufragados por el contribuyente también esta decir cual papagayo lo que dice su jefe. Y les da igual lo que haga el político de turno. En la política local este tipo de perfiles se reproducen y abundan hasta niveles inexplicables.

La nueva política, o eso que llamaban no lo es tal y si hay una cosa por la que debemos pelear es, no ya reducir la “casta política”, que por supuesto, por acabar con este bochorno de colocados en nuestras administraciones. Actualmente, la imagen que dan muchos políticos y sus partidos, es de agencias de colocación de personas en sus compañías, nuestras administraciones publicaciones, sin control ninguno más que su libre decisión.

Digo yo, igual me equivocó que nosotros los ciudadanos, que somos los que le votamos, deberíamos de tener algún conocimiento de quienes son todos estos que gracias a nuestro voto colocamos en los puestos públicos de las administraciones. Mientras no lo hagamos los partidos políticos siguen jugando con nuestro dinero a su particular “Monopoly”.