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Los Viajes de Gulliver: Un espejo incómodo

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En octubre se cumplen 300 años de la publicación de la más célebre obra de Jonathan Swift.

A pesar de considerarse un éxito de la literatura infantil, es una profunda, irónica y mordaz sátira sobre la ambición política, las guerras absurdas y la vanidad e hipocresía de la naturaleza humana. De esta obra el autor dijo que “la escribí para irritar al mundo, no para entretener”.

Su lectura con los ojos de hoy, nos sigue interpelando, porque podemos reconocer conductas ciertamente reprobables de plena actualidad.

Aunque no se puede negar la mirada pesimista y misántropa de Swift, que dejó escritas reflexiones como “cuando aparece un genio puede identificásele porque todos los necios se conjuran contra él”, título y arranque de la novela de J. Kennedy Toole; “la mayoría de las personas son como alfileres, sus cabezas no son lo más importante” o “la ambición suele llevar a los menesteres más viles, por eso, para trepar, se adopta la misma postura que para arrastrarse”.

Jonathan Swift nace en 1667 en Dublín, de padres ingleses, hijo póstumo de un modesto abogado.

Creció entre dificultades económicas, bajo el cuidado de su tío. Cursa estudios de teología en el Trinity College, donde no sobresalió académicamente.

Con 20 años fue preceptor de una niña, con la que se reencontró años más tarde, convertida ya en una mujer, de la que dijo “es la mujer más hermosa, graciosa y agradable de Londres”, se trataba de Esther Johnson, Stella, con la que no se sabe si se casó en secreto, pero siempre ocupó un lugar en su vida, a veces compartiéndola con otra Esther, de apellido Vanhomrigh, para la que inventó el nombre de Vanessa, con el inicio de nombre y apellido.

Ordenado sacerdote anglicano de la Iglesia de Irlanda, llegó a ser deán de la Catedral de San Patricio. Combinó su actividad literaria con los cargos religiosos y con la actividad política, como consejero del gobierno tory, fue poderoso y temido por la causticidad de su humor.

En ¨Los viajes de Gulliver”, su obra maestra, narra 4 viajes de Lemuel Gulliver, médico y marino inglés, que recorre territorios imaginarios, espejos deformados de la sociedad del s. XVIII.

En la primera publicación, su editor, Benjamin Motte, suavizó pasajes y suprimió referencias políticas por temor a las represalias, cosa que enfureció al autor, que realizó correcciones a mano en algunos ejemplares. Esta obra le ganó para siempre la enemistad con la reina Ana, que bloqueó su progreso profesional.

En la narración del viaje a Liliput, los pequeños habitantes son ridículos y mezquinos, en el segundo, cambia la proporción, va a una tierra de gigantes, sorprendentemente amables, en el tercer viaje conoce a pensadores y científicos absurdos y el cuarto es a la tierra de los houyhnnhnms, caballos dotados de razón, frente a los yahoos, bestias con forma humana.

Tras dejar su fortuna para la construcción de un manicomio, fallece en 1745.

Está enterrado en la Catedral de San Patricio, cerca de Stella, con un epitafio escrito por él mismo:

“Aquí se halla el cuerpo de Jonathan Swift….donde la indignación feroz ya no puede lacerar su corazón. Sigue tu camino, viajero, e imita, si puedes, a este vigoroso campeón de la libertad”.

Rosario Tamayo Lorenzo