Ramón Mendoza, seductor, ambicioso y visionario, del cero al infinito

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Marcó unos años difíciles de olvidar en el Real Madrid ocupando una presidencia que le costó mucho conseguir. No consiguió la séptima Copa de Europa que persiguió con todo lo que pudo y a él se juntó la “Quinta del Buitre”, una hornada del Castilla que nunca se ha vuelto a repetir. Hoy hace 20 años que falleció cuando estaba de vacaciones en el Caribe.

BettyGS

Pero si algo fue paralelo a sus años en el fútbol fueron sus apariciones en el “prensa rosa”, siempre apuntando a lo más alto de la sociedad. Fue capaz, en su madurez, de conquistar a las esposas de un marqués y un duque. 

La primera fue Jeannine Girod, ex de Carlos Falcó, marqués de Griñon y la otra fue Naty Abascal cuando todavía estaba casada con Rafael Medina, el duque de Feria.

El diario El Mundo, en una especie de memoria no autorizada de Medina, publicó un detalle importante de aquellos tiempos: “Él y su esposa Naty pasaron unos días de verano en un yate propiedad de Mendoza, junto a otros amigos como Jesús Polanco y su mujer. Una noche, Medina escuchó una discusión entre Mendoza y su compañera Jeannine Girod. Poco tiempo después de aquellos días de recreo marítimo, alguien relató al duque que Naty y Mendoza habían sido vistos juntos en la Plaza Roja de Moscú, y él ató cabos”.

El tema con Naty Abascal duró un año y pico y Ramón volvió junto a Jeannine Girod que ya se lo esperaba, pero que tuvo la suficiente paciencia. Al final la vida de él terminó a su lado en unas vacaciones en las Bahamas.

De Chamberí a Moscú

Ramón Mendoza Fontenla nació en el barrio de Chamberí en abril de 1927, hijo de un administrativo murciano empleado en unos laboratorios farmacéuticos, y de una joven gallega de 18 años, Benigna, que falleció cuatro días después del parto.

Cursó Derecho con la aspiración de convertirse en diplomático. Quizá la afición más desarrollada en Ramón sería la del fútbol. En una de sus primeras visitas a un estadio se convirtió en hincha del Madrid.

Se convirtió en asiduo del campo de Chamartín, donde llegaba en el tranvía número 7 de la ciudad. Vivía los partidos del Madrid desde fuera, en lo alto de un pequeño monte conocido como ‘Tendido de los Sastres’ desde el que se oteaba parte del terreno de juego. En 1942, y después de entusiasmarse en un encuentro homenaje a Jacinto Quincoces que, esta vez sí, vio dentro de un estadio a reventar, Mendoza le pidió a su padre que le hiciera socio del club de sus amores y lo consiguió.

Los primeros años del licenciado Mendoza transcurren en París. Allí, aunque pretende preparar oposiciones para diplomático, se zambulle en el mundo de la hípica. Envía crónicas de carreras de caballos al diario ‘Marca’. Y se hizo tan buen especialista de los caballos que, años más tarde, creó su propia cuadra que tendría grandes éxitos en los hipódromos españoles.

Asentado de nuevo en Madrid trabajó en el Banco Exterior y allí profundizó en su amistad con Nemesio Fernández-Cuesta, al que conocía de la facultad. Pero Mendoza abandonó ese empleo para iniciar actividades comerciales por Europa (exportaba naranjas), África (compresas) y España (percebes de Galicia, donde le gustaba viajar personalmente). 

En los años 60, se va a adentrar en una vía hasta entonces casi tabú en España: la de la Unión Soviética. El Gobierno de Franco sólo autorizaba a comerciar con la URSS cuando había excedentes comerciales y después de someter la operación a concursos oficiales.

Mendoza, que había heredado de su madre una pequeña empresa de temas agrícolas, Prodag, se presentó a uno de ellos con unos precios muy bajos. El primer ensayo soviético no fue nada lucrativo, pero le sirvió para darse a conocer. Comenzó a vender cítricos, arroz, vino o zapatos. En no mucho tiempo, los rusos conocían a Mendoza.

En mayo de 1971, su relación soviética le va a proporcionar un primer empujón hacia la popularidad. Franco se había negado a que la URSS y sus símbolos visitaran España en 1960 (entonces, España llegó a proponer un partido en Moscú y otro en campo neutral para aquellos cuartos de final de la Eurocopa, pero la UEFA desestimó la idea y la selección quedó eliminada sin jugar).

Esta vez, el sorteo quiere que los dos países queden encuadrados, junto a Chipre e Irlanda del Norte, en el mismo grupo de clasificación para la Euro del 72. El régimen opta por una posición más aperturista, y en medio de una gran expectación, la selección va a cruzar el telón de acero. Mendoza, que fue como Relaciones Públicas, invita a comer a los periodistas, encantados con su trato.

En la retransmisión en directo por el único canal televisivo del país desde el estadio Lenin, el 30 de mayo del, Matías Prats cita su nombre y le da las gracias. Ahí comienza su popularidad.

