Familias 5.0

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El tristemente desaparecido David Gistau decía algo así como: “ En los tiempos que corren, ser una familia normal es un rotundo éxito”. Esta frase que leí en un artículo suyo, personalmente me cambió la vida. 
Diego Barbó

Me quitó un peso de encima, siempre pensando en que si el colegio debe ser este u otro, que si la actividad extraescolar esta o aquella, que si la alimentación correcta….cuando en realidad lo que nuestros hijos quieren es pasar tiempo con nosotros, compartir experiencias , disfrutar, estar alegres y reír. Reír mucho.

Después de  dos  veranos y dos comienzos de Septiembre marcados por la singularidad de la situación sanitaria mundial, es buen momento para sacar conclusiones y establecer metodologías familiares que nos sirvan para tener una vida mejor y para que nuestros hijos aprendan y se eduquen gracias a nuestro ejemplo y no sólo gracias a nuestros consejos. El ejemplo es el mejor maestro.

Ante la intensidad exponencial y las restricciones  a la que nos hemos visto sometidos durante el confinamiento, cada vez es más complicado dar ejemplo sin perder los nervios, víctimas del stress o de la ansiedad. Además, como comentaba en artículos anteriores,  nuestros hijos ya no están preparados mentalmente para sermones. Es casi mejor, transmitirles en menos de un minuto, tres conceptos fundamentales  que una charla de media hora. No te van a escuchar. Sus cerebros están diseñados para tiktoks de 15 segundos, diferentes, frescos y divertidos. Y si no les gusta en los primeros 2 segundos, cambian. ¿De verdad creemos que nosotros vamos a poder competir contra las multinacionales del entretenimiento?

En nuestra casa hemos simplificado y sintetizado el mensaje. Las reglas del juego son: No gritar, no pegar, no insultar. Nos percatamos de que el grito era el comienzo de la espiral. Gritar es perder el control. Seguramente usted no grite al camarero cuando le trae el café frío, o no grite a su compañera de trabajo a la mínima pero, ¿Por qué le gritamos a nuestros hijos ? Cuando uno grita, no puede dialogar. Si no dialoga, no puede solucionar el problema. Si no soluciona el problema, viene el conflicto. Y después del conflicto, el trauma.

Tengo la suerte de estar rodeado de grandes amigos que al ser padres nos hemos dado cuenta (a base de trompazos la mayoría de las veces ) de la responsabilidad que supone tener hijos.  Digamos que esa responsabilidad es un eje común a lo largo de generaciones. Puedo estar de acuerdo en eso.  En lo que discrepo es en el nivel de responsabilidad. Nuestros padres no tuvieron que lidiar con el sexting, el ciberbullying y el grooming. Sin embargo son situaciones que se nos pueden presentar en cualquier momento.

Los cambios y las transformaciones globales ya están aquí. La disrupción está siendo más agresiva de lo esperado y  sus consecuencias son cada vez más visibles. Solo los padres y las madres que estén muy pendientes de sus hijos (sin sobreproteger y respetando su desarrollo) captarán las verdaderas necesidades en todos los niveles y serán capaces de conservar su amor, su confianza y su respeto. Esto sólo se consigue pasando tiempo de calidad con ellos. Aunque a veces esto nos cueste mucho, me remito a la frase de la película Hook (El Capitán Garfio, la cual volví a ver con mis hijas, gracias a los consejos de dos buenos amigos y os recomiendo encarecidamente) y dice lo siguiente:

“Tus hijos te aman. Quieren jugar contigo.  ¿Cuánto crees que dura eso? “

Seamos familias 5.0, por encima de nuevas tecnologías, de transformaciones globales, de cualquier incertidumbre y de lo que esté por venir.

Diego Barbó Menéndez
Ingeniero Industrial,  profesor  y fundador del Método Kubox.

www.aulakubox.com