La Senda Verde

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La senda de la Nacional I que comienza a las puertas de la Avenida de la Transición de Alcobendas y se pone fin en la calle de la Ermita de la localidad, tiene su origen y su cuna en  lo que en una época era el Monte de la Moraleja.

Patriotas como Pedro Serrano, dieron el 11 de Julio de 1808 la primera emboscada de la zona a las tropas del emperador Napoleón Bonaparte o el lugar hacía de guarida por 1810 del bandolero el “Tuerto del Clavel” o avanzadas las guerras carlistas pretendientes de Carlos VII al trono de España merodearon en partida guerrillera por sus contornos.

En abril del 2019 presenté en el pleno municipal, como portavoz,  la moción, también apoyada por Los Verdes de la Comunidad de Madrid, de la subsanación medioambiental de ese camino de maleza y de pinos mansos más propios de la costa mediterránea y de lavarse con la  brisa marítima  o que se sienten más cómodos en áreas de la Bética y la  Lusitania y cercanos a las oratorias de Marco Anneo Séneca que a la vecindad con la sierra tramontana de Madrid.

Tras la nueva plantación de ya casi 800 árboles y un ajardinamiento institucional, lo silvestre se niega a perder ubicación. El chaparro peninsular, la encina, surge de la tierra animada, ayudados a nacer por  la Asociación ecologista ARBA, que diseminó como estiletes bellotas. Por la vereda te abrazan las pupilas con la retama blanca o el tomillo salsero y a la vez con alguna jara pringosa.  Tonalidades de la margarita común,  la lechuguilla dulce o la más extensa que amarillean el sendero como la flor de los linsones, del sonchus oleraceu o  florecillas de malva, intercaladas con verdolaga un antioxidante que se arrastra en el suelo y a veces finaliza en una tortilla o el junco espinoso  en la soledad de una mata.  Y mientras, el chopo, el ciruelo de pissard  y el olmo son los versos leñosos principales del paisaje.

Por la vía verde vuelan el marrón opaco del gorrión, el lóbrego mirlo común, el nublado de la paloma bravía o la blanquinegra  Urraca.  Por el sedimento saltea el conejo común, que no podía faltar por eso el poeta Catulo a nuestro país se refería con el nombre de conejera.  Este viaje es para hacerlo de  runner,  paseando en el ínterin que el sol se sepulta en la luna,  besando al atardecer lánguido de luz azul en uno de los bancos que la senda genera o dando pasos con un perro que advierta el olor a campo  relente en su trufa. A partir de estas líneas os invito a vagar, a andar por esta demarcación aproximándonos un poco a los bosques y al existir de ellos y su alegría de hoja.

Desde Podemos conseguimos una partida en los presupuestos para ensanchar este espacio verde envioletado, blanqueado de pétalos y nubes.

Eduardo Andradas

Portavoz de Podemos en el Ayuntamiento de Alcobendas