Jaime Figueroa: “Invito a la gente a que prueben a ser ventrílocuos”
Jaime Figueroa (Madrid, 1986) es ventrílocuo, mago y cómico. Un diamante interpretativo al que recurrir a menudo porque siempre sorprende. Sí, con su virtuosismo vocal, nuestro invitado -a quien le gusta mirar y remirar la vida- perpetúa y actualiza su arte allá donde va. Y nunca camina solo, ya que su garganta e inteligencia le permiten sentirse muy bien respaldado y presentarnos en escena a sus personajes imaginarios. Lo de “Jaime Figueroa and company” (sic) es, como se suele decir, otra liga. Ventrílocuo, mago, cómico… Hoy por hoy está en los Teatros Luchana de Madrid, pero siempre anda viajando allende los mares por diferentes salas y, en resumen, ¡hay que ir a verlo ya mismo! Porque, como apunta en La Mirada, “en la ventriloquía todavía hay campo que conquistar”. ¡Bienvenido el gran Jaime Figueroa!
OTRAS MIRADAS” con JORGE GARCÍA PALOMO
Esto es La Mirada… ¿Cómo te gusta mirar la vida, amigo?
Soy una persona pasional: la miro y la remiro. A veces, incluso actúo.
Para quien no conozca al mejor ventrílocuo de este país… ¿cómo te presentarías a ti mismo? ¿Y con qué voz?
Soy Jaime Figueroa, un ventrílocuo rubio. Me gusta presentarme con mi propia voz: es una de las ideas que estoy trabajando. Hablar más del ventrílocuo y que los personajes completen la información.

¿Cuándo supiste que el escenario iba a ser tu vida? ¿Recuerdas el antes y el después? ¿La primera voz ajena que salió de ti y fue marcando el camino?
Uy, ¡muchas preguntas! (Risas). El escenario y yo nos hemos ido enamorando poco a poco. Yo de niño hacia magia, desde siempre; pero yo quería ser cineasta. Pero cada vez actuaba mejor, cada vez se me ocurrían más locuras que hacer en escena. Encima… ¡me pagaban por ello! Y hace unos diez años surgió el amor con la ventriloquía y desde entonces compartimos vida.
¿Ya despuntabas con el malabarismo vocal desde niño?
Yo era ese niño que imitaba a los profesores sin descanso. Imitaba voces y cantaba. Ayudó mucho que una de mis primeras obsesiones fuera la de construir teleñecos a mansalva. Mi infancia está salpimentada de trozos de gomaespuma y telas de peluche. Me hice mago muchos años pero, al encontrar la ventriloquía, volví a mi afición primigenia.

¿Cómo definirías tu estilo de humor y por qué ir a verte, Jaime? ¿Cómo acoge el público -pregunta retórica: me consta tu éxito- un género tan singular (y tan bien cuidado en contenido) como el tuyo?
Mi humor -supongo- es un poco surrealista. La idea de poder hablar con un objeto o que se nos oigan los pensamientos en alto nos lleva a ese movimiento. Bebe mucho del mundo de los payasos y en especial de las pandillas de payasos, que es lo que se acaba creando entre mis personajes y yo. Añadir una capa de ‘stand up’ es lo que ha hecho más contemporáneo el género de la ventriloquía. También el hecho de hablar de cómo es la vida cotidiana de alguien como yo.
¿Qué referentes del oficio (y de la comedia, que llevas todo hilado) tiene Jaime Figueroa, “El ventrílocuo”?
Yo tengo varios santos. Si tengo que quedarme con muy poquitos… diría que Juan Tamariz -el maestro de la magia mundial y española-, Millán Salcedo -genial cómico español integrante del dúo “Martes y 13”- y Jim Henson, creador de “Barrio Sésamo” y “Los Teleñecos”. En el campo de la ventriloquía, el ventrílocuo que más me inspiró artísticamente ha sido El Señor Wences. Un ventrílocuo salmantino que triunfó en los EEUU en los años 50 y 60 del siglo pasado. Este ventrílocuo era tío de José Luis Moreno, pero en España no tuvo la acogida ni popularidad de la que gozó en América.

¿Cómo valoras la revolución de la comedia, con el ‘stand up’ llenando estadios y teatros, el ‘crowdwork’, el género de los chistes, la ventriloquía contigo…?
Me interesa mucho eso que tiene el ‘stand up’ de ser tan multitudinario que incluso a veces sirve si solamente lo escuchas. Algunas cosas del ‘stand up’ me las he llevado a la ventriloquía y es parte de mi mejor material del show. Como espectador y creador, cada vez me interesa más la mezcla de géneros. Poner una verdadera tragedia al lado de una comedia sexual ligera o cantar una canción de musical después de un número de mimo. Me siento muy afortunado de haber encontrado este género de la ventriloquía. En casi todos los géneros artísticos de escena se han probado ya todos los recursos estéticos y narrativos. Pero en la ventriloquía, como se ha practicado poco, hay mucho por hacer; al menos, es mi sensación; y me es suficiente. No se ha explorado casi la parte más dramática y tampoco hay una gran investigación en el mundo de los ventrílocuos con ideas nuevas de marionetas. En la ventriloquía todavía hay campo que conquistar. Hay tarea.
¿Dónde seguirte, querido Jaime Figueroa? ¡Todos a los Luchana, pero dinos cómo seguir tus pasos siempre!
Seguidme en Instagram. Soy “Figueroa and company”. Supongo que el “company” son los personajes que me acompañan. (Risas).

¿Y cómo cuida la garganta un prodigio de las cuerdas vocales?
Por ahora tengo suerte porque mi garganta es muy elástica y calentando poco ¡estoy ya listo para mis cositas!
Estamos en La Mirada de Madrid… ¿Algún sitio inspirador de la región?
Siempre hay que volver al Retiro.

¿Reflexión final? Con la voz que quieras, ya sabes: ¿algo que añadir de parte de Jaime Figueroa “and company”?
Diría que vinieran al show, que hay música en directo de piano y violín. Compuesta por Gonzalo García Baz y con letra de Rafa Boeta. Solo eso ya es una preciosidad… Pero me gustaría invitar a la gente a que prueben a ser ventrílocuos. Hay palabras y frases que todos podemos decir. Que entreabran los labios y, valiéndose solo de la lengua, intenten decir la frase: “Yo tengo cistitis”. No era tan difícil, ¿verdad? (Risas).
¡Mil gracias siempre y enhorabuena por tu trabajo! ¡Viva la comedia!

El periodista y comunicador @jorgegpalomo nos presenta a todo tipo de personas genuinas, creativas, curiosas, contingentes y necesarias… Como diría aquel genio, “gente loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo”… Sí, son “Otras miradas”. Y están entre nosotros.