Cultura y entretenimiento

‘Sobre la losa’: otra vuelta de tuerca de Fred Vargas, reina de la novela negra europea

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La escritora francesa recupera a su excéntrico comisario Adamsberg y demuestra una vez más que es una magnífica novelista contemporánea.
Manuel Vega

Dicen de Fred Vargas (París, 1957), seudónimo de Frédérique Audoin-Rouzeau, que es la “Reina de la novela negra europea”, pero es mucho más que una de las mejores autoras del género policiaco. Sus seguidores se cuentan por millones, está traducida a cuarenta lenguas y además de numerosos premios de novela negra, la francesa recibió el Premio Princesa de Asturias en 2018.

Sobre la losa’ es un verdadero acontecimiento para los fieles de Vargas porque después de seis años la escritora vuelve a poner en escena a su extravagante, caótico y genial comisario parisino, Jean-Baptiste Adamsberg. La creación de este personaje, que va más allá de los patrones de la novela policiaca, es la baza de Fred Vargas para, sin dejar de brindar ficción detectivesca de calidad, ofrecer, con cierta ironía, una representación de las sociedades modernas, sus manías, y, naturalmente, sus psicopatías asesinas.

El comisario Adamsberg no es un estereotipo de los policías del género, sino un “tipo” único, y muy singular, por cierto. Desde la primera novela cuyo protagonista fue Adamsberg, ‘El hombre de los círculos azules’, hasta la publicada en 2017, el comisario parisino viene mostrando un modo insólito de descubrir los crímenes; su instinto podría conllevar una lucidez casi mágica y, por tanto, inverosímil, pero no se engañen con el pintoresquismo de Adamsberg, al final sus deducciones atípicas acaban por convencer a sus detractores dentro del cuerpo de policía. Muchas veces se salta las limitaciones que le imponen sus superiores, y siempre los finales son certeros, aunque en el desarrollo de la intriga el comisario transmita la impresión de ir por meandros y a ciegas.

En esta nueva entrega, Jean-Baptiste Adamsberg, el comisario de la Brigada Criminal del distrito 13 de París, se desplaza a Bretaña, con parte de su eficaz equipo, para ayudar a su colega de Rennes, Franck Matthieu. Con su soterrado humor, la autora nos introduce en una novela con tintes góticos, en la que el escritor François-René de Chateaubriand, que pasó su infancia en el castillo de Combourg, proyecta su sombra en la historia que tiene lugar en un pequeño pueblo cercano. También hay un conde fantasma, un espectro llamado “el Cojo” que golpea con su pata de palo las callejas de piedra del pequeño pueblo de ficción, de nombre Louviec. Es en esta población de apenas 1.200 habitantes donde un descendiente de Chateaubriand, idéntico físicamente a su lejano familiar, puede ser acusado de unos misteriosos asesinatos en serie. Entre fantasmas y personajes estrafalarios, Adamsberg se enfrentará a no pocas pistas falsas y desvíos aparentemente incoherentes de la historia.

El público puede marearse con las revueltas de la trama, pero lo que no puede es soltar el libro. A través de diálogos llenos de talento, pistas desconcertantes, como las simples picaduras de pulgas, personajes locales llenos de color, y casi todos ellos posibles sospechosos, con un Josselin de Chateaubriand que va por el pueblo con rizos, foulard blanco y levita, como su antepasado, Fred Vargas vuelve a deslumbrar con el atrevimiento que rebosa cada página. En sus recorridos por Bretaña, el comisario parisino ha descubierto que sus excéntricas intuiciones brotan fluidamente si se aparta en la soledad de un dolmen de la zona.

Algún crítico cree que el comisario Adamsberg está cansado, pero no tenemos esa impresión. Cada nuevo iniciado, incluso los que no sean aficionados a las novelas policiacas, descubrirá a uno de los héroes más fascinantes del mundo detectivesco.