Películas que cumplen 50 años y podemos ver en las cadenas en streaming
Son muchos los que dicen que las películas de antes son mejores que las más modernas. Si llegar a ser tan contundentes, sí que queremos poner algunos ejemplos para comprobarlo. Temas diferentes para gustos diferentes.
LMN
Los tres días del cóndor, de Sydney Pollack
Si no es la mejor película de espionaje de la historia del cine, poco le falta. Por razones de forma, pero sobre todo de fondo, al relacionar el poder político con otros tantos poderes, y por ese desenlace en la esquina de The New York Times en el que se elucubra de un modo tan complejo sobre el papel de la prensa. La CIA tiene un insólito departamento al que nadie parece hacerle mucho caso, en el que un puñado de grises funcionarios que parecen más bibliotecarios que espías se dedican a leer periódicos de todo el mundo, así como novelas y ensayos, de los que entresacar conclusiones acerca del presente y el futuro. De ahí a Robert Redford huyendo de todos y de cualquiera, con el asesino a sueldo Max Von Sydow al acecho, hay solo un mal paso. Tras el 11-S, buena parte de lo que denunciaba Pollack en Los tres días del cóndor entró en campo contrario. Lo que demanda ahora la gente es justo lo que el personaje de Cliff Robertson echa en cara al de Redford: sociedades seguras en sus hogares o en las calles. Disponible en Movistar y Filmin.
Tiburón, de Steven Spielberg
“¿Dónde guardamos los letreros de playas cerradas?”, preguntan ante los primeros ataques del tiburón. “Nunca los hemos tenido”, responden los encargados del Ayuntamiento. Una contingencia inimaginable. Una posibilidad tan poco plausible como la pandemia de la covid, con la que tantos paralelismos se hicieron por culpa de la actitud de los gobernantes frente a la posibilidad de un caos mortal como el de este título mítico de hace 50 años. Spielberg, aún veinteañero, revolucionó el cine americano con una obra de impacto emocional y físico que lo logró todo a partir del lenguaje cinematográfico: con el número de fotogramas exactos para evitar que el terrorífico escualo pasara a ser un falso artilugio mecánico; con las desgarradas cuerdas de la partitura de John Williams desbocando corazones; con el retrozoom creado por Hitchcock en Vértigo para ilustrar lo que provoca el primer ataque sangriento en el interior del protagonista, el jefe de policía que interpreta Roy Scheider. Película de aventuras y de terror con un relevante matiz sociopolítico, Tiburón poseía evidentes ecos de Moby Dick en torno a la obsesión de Achab por su presa. Y una línea de guion memorable de puro sencilla: “Vamos a necesitar un barco más grande”. Disponible en Filmin.
El hombre que pudo reinar, de John Huston
Daniel Dravot y Peachy Carneham, dos soldados, dos aventureros, dos crápulas. Personajes insignes de la literatura de viajes exóticos, de conquista del territorio y de las gentes, y de la búsqueda de uno mismo a través del más osado de los objetivos vitales: ser reyes de Kafiristán, una tierra en la que sus habitantes juegan al polo con las cabezas de sus enemigos muertos. Huston, tan aventurero en la vida y el cine como su par de criaturas protagonistas, llevó a imágenes la novela corta de Rugyard Kipling con la inestimable ayuda del carisma de Sean Connery y Michael Caine. La poesía de ciertos diálogos (“Hace tres veranos y un millón de años…”) se funde con el atrevimiento de estos dos granujas, enormes bebedores de buen whisky y amantes de la mejor vida. El imperialismo británico del siglo XIX nunca fue tan divertido, soberbio y elegante: “¿Que si somos dioses? Dioses no, somos ingleses, que es casi lo mismo”. Disponible en Filmin.
Alguien voló sobre el nido del cuco, de Milos Forman
La triunfadora de aquel año en los Oscar, obteniendo además los cinco premios principales: película, director, actor, actriz y guion adaptado. Alegoría de la opresión ambientada en un psiquiátrico, Alguien voló sobre el nido del cuco es una tragicomedia de la vida, y una reflexión sobre el control, el encierro y la autoridad, dominadas ambas por una excéntrica interpretación de Jack Nicholson que contrasta con la mesura de las demás, también espectaculares, pero desde la contención: las de Louise Fletcher, Danny DeVito, Brad Dourif y Will Sampson. Un canto a la vida, basado en una novela de Ken Kesey, que mantiene su poder metafórico y su conciencia social después de cinco décadas. y que fue producida por un joven de 29 años llamado Michael Douglas. Sí, ese Douglas; su padre, Kirk, la había interpretado en el teatro, pero pensó que era demasiado mayor para el papel en cine, y por ahí apareció Nicholson. Disponible en Filmin.
Picnic en Hanging Rock, de Peter Weir
Peter Weir, artesano con mano de narrador y ojo de cineasta de los grandes, talento para otorgar estilo a lo que debía tenerlo y de esconderse como creador en los materiales que demandaban únicamente historia, personajes y complejidad temática, compuso una de sus obras más conceptuales con esta delicada, onírica y brillante parábola de la sexualidad en tiempos de la sociedad victoriana. Durante la excursión de un colegio de señoritas de la época a un lugar mítico de carácter laberíntico y volcánico, tres alumnas y una profesora desaparecen misteriosamente sin dejar rastro. Pero Picnic en Hanging Rock no es tanto un relato como un continuo estado de excitación: físico, onírico, artístico y sexual. En ella no hay espacio, no hay tiempo, no hay respuestas. Es el sueño de lo que vemos. La posible existencia de un universo paralelo, o de una segunda realidad, que quizá tenga que ver con ritos paganos, y que se manifiesta a través del omnipresente sexo, aunque nunca de un modo explícito. A los amantes del arte les fascinarán sus imágenes influenciadas por la pintura prerrafaelista. Disponible en Filmin y Prime Video.