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Euforia, de Carlos Marzal

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Vuelve Carlos Marzal, vuelve la fiesta. Porque Euforia, su nuevo poemario que acaba de publicar Tusquets, es todo un himno a la alegría. Una fiesta. Un antídoto.
Pedro Robledo

Pero no se trata de poemas sobre lo maravillosa que es la vida, en plan instagram. Euforia es un canto a la vida desde la experiencia, desde la sabiduría que dan los sesenta años.

No es un canto inocente. Es una elección. Un tomar parte. Sí, la vida es lo que es, pero somos libres para elegir. Podemos militar en la tristeza o en la alegría. Como el poema Artroplastia de cadera, en el que cuenta que su tío, a los 96 años, se rompe la cadera por segunda vez. Sus últimas noches se puso a cantar La Traviata.

“Esa fue su receta: / el buen humor / de estirpe teatral, la mejor prótesis / con la que caminar sobre este mundo. 

Es la única artroplastia de cadera: brindar sin un porqué toda la vida, / desafinar riendo hasta la muerte”.

Todo el poemario está urdido con la materia simple y costumbrista de la que están hechos los días. Sí, es poesía de la experiencia. Pero también es un manifiesto, un manual de instrucciones para la vida. Con versos exuberantes, llenos de belleza, luz y sabiduría: “Nadie se preguntaba por la felicidad: en eso consistía ser su dueño”.

Sí. Euforia está cargado de alegría, de pasión por la vida, de rechazo a quedarse enfangado en el barro de la realidad existencial. Pero el poeta no es ingenuo. No es ciego. No es joven. Tiene cicatrices y verdad. Conocimiento y experiencia vital. Nos lo enseña en poemas como Ciertas noches de agosto:

“En no poder dormir hay un resumen / terrenal del infierno, un anticipo / de no sabemos qué, / pero que arde.

En no poder borrar, durante el sueño, / nuestra idea del mundo hay una forma / de inmediata torutura. / Resistimos / la vida siempre y cuando / la perdamos de vista cada noche.

Rezuma el universo este sudor culpable.

Imagino la bóveda del cielo / como una catedral en que los hombres / son infinitas velas encendidas: / una inútil ofrenda para nadie. / Agosto se consume en mi conciencia, / con esta combustión involuntaria”.

Carlos Marzal tiene el Premio de la crítica de poesía castellana (2001), el Premio nacional de poesía (2002), el Premio de poesía Antonio Machado (2003) y el XVI Premio internacional de poesía Fundación Loewe (2004) ¿Qué nuevos galardones le traerá este maravilloso Euforia? De salida, esperemos que el reconocimiento de la nueva generación de lectores. De los más jóvenes. Esos que tienen que lidiar con una tasa de desempleo juvenil del treinta por ciento y un mercado inmobiliario inaccesible, tanto en régimen de venta como de alquiler.

Quizá Euforia sea el antídoto contra el áspero mundo. Quizá Marzal pueda ayudar a esa generación, como el médico de combate se infiltra con su botiquín en las trincheras, e intenta dar una segunda oportunidad a aquellos malheridos de realidad. Holden Caulfield vigilando el precipicio.

Terminemos dando voz al poeta y su canto. Concretamente, a estos últimos versos con los que termina el fabuloso poema De todo corazón:

“Ya no quiero pasar por razonable: / aquí sólo cantamos a la euforia. / De todo corazón, sin prisioneros. / Hay que hacerse matar. / Esa es la gloria”.

www.pedrorobledo.com