¿Tertulianos o políticos?

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La tertulia en la radio y en la televisión existe desde hace varios años, pero en los últimos tiempos han aumentado en intensidad, sobre todo en televisión.
Manuel Vega
Manuel Vega

En la radio encontramos una desventaja insuperable: no ponemos cara a los tertulianos. Y tiene una ventaja: hay voces que enamoran. Lo malo es que, muchas veces, el desengaño es tremendo cuando nos encontramos con una foto de ese periodista que nos sedujo.

La televisión, naturalmente, nos ahorra ese trabajo imaginativo, pero, una vez ves y oyes, comienzan las preguntas que se hace uno a si mismo sobre tal o cual. Si tiene marido o esposa, donde vivirá, qué problemas tiene, familiares o de otra especie… Pero no voy por ahí en este artículo, aunque podría seguir enrollándome.

El tema que quiero comentar se refiere al contenido de las tertulias. Todas las cadenas de televisión generalista tienen sus tertulias, y lo digo en plural porque algunas tienen más de una. Y todas tienen un denominador común: se toque el tema que se toque, el tertuliano siempre tiene la virtud de saberlo todo. Pero lo más divertido es ver como se enzarzan unos con  otros tratando de imponer su criterio.

He estado observando durante unos días tertulias en las diferentes cadenas. En todas existe una división, seguramente por eso de la pluralidad, que, al final, queda reducida a dos: derechas e izquierdas. Unos atacan todo lo que venga del Gobierno de turno o de los mandatarios de cualquier lugar y otros lo defienden. Los únicos que deberían ser neutrales son los presentadores o moderadores del espacio. Pero tampoco lo son. A todos se les ve de que pie cojean. Compruébenlo.

Es cierto que nadie es objetivo. Unos tiramos para un lado y otros para otro y aplaudimos a aquel con el que estamos de acuerdo y los tertulianos nos lo ponen fácil.

Cuando el periodismo era una profesión menor, que se estudiaba en una Escuela y no en una Facultad, los profesionales que habían decidido dedicarse a esto, lo hacían más por vocación que ahora. No estaban bien pagados y había pocos medios de comunicación en donde desarrollar sus aptitudes. Ahora la Facultad de Ciencias de la Comunicación, como pomposamente se llama, es un auténtico hormiguero.

La televisión ha elevado la cota de la profesión a cotas poco imaginadas antes. Pero no todos han estudiado la carrera. Hay algunos, bastantes, que se llaman a sí mismos “comunicadores”. Pero sigamos con los tertulianos.

Han sabido crear una profesión dentro de la profesión. Porque todos cobran por sentarse en una mesa a contar lo que buenamente se les ocurra. Pero eso sí, tienen que crear polémica y el que no lo haga tiene poco recorrido. Y si insultan o menosprecian a los que están en la parte contraria de la mesa, pues mejor.

Lo curioso de todo esto es que tienen soluciones para todos los problemas de nuestro país (por no excedernos y hablar del extranjero, que también lo hacen sin pudor) y arremeten sin piedad contra aquellos políticos que no están haciendo lo que ellos dicen que debería hacerse.

Y esto me lleva a una conclusión: ¿para qué queremos políticos si en las tertulias tenemos las soluciones a todos nuestros problemas?