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El “turismo de basuras” abre el debate sobre los cubos en La Moraleja y El Soto

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Las entidades de conservación plantean que los contenedores de las comunidades permanezcan dentro de las urbanizaciones y únicamente salgan a la vía pública para su recogida. El uso de cubos ajenos, un asunto recurrente en las juntas de distrito, se une ahora al creciente volumen de cartón generado por las compras por Internet.

El denominado “turismo de basuras” se ha convertido en un nuevo motivo de debate en La Moraleja y El Soto. Con esta expresión se define una práctica de la que se quejan algunos residentes: vecinos que depositan sus residuos en los cubos pertenecientes a otras comunidades o urbanizaciones en lugar de utilizar los que les corresponden.

La situación ha sido puesta sobre la mesa tanto por la Entidad de Conservación de El Soto de La Moraleja como por la Entidad de Conservación de La Moraleja, que comparten una preocupación similar. Los cubos de determinadas comunidades permanecen en las aceras y espacios públicos y terminan siendo utilizados por personas ajenas a las viviendas a las que pertenecen, con el consiguiente problema cuando llegan a llenarse.

Una de las alternativas que se está planteando pasa por cambiar este sistema. Los contenedores permanecerían dentro de las urbanizaciones y se sacarían a la calle únicamente cuando corresponda la recogida, evitando así que puedan ser utilizados durante el resto del día por otros residentes.

El debate sobre los cubos y los residuos, sin embargo, no comienza ahora ni se limita a las reclamaciones de las dos entidades de conservación. Se trata de uno de los asuntos que aparece de manera recurrente en las juntas municipales de distrito de Alcobendas, reuniones abiertas a los vecinos que se celebran cada dos meses en las sedes de las concejalías.

En el caso del Distrito Urbanizaciones, la concejalía responsable de zonas como La Moraleja y El Soto, las cuestiones relacionadas con la ubicación de los cubos, la recogida de residuos, el depósito de basura y la utilización de contenedores que corresponden a otras comunidades aparecen habitualmente entre las preocupaciones planteadas por los residentes.

El término “turismo de basuras” pone ahora un nombre llamativo a una situación que lleva tiempo formando parte de esas conversaciones vecinales y que vuelve a abrir la discusión sobre hasta qué punto los contenedores de comunidades privadas deben permanecer de manera permanente ocupando espacio en las aceras públicas.

A este problema se suma un fenómeno que ha cambiado los residuos que generan los hogares: el enorme crecimiento de las compras por Internet y, con ellas, de las cajas y embalajes que terminan cada día en los contenedores de papel y cartón.

Plataformas como Amazon⁠, Temu⁠ o Shein⁠ forman parte de los hábitos de compra de numerosos hogares. Cada pedido lleva aparejado un embalaje que posteriormente hay que retirar y que, especialmente cuando las cajas no se pliegan, puede ocupar rápidamente buena parte de la capacidad de un contenedor.

Esta particular “fiebre del cartón” añade presión al sistema y hace más visibles los problemas cuando los recipientes de una comunidad son utilizados también para depositar residuos procedentes de otras viviendas.

La solución que se está planteando supondría modificar una imagen habitual en algunas calles de La Moraleja y El Soto. En lugar de permanecer continuamente en las aceras, cada comunidad mantendría sus cubos dentro de su recinto y tendría que sacarlos coincidiendo con el servicio de recogida para volver a introducirlos posteriormente.

La fórmula limitaría el uso de los recipientes por personas ajenas a cada comunidad y permitiría liberar parte del espacio que actualmente ocupan en las aceras. Como contrapartida, obligaría a las urbanizaciones a organizar la salida y entrada de los contenedores de acuerdo con los horarios de recogida.

El debate, por tanto, va más allá de quién deposita una bolsa en un cubo que no le corresponde. El denominado “turismo de basuras”, el crecimiento del cartón procedente de las compras online y las reclamaciones que periódicamente llegan a las juntas de distrito han vuelto a poner sobre la mesa cómo deben gestionarse los contenedores de las urbanizaciones y si deben continuar permanentemente en el espacio público.