Jesús Ramal, el entrenador que convirtió Sanse en referencia mundial del taekwondo
En el tatami de San Sebastián de los Reyes, bajo el sello del Club Hankuk, se ha forjado una de las canteras más brillantes del deporte español. Jesús Ramal, entrenador de referencia internacional y arquitecto de un método que mezcla ciencia, pasión y exigencia, conversa con La Mirada Norte sobre su trayectoria, la irrupción de Adriana Cerezo, el futuro del taekwondo en España y los retos de un club que se ha quedado pequeño para sus éxitos.
¿Quién es hoy Jesús Ramal?
Un apasionado del deporte, loco por hacer cosas con gente joven y por crear sueños en el taekwondo. A mis 57 años vivo más desde el banquillo que desde la competición, y lo que me motiva es ver cómo los chavales crecen, aprenden y sueñan.
De los inicios en el Club Hankuk al salto internacional, ¿cuál fue el punto de inflexión?
Empecé en 1981 en un gimnasio de Alcobendas y, con el tiempo, pasé a ser primer entrenador en 1996. En 2000 asumí el proyecto completo y en 2008 dimos un salto enorme al competir en el Preolímpico de Estambul. Poco después, entre 2010 y 2021, dirigí el programa olímpico de Finlandia. Allí comprendí la importancia de la ciencia: fisiología, biomecánica, neurociencia, preparación física avanzada. Cada año estudiaba algo nuevo para estar a la altura de los mejores.
¿Existe el llamado “método Ramal”?
Más que un método cerrado, es una filosofía. Se basa en tres pilares: esfuerzo, aprendizaje y disfrutar. Rodearse de un equipo multidisciplinar es clave: preparadores físicos, fisios, médico… Todos trabajan juntos para que el deportista rinda al máximo.

El gran escaparate llegó con Adriana Cerezo. ¿Qué significó su medalla en Tokio?
Fue un antes y un después. Con 17 años logró la plata olímpica y traspasó nuestro deporte. Pasó a ser reconocida por el Rey, el presidente del Gobierno, el COE… Adriana puso el taekwondo en el mapa nacional y demostró a sus compañeros que los sueños eran posibles. Esa medalla cambió la percepción del grupo: “Si ella lo ha hecho, yo también puedo”.
Ahora emerge una nueva generación. ¿Qué nombres debemos seguir de cerca?
Lena ha dado un paso de gigante. Ganó en el Grand Prix de Charlotte derrotando a la campeona mundial, a la asiática y a una medallista olímpica. Ya está entre las cuatro mejores del mundo, y el reto será mantenerse ahí. Laura, las gemelas y otros jóvenes vienen muy fuertes. Mi objetivo es clasificar a cuatro o cinco para Los Ángeles 2028, aunque sabemos que en el deporte pueden pasar muchas cosas.
¿Y qué pasa con el equipo masculino?
Su maduración suele ser más tardía y falta un referente que lidere, como ocurrió con Adriana en las chicas. Aun así, hay títulos sub-21, clasificaciones mundialistas y un potencial enorme. Les falta esa medalla que encienda la chispa de la confianza.

Suvi Mikkonen ha sido otra figura esencial en el proyecto. ¿Qué papel juega a su lado?
Fundamental. Suvi es un referente como deportista, olímpica en Londres 2012 y Río 2016, y como entrenadora aporta una visión complementaria y valiosísima. Trabajamos codo con codo en el día a día: ella se centra mucho en la parte técnica y táctica, y juntos hacemos que el grupo crezca con más solidez. Su presencia es también un ejemplo para las chicas jóvenes, que ven en ella un espejo cercano de lo que significa llegar a la élite.
¿Cabe tanto talento en las instalaciones actuales?
Sinceramente, no. El club se ha quedado pequeño para lo que es: medallistas olímpicos, campeones de Europa y del mundo, un staff completo de profesionales. Tenemos el orgullo de llevar el nombre de Sanse por el mundo, pero necesitamos una instalación acorde al nivel. Afortunadamente contamos con apoyos del Ayuntamiento, la Comunidad, el CSD y también de patrocinadores privados que sostienen el proyecto.
¿Cómo se detecta a un talento en taekwondo?
Más allá del físico, lo que miramos es la pasión, la sonrisa, las ganas de entrenar, la disciplina y el respaldo de la familia. Porque sin apoyo en casa no hay milagros. Aquí diferenciamos bien la escuela de base del alto rendimiento: no todos están llamados a competir, pero todos pueden disfrutar del taekwondo.

El deporte de élite exige mucho. ¿Cómo se prepara un combate de cuatro minutos?
Con máxima exigencia. En un Mundial o en unos Juegos te cruzas con los mejores y el margen de error es mínimo. Un hilo finísimo separa ganar o perder. Todo se prepara para cuatro o seis minutos de combate en los que dos errores se pagan muy caros.
El taekwondo de Sanse ha dado la vuelta al mundo. ¿Cómo se vive eso en casa?
Es un orgullo inmenso. Somos un club de barrio que ahora recibe cada mes a medios nacionales y que ha puesto a San Sebastián de los Reyes en el mapa deportivo. Además, el apoyo de referentes como Rafa Nadal, que llamó el día de la plata de Adriana, o mensajes de Alejandro Sanz y Carolina Marín, nos recuerdan que no estamos solos.
¿Se puede vivir del taekwondo en España?
Depende. Las becas como Podium o ADO permiten entrenar con tranquilidad. Adriana es el mejor ejemplo: con patrocinadores y acuerdos de marca ha logrado un equilibrio que le permite vivir del deporte. Para el resto, es más complicado, pero cada paso de visibilidad ayuda.
Mirando al futuro, ¿qué sueña Jesús Ramal?
Seguir viendo crecer a mis deportistas. Que los jóvenes que hoy empiezan en el tatami sueñen con ser campeones. Que logremos cuatro o cinco clasificaciones para Los Ángeles 2028 y que Sanse siga siendo sinónimo de esfuerzo, aprendizaje y disfrute. Ese es el verdadero ADN del club.
