El relato

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El relato era en nuestra niñez un cuento, una historia corta. Había relatos de terror, de amor, de amistad… Podían ser reales o de ficción. Algunos iban firmados pero otros formaban parte de la cultura o las tradiciones.

Hoy, la propia RAE lo define – en su tercera acepción – como la “reconstrucción discursiva de ciertos acontecimientos interpretados en favor de una ideología o de un movimiento político”. Y añado que también existe el relato empresarial. Si es un cuento o no, eso ya depende de la organización que lo firma.

Acabo de colgar el teléfono con alguien que me ha dicho “hoy el relato vale más que el dato”. Y es verdad. Lo ha sido siempre pero en este mundo de metaversos, mega datos e inteligencias artificiales, lo que cuenta una empresa, su relato sencillo, veraz y comprensible, impacta mucho más. No el relato sino sus cualidades: sencillo, veraz y comprensible.

Lo cierto es que siempre ha sido así. ¿Qué va a decir una comunicadora como yo que siente pasión por el poder de la comunicación? ¡Ojo! No por cualquier poder sino por su enorme poder transformador que, además, ha evolucionado en los últimos años y se ha multiplicado en tiempos de pandemias y crisis varias.

Antes en las empresas o en los gobiernos, primero se hacía y luego se contaba. Pero ante la sobrecarga de información a la que estamos expuestos en este mundo que mi compañera Lorena me recuerda se llama “infoxicado”, cuenta también quien relata antes y quién construye un relato diferenciador. Dicho esto, se impone igualmente la necesidad de cumplir con el relato.

Ahora se dice y luego se hace. Es lo que los amantes de los anglicismos llaman “storydoing” y que yo llamo “en comunicación contando, y la empresa con el mazo dando”. La ecuación “lo cuento y lo hago” es tan válida como la de “lo hago y lo cuento”. De hecho la facilidad del consumidor para dar pública o privadamente su opinión sobre cada cosa que se hace está permitiendo corregir las cosas hechas para luego contarlas de nuevo. Si al relato le sigue la acción o el cambio inmediato, bienvenido sea el poder de la comunicación.

Un ejemplo claro: hoy una empresa sin propósito corporativo definido no está “in”. Es lógico; todo evoluciona y de aquellas “Misión – Visión – Valores” que todos tenemos en la web y en carteles en la oficina, se ha evolucionado al propósito. Así que el departamento de comunicación define el propósito (de forma participada es ideal pero no siempre posible); lo cuenta y la empresa lo aplica. O se aplica y comunicación lo cuenta. Lo mismo da siempre que no se quede en mero relato.

En la vida personal pasa lo mismo. Cada uno tenemos el relato de quiénes somos (o deberíamos tenerlo), tanto para la vida personal como para la profesional. Y en el diseño de ese relato recogeremos quién y cómo queremos ser; y nos ayudará a impulsar ser quiénes y cómo queremos ser. ¿No es eso “storydoing”? Lo que hace falta es dedicarle un poco de tiempo a construir ese relato y a revisarlo de vez en cuando. No hay nada mejor para ser coherentes en nuestro trabajo y en nuestras vidas.

En estos tiempos tan inciertos, nos falta un relato de esperanza al que se sumen con seriedad personas, gobernantes y empresarios. Un relato poderoso que luego nos lleve a determinar acciones de calado de abajo hacia arriba para crear nuevas oportunidades, para cambiar lo que es mejorable y afianzar los valores éticos que nunca deben abandonarnos; esos que compartimos una enorme mayoría que, de verdad que no se por qué, tienen un relato maravilloso que no acaba de escucharse.

TAMBAB