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Los modales comunican

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Parece que ha pasado de moda eso tan común de dar los buenos días o decir “¡hola!” en lugares comunes como el ascensor, la entrada a la oficina o la salita del médico. Yo recuerdo mucho a mi madre acompañándome al ortodoncista – Álvarez Carlón – y diciendo “buenas tardes” con ese tono suyo (tan mío ahora) mitad simpático, mitad autoritario. Yo miraba al suelo pero a mi nuca llegaban los ojos de mi madre, con su mitad autoritaria, para decirme “saluda”. Hoy solo puedo darle las gracias por cada vez que me lo dijo.

“Llama a tu tía Mary a darle las gracias que te ha llamado para felicitarte”. Esa es otra de las frases míticas que guardo de mi madre. Y no es que yo sea mal educada, tan solo es que a veces me despisto y, de pequeña, era mucho más tímida de lo que pudiera parecer. Lo siento tía Mary por todas las veces que no te llamé.

Hoy, con mucha constancia y esa mezcla de simpatía y autoridad heredadas, repito a mis hijos las mismas coletillas: “felicita a la prima Maca; llama a la tía Palo; levántate cuando entra un adulto…” Además de los consabidos “por favor” y “gracias” que susurras cuando hablan y que piensas que solo escuchan ellos. Hoy en su más tierna adolescencia, respiro tranquila cuando veo que me piden, por ejemplo, que “les deje en paz… ¡por favor!” Véase la ironía, por favor también.

Pareciera que los modales están un poco demodés. Claro error. Si la buena comunicación se basa en conectar con la audiencia, deberíamos siempre comunicarnos con buenos modales. La educación ni debe pasar de moda ni muchos menos menospreciarse.

Hace unos días, de viaje en las Américas, comentaba con una cuñada mía – exquisita en sus formas y no por ello menos divertida – que en muchas oficinas es necesario que se den charlas sobre los modales. Le comenté que hacía poco que, con mi compañero Ismael, habíamos dado precisamente un curso que yo llamo “Todo Comunica” y que repasa las barreras a las que se enfrenta la buena comunicación y los recursos para superarlas. Hablando con los alumnos (todos ellos de la increíble Asociación Talismán que magistralmente dirige Maribel Brito) uno de ellos nos habló de un compañero de trabajo que no le miraba a los ojos al hablar o que no le decía buenos días. “Eso ya es falta de modales y de educación” le contesté. Y ¡cómo no! falta de empatía, amabilidad y sensibilidad… Esas aptitudes las facilita la buena educación y son básicas para una buena comunicación.

Los buenos modales nos llevan a no subir el volumen en nuestras conversaciones en público; a mirar a los ojos al que nos habla; a dejar la silla colocada tras terminar una reunión; a borrar la pizarra de la sala para que otros puedan utilizarla; a dar las gracias o pedir las cosas por favor. A dirigirnos de usted a personas que nos prestan sus servicios para dignificar su trabajo; o a las personas de más edad porque es una señal sencilla de respeto: ¡que sean ellas las que nos digan tutéame!

Es imposible desarrollar una buena comunicación sin cuidar los modales y los gestos. Y eso da contenido para una charla que empieza a ser muy necesaria en las oficinas para el personal: para los de arriba que a veces no saben comunicarse con los de abajo; y para los de abajo que, a veces, no sabe comunicarse con su entorno. Gracias por leerme.  

Tambab