Cuando el alcalde deja de ser vecino
Hubo un tiempo, no hace tanto, en el que para aspirar a gobernar una ciudad había algo básico. Vivir en ella. No era una exigencia legal, era puro sentido común. Si querías representar a tus vecinos, lo mínimo era ser uno de ellos.

Hoy eso parece haber quedado atrás. Les cuento esto porque hace unos días hemos conocido por la prensa que una alcaldesa ha adquirido una vivienda de alto valor fuera del municipio que gobierna. Más allá del caso concreto, el mensaje es evidente. Ya no es imprescindible compartir la vida con quienes se representa.
Y, sin embargo, no siempre esto fue así. Como muestra un botón. Les recuerdo lo ocurrido en 2015 en San Sebastián de los Reyes con Eva Tormo. Fue candidata del PP. Su vinculación con Alcobendas, donde llevó la cultura como concejal, fue suficiente para que una parte del electorado la señalara como una especie de “foránea” de un municipio donde llevaba viviendo muchos años. Aquello pesó. Hoy, probablemente, pasaría mucho más desapercibido.
La pregunta es sencilla. Qué ha cambiado.
Desde mi humilde opinión, vivimos en una sociedad que va demasiado rápido. La tecnología, la información constante, el ritmo diario. Todo empuja a que las cosas duren menos, también las exigencias. Antes se pedía cercanía, ejemplaridad, coherencia y honestidad a nuestros representantes. Hoy, en muchos casos, parece que se mira hacia otro lado.
Mientras tanto, en la calle, la realidad es otra. Hace poco, un empresario con experiencia y cierto pedigrí me trasladaba una preocupación creciente. Las familias tienen menos margen, cuesta más llegar a fin de mes y cada decisión económica se mide al detalle. Es una sensación que se repite.
Frente a eso, el ámbito público ofrece una imagen muy distinta. Sueldos que se actualizan, estabilidad y revisiones por decreto. Además, una práctica va generando cada vez más desconfianza. Los nombramientos “a dedo”. Puestos de libre designación en los que no siempre se entiende el criterio, pero que pagamos entre todos.
En los últimos años han salido a la luz demasiados casos, presuntos o confirmados de corrupción, en los que esas posiciones han servido para algo más que gestionar. Comisiones, favores, influencias. Generalmente suelen participar alguno de estos “colocados” No es la norma, pero el daño está hecho.
Decía Adolfo Suárez que la política debe servir para mejorar la vida de la gente. Para eso, lo primero es conocerla. Y eso no se aprende desde fuera.
Porque al final, la política local tiene un principio muy sencillo. Para entender a tus vecinos, hay que vivir como ellos. Lo demás es empezar a alejarse.
Pd_ Todo empieza cuando un político o un alto cargo acepta regalos o dádivas de empresarios con intereses cruzados. Es aquí cuando se cruza una línea muy fina. Y esa línea, casi siempre, termina en corrupción.