Cultura y entretenimiento

‘Napoleón’, de Ridley Scott, la película que todos esperaban pero que no pone de acuerdo a los historiadores, ni a los franceses

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Este artículo será largo, sin duda, pero es necesario por el gran interés y todas las polémicas que ha tenido en estos últimos días cuando ya todos la podemos ver en la gran pantalla. (Ver vídeo)
BettyGS

Ridley Scott no es historiador, y su objetivo no es instruirnos sino entretenernos. Pero la cuestión de cuánto de verdad histórica hay en su cinta es interesante.

No es fácil conocer al “verdadero” Napoleón. Hay una versión reconocible de él: el general confiado y querido por sus tropas, el táctico e instintivo militar que podía funcionar casi sin energía durante días enteros, su mirada severa y algo petulante. Pero gran parte de esto es producto de capas de narración histórica, acumuladas por el trabajo de generaciones de artistas, periodistas y memorialistas, y, por supuesto, del propio Napoleón.

He aquí los hechos y las leyendas que se esconden tras algunas de las principales escenas de la nueva película biográfica sobre Napoleón de Ridley Scott.

¿Se coronó a sí mismo?

Napoleón hizo todo lo posible por crear una imagen de gobernante benigno y hombre del pueblo, a menudo recurriendo al talento de los artistas.

El más notorio fue Jacques-Louis David, a quien encargó una serie de grandes pinturas que representaban su coronación en París, en diciembre de 1804. En la más famosa vemos a Napoleón colocar una corona sobre la cabeza de la nueva emperatriz Josefina mientras un reticente papa Pío VII observa la escena.

En un asombroso acto de arrogancia, Napoleón ya había colocado una corona sobre su propia cabeza, aunque el óleo sólo lo muestra con hojas de laurel para destacar sus triunfos marciales. Lo que la película de Scott retrata es la magnificencia de los cuadros, que mostraban a Napoleón y a su emperatriz bajo una luz halagadora, más que la ceremonia de coronación en sí.

¿Estuvo presente en la ejecución de María Antonieta?

El otoño de 1793 fue especialmente ajetreado para Napoleón, dado su papel cada vez más importante en el sitio de Tolón. Los rebeldes federalistas habían entregado la flota francesa al almirante británico Samuel Hood, y el joven oficial de artillería comandó la operación que consiguió recuperarla.

Por lo tanto, es muy poco probable que se aventurara a ir a París en octubre para estar entre la multitud que presenció la ejecución de la reina María Antonieta.

En una carta a su hermano mayor José, sin embargo, Napoleón sí que afirmó haber presenciado el asalto al Palacio de las Tullerías por una multitud enfurecida de manifestantes republicanos en junio de 1792. Lo encontró repulsivo.

¿Disparó contra Las Pirámides?

Napoleón comenzó su campaña egipcia en 1798. El legado cultural de la campaña puede verse en la bien surtida sección de egiptología del Museo del Louvre. Pero el lugar también fue escenario de atrocidades.

En un momento dado, varios miles de soldados otomanos fueron fusilados o arrojados al mar por orden de Napoleón, en lugar de ser apresados. No hace falta inventar trampas de hielo ni que Napoleón ordene a sus hombres disparar contra las pirámides, como hace la película biográfica de Ridley Scott, para dejar ver su cruel desprecio por la vida.

Fue el rumor de que Napoleón había ordenado envenenar a sus propias tropas en Jaffa, afectadas por la peste, lo que acabó por empañar su reputación a principios del siglo XIX. El rumor perduró, por brillante que fuera la respuesta del artista Antoine-Jean Gros, a quien Napoleón encargó en 1804 que pintara una historia diferente.

La película de Ridley Scott no recoge el pasado sino que se basa en los relatos e imágenes que han representado a Napoleón desde su muerte, muchos de ellos creados por sus propias manos.

Ridley Scott y los franceses

La película ha tocado una fibra sensible en Francia. No se entiende este país sin el hombre que encarnó el último verdadero momento de potencia francesa en el mundo y construyó la arquitectura del estado moderno.

“Soy un incondicional de Ridley Scott”, ha dicho el historiador Jean Tulard. Además de incondicional del director de Blade RunnerAlien y Gladiator, lo es de Napoleón, o al menos uno de sus estudiosos más insignes y biógrafo de referencia. Tulard intervenía en un coloquio organizado en un cine parisino en el que el público acababa de asistir al preestreno de Napoleón. Precisó el historiador: “Les hablo en tanto que cinéfilo”.

La precisión era importante. Porque, a continuación, tanto Tulard como los otros historiadores que participaron en el coloquio procedieron a desmontar ―con elegancia, pero implacables― la película. Algunas valoraciones escuchadas: ”Escamotea el paisaje político”; “me ha decepcionado la ambientación”, “en la batalla de Austerlitz, no se entiende nada”; “es un Napoleón incompleto”; “a veces, monolítico”.

Tulard, que a sus casi 90 años exhibe una bibliografía de decenas de libros sobre Napoleón Bonaparte, se sinceró al final de la charla: “Admiro a Ridley Scott, pero como profesor de Historia en la Sorbona desaconsejaría ver esta película”. “Como cinéfilo, sí”, resumió. “Como historiador, ¡no!”.

En el país vecino, las críticas al ‘Napoleón’ de Scott sean más puntillosas e irritables que en el resto, porque se habla de lo suyo. Hay un sentimiento, aunque no se use esta expresión, de apropiación cultural. Suele hablarse de apropiación cultural cuando una mayoría usa los símbolos o tradiciones de una minoría oprimida. En este caso el apropiador sería un inglés y el apropiado, el francés.

¿Antifrancés? “El final lo es”, respondió Tulard. “La enumeración de los soldados muertos, que aparece de improvisto, muestra que hay una voluntad de hostilidad hacia Napoleón”. Geoffroy Caillet, redactor jefe de Le Figaro Histoire, añade: “Ridley Scott tiende a hacer creer que el Imperio se reduce a una historia de muertos, pero el Imperio es otra cosa: es la fundación de la Francia moderna después del caos de la Revolución y recuperando también una parte de la herencia de la monarquía, y toda esta dimensión, desgraciadamente, desaparece”.

Caillet. Y sintetiza: “No es un filme antifrancés, pero sí con un punto de vista muy anglosajón”. Pero este incómodo y polémico final remite a otras visiones británicas del emperador, como la de Paul Johnson, autor de una pequeña biografía que concluía: “Ningún dictador del trágico siglo XX —desde Lenin, Stalin y Mao Zedong hasta tiranos pigmeos como Kim Il Sung, Castro, Perón, Mengistu, Saddam Hussein, Ceaucescu y Gadafi— estuvo libre de los ecos del prototipo napoleónico”.

Sinopsis 

Recorrido por la carrera militar de Napoleón Bonaparte, desde el origen de su reputación como gran estratega hasta el final de las Guerras Napoleónicas, y por la obsesiva relación que mantuvo con su mujer Josefina.