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El verano, la estación de las historias

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Dicen que el verano es la mejor estación para crear recuerdos inolvidables, y parte de esos recuerdos pueden ser nuestras lecturas, pero también el verano se hace protagonista o telón de fondo para la creación literaria.

Repasemos algunas de estas obras que pueden formar parte de esos recuerdos inolvidables si las lees durante este verano.

“El gran Gastby”, de F. Scott Fitzgerald, considerada la mejor novela estadounidense del siglo XX, se desarrolla en Long Island en el verano de 1922, con noches de fiestas llenas de gente y música en la mansión del misterioso Gatsby, que regresa de la Primera Guerra Mundial decidido a reconquistar a la mujer que ama, ahora casada. Entre copas de champán y jazz, la novela desarrolla temas como el sueño americano, la decadencia de la alta sociedad y el amor no correspondido. El tono de la historia se intuye en el comienzo de la obra, con el consejo que le da a Nick Carraway, narrador, su padre: “siempre que sientas ganas de criticar a alguien, recuerda que no todos han tenido las mismas ventajas que tú”.

Françoise Sagan, tiene solo 19 años cuando publica “Buenos días, tristeza”, en la novela se narran las vacaciones de una adolescente, Cécile, con su padre, en la riviera francesa, con salidas en barco, playas, copas y discotecas en Saint-Tropez. La llegada de Anne altera todo, ya que parece que va a convertirse en la nueva esposa de su padre. La protagonista, celosa, se comporta de manera manipuladora para evitarlo, provocando dolor y tristeza a su alrededor, de lo que llega a arrepentirse, de ahí el título, tomado de una obra de Paul Eluard.

“Helena o el mar del verano”, escrita por el diplomático Julián Ayesta, es un relato de iniciación, del descubrimiento del amor en el final de la infancia y comienzo de la adolescencia. Describe un verano en el Gijón previo a la II República, con vacaciones en familia, tortilla, sidra y carne empanada en la playa, juegos entre primos y Helena, que con sus ojos transparentes encarna el verano, el mar y el primer amor. Un hermoso libro de la literatura española de posguerra.

En “El verano de Cervantes”, de Antonio Muñoz Molina, se mezclan las reflexiones sobre la novela cervantina y los recuerdos personales del autor, que con 10 años leyó el Quijote como leía también tebeos y novelas del Oeste. Así D. Quijote, cuyas aventuras transcurren siempre en verano, ha tenido una influencia decisiva en la vocación literaria del autor, que proyecta su vida en el universo manchego de Cervantes.

“El verano que mi madre tuvo los ojos verdes”, de Tatiana Tîbuleac, narra las últimas vacaciones de su protagonista, Aleksy, con su madre, en un pueblecito francés. Una madre que lo rechazó al perder a su otra hija, y que sabe que, por su enfermedad, ése será el último verano juntos. Una historia sobre la maternidad, el dolor, la rabia, el rencor, la vida, la muerte, el perdón, la reconciliación y el amor, que salva todo en el último momento.

Querido lector, te deseo unas felices vacaciones, y recuerda que para viajar lejos, no hay mejor nave que un libro.

Rosario Tamayo Lorenzo