Los castores están causando estragos en los frutales del Ebro
Este roedor se ha asentado ya en el río más caudaloso del país tras ser introducido por unos activistas hace casi 20 años y da problemas a los agricultores.
LMN
Vuelve a haber castores en el Guadalquivir, aunque no se han detectado cerca de la capital andaluza, sino en el nacimiento, en la provincia de Jaén.
Los científicos afirman que es imposible que los primeros ejemplares detectados en España en siglos hayan sido capaces de extenderse por el país en apenas dos décadas y en puntos tan lejanos entre sí. La incógnita sobre estos avistamientos tiene una respuesta clara, la existencia de «grupos de amigos de los castores», como se los denomina, que realizan sueltas ilegales por el país.
Su actividad consiste en transportar a los animales a un río, soltarlos y esperar a que sean capaces de desarrollarse por su cuenta. Esto ha ocurrido en el Ebro de forma natural y ahora hay agricultores en la ribera que ven cómo estos mamíferos están dejando a sus árboles «como un lápiz«.
La improvisación es tal que la intención inicial de estos activistas era hacer la primera suelta en Galicia, pero acabaron haciéndolo en el Ebro.
En términos biológicos, la vuelta del castor a la península ibérica no parece perjudicial y, normalmente, aumentan la biodiversidad de los lugares donde se asientan.
No es necesariamente malo, no hay estudios que lo avalen, pero los que tienen frutales en la orilla del Ebro dicen que son una plaga. Su ataque se ha concretado en los ciruelos, manzanos, perales y melocotoneros que hay plantados en la huerta del Jalón.