Objetivo: el Real Madrid

Mendoza tenía en mente entrar en la directiva del Real Madrid. La oportunidad llegaría a través de la hípica. Mendoza, que, como decimos, poseía una de las cuadras más importantes, conoció en el hipódromo de la Zarzuela al hijo del entonces directivo Luis de Carlos, José Manuel. A través de él se propició el (segundo) encuentro con Bernabéu. Mendoza entonó un discurso que hablaba de modernizar el club y se ofreció para ser vicepresidente. El curtido don Santiago no alteró el gesto y le dio un minuto para aceptar entrar en la junta… como vocal. La cita terminó con un descolocado Mendoza como el directivo más joven del club. Era enero de 1977, y le faltaban unos meses para cumplir los 50.

Pero aquello no funcionó. Varios directivos identificaban a Mendoza como un arribista que pretendía la presidencia, mientras él se encontraba relegado a la organización de los actos del 75º aniversario del club y presentó su dimisión. La leyenda cuenta que Bernabéu, disgustado por lo que se lio con esta dimisión, les pidió a algunos directivos que no dejaran nunca a Mendoza ser presidente del Madrid.

Pasan los años y Ramón tiene un lío gordo con la revista “Cambio 16” que le acusa, más o menos, de ser agente de la KGB. Se cruzan querellas mutuas, pero logran llegar a un acuerdo cuando la revista rectifica

Y llega la presidencia

Antes de conseguir la presidencia del club, Mendoza obtendrá la de la Sociedad de Fomento y Cría caballar, en 1983. Dos años después, en 1985, el Madrid no atraviesa buenos momentos deportivos, De Carlos se inclina por no presentarse a la reelección, y Mendoza está más que postulado.

Aquel añoMendoza queda como único candidato y es elegido presidente en abril de ese año. Permitirá que sea de Carlos el que levante la primera Copa de la UEFA de la historia del club.

El equipo lo encabeza una joven generación de futbolistas llegados de la cantera, que han ido debutando con Di Stéfano y Amancio en el banquillo, y a los que, gracias a un artículo de Julio César Iglesias en ‘El País’, se conoce como ‘la quinta del Buitre’: Butragueño, Míchel, Sanchís, Martín Vázquez y Pardeza. La conexión con el nuevo presidente será casi instantánea, y el Real Madrid de los años venideros será muy distinto al del ‘ancien régime’ blanco.

“Mis dos grandes méritos fueron acometer la remodelación del Bernabéu y retener a la ‘quinta del Buitre. Me encontré con que se podían irLes hice ricos, sí, pero en Italia habrían ganado el doble, comentó años después Mendoza. Y efectivamente, “la quinta del Buitre” recibió ofertas cada vez más elevadas. Sólo Martín Vazquez, empujado por su padre, no bien visto en el Bernabéu, se fue al Torino.

Dos infartos

El 20-N de 1995, diez años y medio después de acceder al cargo, Ramón Mendoza deja de ser presidente del Real Madrid. En una comparecencia ante la prensa con un toque teatral y muy de su gusto, declara: “Comienza, por tanto, el funeral deportivo de ‘corpore insepulto’ por el alma del que fue presidente del Real Madrid, Ramón Mendoza, ahora ya incinerado y en lo sucesivo solamente el socio 772. Yo soy en este funeral el oficiante”. Se muestra cariñoso con sus hijos y con su compañera Jeannine, y acaba con un “terminado el funeral, que el socio Ramón Mendoza descanse en paz. AménLa deuda del Madrid se cifra en 13.000 millones de pesetas, unos 78 millones de euros.

Los años de presidencia de Ramón Mendoza podían dar para muchos libros. Cambios de entrenadores, fichajes y bajas, enfrentamientos con periodistas y otros dirigentes, siendo el más famoso el que tuvo con Jesús Gil por el fichaje de Hugo Sánchez.

El estado de salud de Ramón Mendoza se resentirá tras dejar la presidencia. Superará un cáncer, y tratará de cumplir su viejo sueño de conocer a Fidel Castro. Tomará un barco rumbo a La Habana, pero una vez allí no podrá reunirse con él.

Seguirá ostentando la representación de Emporio Armani en España, siendo consejero del Banco Exterior y del Grupo PRISA de su amigo Jesús Polanco, o disfrutando de la caza en su finca de El Campillo, en Córdoba. Allí, en 1999, sufrirá un infarto que superará gracias a la intervención de un helicóptero, que le traslada al Hospital Reina Sofía de la capital cordobesa.

Mendoza ha visto cómo el deseadísimo trofeo que le había dado esquinazo, la Séptima Copa de Europa, es conquistado por el Madrid de Lorenzo Sanz en 1998. Dos años después, equipo y presidente repiten y levantan la octava.

El socio 772 también presenciará la salida de Sanz y la entrada de Florentino Pérez, a lomos de Luis Figo, en las elecciones de ese año 2000. El 4 de abril de 2001, Ramón Mendoza se encuentra de vacaciones en las Bahamas, en la goleta América, acompañado de dos de sus hijos, sus parejas, algunos nietos y la que había sido su secretaria durante años, convertida en su nueva compañera sentimental. Allí, en Nasáu, al expresidente del Real Madrid le golpea un nuevo infarto mientras recibe un masaje. Fallece de forma fulminante.