Cultura y entretenimiento

‘Dog Man’, perros, mafia y violencia gratuita en una película excesiva

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Poco rastro queda de aquel fino estilista de los 80 y 90, aquí también guionista desnortado. Y que sea excesiva puede aceptarse: Luc Besson siempre lo ha sido, es su marca de fábrica. (Ya en Kinépolis)

Lo que no tiene un pase es que esta ensalada de géneros pésimamente aliñada de tono disperso protagonizada por un primo lejano del Joker de Todd Phillips sea aburrida, que cause indiferencia. Perro ladrador…

 Como decimos, ‘Dogman’ es una animalada que no conoce ni respeta normas, géneros o estilos. La más inclusiva y trans de las películas, se erige como poema perruno desquiciado, animalista, sentimental, colorista y musical, inasequible al aburrimiento, todo él puro pasmo, emoción y alegría de narrar, de sorprender, de retorcer al espectador. Pero eso, hay que verlo para creerlo.

Después de algunos escándalos y con una carrera en crisis, Besson regresa a sus raíces melodramáticas y estilísticas con esta historia de venganza contada en flashbacks. Todo comienza con un hombre vestido como Marilyn Monroe en estado de estupor, herido y sangrando, quien es detenido por la policía mientras conducía un camión lleno de perros. 

Sinopsis

Maltratado por su padre y su hermano mayor durante su infancia, Douglas encuentra la salvación gracias al amor incondicional de sus perros. Tras este pasado lleno de abusos y dolor, crece rodeado por su manada de la que adquiere sus aspectos más salvajes para dejar atrás su cruel infancia. Utiliza a sus perros para ayudar a los desvalidos del abuso de pandillas, roba a los ricos para mantener a sus pobres amigos caninos y trabaja como una cantante drag, imitando a Edith Piaf, Marlene Dietrich y, por supuesto, a Marilyn Monroe. Doug se crió leyendo revistas femeninas de moda que encontró apiladas en la perrera, probablemente de su madre, quien lo abandonó a merced de su brutal esposo e hijo mayor.