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Criptomonedas: FTX, el colapso de un imperio de las negociaciones virtuales y de Sam Bankman-Fried, su CEO

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La bancarrota de FTX llega tras una semana de infarto que comenzó con los rumores sobre la salud financiera de la empresa y su dependencia de otra compañía, Alameda Research, propiedad también de Sam Bankman-Fried.
LMN

El rey del sector, el CEO de Binance, Changpeng Zhao, fue el primero que, en gran parte de forma interesada, afirmó que no se fiaba de las cuentas de FTX y que retiraba su inversión. Horas más tarde, Binance anunció un acuerdo de compra para, horas después, retirarlo ‘in extremis’ tras indagar en los balances de la empresa. La retirada de fondos y el pánico no hizo más que dispararse hasta hoy, día en el que Bankman-Fried no ha tenido más remedio que declarar la bancarrota.

FTX necesitaba cerca de 8.000 millones dólares solo para cubrir solicitudes de retirada. Tal y como advierten los especialistas, la caída puede provocar un «riesgo de liquidez sistémico» que afecte a todo el ecosistema cripto, yendo desde otros ‘exchanges’ a protocolos DeFi. «Los exchanges centralizados que hayan utilizado los fondos de los clientes, estén apalancados o hayan dado préstamos sin colateral están en peligro, pero es imposible saber cuáles son», advierte Guillermo Abellán, fundador de la comunidad financiera DeFi Lab. «Eso sí, las empresas que están ofreciendo altas rentabilidades por depósitos caerán».

Por si esta situación no fuera suficiente, los usuarios de FTX están recibiendo mensajes y correos electrónicos alertando que la plataforma ha sido hackeada y que se están esfumando los fondos que se encontraban bloqueados. Se habla de millones de dólares que han salido de las cuentas que en teoría deberían estar congeladas. Ya se está avisando a los usuarios que no entren en la plataforma ni en la aplicación para móviles para no ser infectados por un troyano o algún malware.

Todo esto provoca un miedo a una ola de consecuencias imprevisibles. BlockFi, a quien FTX rescató con un préstamo, ha congelado la retirada de fondos. En el mercado de criptodivisas, la caída también se ha notado: Bitcoin, que lleva meses moviéndose en una horquilla de precios de entre los 19.000 y los 21.000 dólares ha llegado a caer por debajo de los 16.000 en los últimos días, caso similar al de Ethereum, segunda criptomoneda de mayor valor que de los casi 1.700 dólares se encuentra ahora mismo en los 1.200.

No son pocos los deportistas que habían invertido parte de su dinero en la plataforma FTX. Jugadores como Curry, Tom Brady o Gisele Bündchen victimas de la debacle de este exchange, aunque no son los únicos: hemos visto a FTX patrocinar vehículos de la Fórmula 1 y equipos de la NBA como los Golden State Warriors habian llegado a un acuerdo para lanzar NFT oficiales del equipo. Incluso el pabellón de los Miami Heat llevaba el nombre FTX Arena.

Sam Bankman-Fried el fundador que perdió su fortuna

Hasta hace unos días, Sam Bankman-Fried era el mayor multimillonario joven de las criptomonedas y un icono del sector. Una semana fatídica ha llevado a la quiebra de su empresa, FTX, y se ha llevado por delante su patrimonio

Lo siente mucho, se ha equivocado, pero ahora nadie sabe si volverá a ocurrir. Es el resumen de lo que ha pasado con Sam Bankman-Fried, uno de los mayores capos de las criptomonedas. Nunca creyó en el sector que le ha acabado devorando y, pese a ello, se convirtió en el multimillonario más joven en él. Su ascenso fue repentino, como lo suele ser todo en estos mercados, pero su caída lo ha sido aún más. Hace una semana, nadie pensaba que FTX iba a ser poco más que chatarra financiera, ni tampoco que el empresario, de 30 años, iba a ver cómo su patrimonio pasaba de los 16.000 millones de dólares a cero.

Cuando el bitcoin alcanzó su máximo, hace justo un año, Bankman-Fried llegó a acumular 26.000 millones de dólares. Pese a que el mercado de criptomonedas ha perdido casi tres cuartas partes de su capitalización en los últimos doce meses, SBF —como se le suele llamar en el mundillo— seguía teniendo 16.000 millones a principios de semana.

Tenía tanto dinero que incluso llegó a contactar con Elon Musk hace unas semanas para invertir 5.000 millones en la compra de Twitter. Ahora, en el momento de escribir estas líneas, cada centavo de su fortuna se ha evaporado, de acuerdo con los cálculos del índice de multimillonarios de Bloomberg, que ha definido su descalabro como «una de las mayores destrucciones de riqueza de la historia».

Tras la crisis del sector a principios de verano, el entonces multimillonario decidió ponerse el traje de socorrista y comenzar a rescatar empresas del sector en problemas, como Voyager Digital o BlockFi. Era una forma de mantener su propio imperio, pero, según algunos analistas, también fue lo que le expuso a demasiado riesgo. En cambio, él siempre negó la mayor. «Tenemos varios miles de millones de dólares en nuestro balance ahora mismo. Somos rentables. Tenemos una posición fuerte desde el punto de vista financiero», aseguró  en jluio de este año.

Ahora ya se da por sentada una fuerte ola regulatoria del sector a nivel mundial, algo que ya está especialmente avanzado en la Unión Europea, donde se espera que el próximo febrero se apruebe la nueva ley, bautizada como MiCa. «Tenemos que ser muy cuidadosos en este sentido, porque si bien es cierto que la regulación es necesaria en algún nivel, no queremos que las reacciones viscerales produzcan una legislación insostenible«, comenta Bradley, que también afea que «mientras FTX y SBF cometían una de las gestiones financieras más atroces en mucho tiempo, mantenían una relación amistosa con las autoridades«, algo que «daría para una conversación más amplia sobre el poder del lobby financiero».

Mientras tanto, el precio de bitcoin y el resto de criptomonedas ha encadenado una serie de fuertes vaivenes a lo largo de la semana, marcando un nuevo suelo en los 15.600 dólares. En total, estos mercados han perdido tres cuartas partes de su valor en los últimos 12 meses y ya han dejado varios cadáveres en el camino. El más grande ha sido el de FTX, pero ahora muchos se preguntan si no puede haber un efecto dominó.