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Carmen Balcells: Traficante de palabras

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Así definió la escritora Carmen Riera a su amiga Carmen, agente literaria de grandes figuras, entre ellas Mario Vargas Llosa, recientemente fallecido, a quien apoyó económicamente para su traslado a Barcelona.

Balcells nació en 1930 en Santa Fe de Segarra, Lérida, población que conseguiría hermanar con Santa Fe de Bogotá, con la asistencia de su alcalde.

Su familia, de pequeños propietarios agrícolas, se arruina cuando Carmen tiene 20 años; instalados en Barcelona, comienza a trabajar como secretaria sustituyendo a otra, con gran eficacia ante el constante temor de que la despidieran cuando ya no fuera necesaria, logró evitarlo con subida de sueldo incluida.

La pura casualidad hace que tenga que acompañar a un abogado brasileño que buscaba editorial, ese será su primer encuentro con un mundo que se convertirá en su vida; comienza vendiendo en el extranjero el catálogo de Seix Barral y en 1965 viaja a Nueva York, conoce a García Márquez, a quien comienza a representar, junto a una larga lista de autores, entre otros, Vargas Llosa, Pablo Neruda, Miguel Delibes, Terenci Moix, Juan Goytisolo, Juan Marsé, Isabel Allende…, llegarán a ser 300 en toda su vida profesional.

Así representó a seis Premios Nobel de Literatura, siendo pieza clave en el llamado boom latinoamericano.

Carmen cambia por completo la forma en que los escritores se relacionaban con el mundo editorial, trabajó para que tuvieran una vida más digna y confortable, encargándose no solo de vender su obra, sino también de cuidar de su trayectoria y de su imagen, concediendo becas, acabando con cláusulas que ataban de por vida a los autores con las editoriales, marcando límites temporales, geográficos y de formato a los contratos, incluso consiguió un mejor tratamiento fiscal para los escritores, con la llamada “cláusula Balcells”. Inundaba de flores los hoteles para recibirlos, rosas amarillas en el caso de Gabo, y ponía a su disposición toda una flota de taxis.

Mujer carismática, a veces temida, generosa, famosa por sus fiestas y comidas, simpática y con un gran sentido del humor, que ante la pregunta de García Márquez: “¿tú me quieres?” contestará: “¡cómo no voy a quererte, si eres el 36,2% de la facturación!”. En 1992, en un encuentro con editores, les dijo: “no crean que la cifra tiene que ver con mi peso…”

También supersticiosa y apasionada de la astrología, orgullosa de su signo zodiacal leo, y fan del número 7, tenía una pitonisa en plantilla, que le remitía un informe semanal con los actos a realizar y evitar, fechas más propicias y menos favorables.

Fascinada por el poder y los poderosos, llegó a tener el número personal de Fidel Castro.

Medalla de Oro de las Bellas Artes y Doctora Honoris Causa por la Universidad de Barcelona, entre otros premios y reconocimientos, falleció 2015 en Barcelona, a los 85 años.

Nos dejaba la que Vázquez Montalbán definió como la “súper agente literaria con licencia para matar”, con 21 libros dedicados a su persona, cuya frustración confesada fue no haber conseguido para los escritores la importancia que tienen los deportistas.

Rosario Tamayo Lorenzo