Cultura y entretenimiento

‘Día cero’ en Netflix: Robert De Niro, al mando (absoluto) de una serie

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La cadena nos ofrece su trabajo más extenso en televisión hasta la fecha. Es un lujo poder seguirle durante seis horas en este tenso ‘thriller’ político, relato del via crucis del expresidente de Estados Unidos George Mullen, al que se encomienda una compleja misión.

Sus tranquilas rutinas se van al traste después de que un devastador ciberataque desactive todo tipo de sistemas esenciales durante un minuto y provoque decenas de accidentes ferroviarios y de vehículos con miles de fallecidos. Según la actual presidenta, Evelyn Mitchell (Angela Bassett), él es el hombre adecuado para calmar los ánimos de la nación y liderar una comisión de investigación especial.

Hasta aquí podríamos creer que ya hemos visto esta serie: el (ex)presidente de Estados Unidos salva a su país y, por extensión, quién sabe, el mundo. Pero esta historia tiene otros pliegues, otras complicaciones. Se quiere dotar a la citada comisión de autoridad extraordinaria: permisos de vigilancia, de búsqueda y captura y, si es necesario, la suspensión del habeas corpus. Para la congresista Alexandra Mullen (Lizzy Caplan), hija del expresidente, algo así es simplemente «ultrafacha». Por otro lado, pronto queda claro que quizá Brian Mullen no tenga las condiciones psicológicas y físicas idóneas para cargar con semejantes responsabilidades. 

Si hay algo que los creadores querrían que los espectadores sacaran en claro de ver la serie, es la necesidad de recuperar la verdad moral: «Incluso si no sabemos diferenciar entre lo que es real y lo que es no, es fácil saber lo que es lo correcto. Eso es lo que todos queremos de nuestros líderes: sacrificio personal, reflexión, capacidad para tomar las decisiones adecuadas, aunque estas tengan un precio político». 

Tras un ciberataque masivo que pone en jaque la seguridad nacional, un ex presidente de Estados Unidos, asume la misión de descubrir a los responsables y prevenir un nuevo atentado.

Mientras investiga, surgen dudas inquietantes: ¿es el enemigo una potencia extranjera o se oculta dentro del propio sistema que juró proteger?