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Caravaggio: Pintura y peleas callejeras

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Gracias a la generosidad de su nuevo propietario, que lo ha cedido en préstamo, el “Ecce Homo” de Caravaggio permanecerá expuesto en el Museo del Prado hasta el 23 de febrero de 2025, una excepcional oportunidad para contemplarlo.

La pintura, de la que se había perdido el recuerdo, apareció en subasta hace tres años, siendo uno de los mayores descubrimientos de la Historia del Arte, con gran consenso en su autentificación.

Fue pintada hacia 1605-09 y formó parte de la colección de Felipe IV, es una de las, aproximadamente, únicas 60 obras conocidas del pintor. Siglo y medio más tarde se encontraba en el inventario de propiedades del valido de Carlos IV, Manuel Godoy, que pasaron a la Real Academia de San Fernando. En 1823 la Academia la intercambió por un San Juan Bautista de Alonso Cano y el “Ecce Homo” pasó a ser propiedad del político y coleccionista Evaristo Pérez de Castro, uno de los redactores de la Constitución de 1812.

Desde entonces se perdió la pista, hasta que apareció en una subasta en 2021, sacada a la venta por un coleccionista anónimo por 1.500 euros, creyendo que era una pintura de un discípulo de José de Ribera. El Museo del Prado detectó la relevancia de la obra y alertó al Ministerio de Cultura, que la declaró como inexportable y la Comunidad de Madrid la calificó como Bien de Interés Cultural.

Michelangelo Merisi nació en Milán en 1571, su padre era administrador y arquitecto del Marqués de Caravaggio, ciudad de la que tomó su nombre.

Ha pasado a la historia por su decisiva influencia en la pintura del Barroco, con el uso tenebrista de la luz y el realismo en la figura humana, con modelos de personas que encontraba en la calle.

Retrato de Caravaggio realizado por Ottavio Leoni

A pesar de su enorme talento, Caravaggio tuvo una vida envuelta en peleas, delitos e intentos de asesinato, con estancias y huidas de la cárcel tras numerosos juicios, debido a su carácter violento, quizá por la intoxicación por plomo de las pinturas y a sus malas compañías en Roma.

En su extenso “historial” encontramos numerosas agresiones con espada y otras como las que provocó al lanzar un plato con alcachofas a un camarero o daños, como los causados en la vivienda de la casera que le desahució, rompiendo todos sus cristales a pedradas.

Tras discutir con el mercenario Ranuccio Tomassoni en un partido del tenis de la época, se batió en duelo con él, le mutiló el pene, seccionando una arteria que provocó la muerte de Tomassoni. Por ello fue condenado a muerte, pero huyó a Nápoles.

Cuando en 1610 intentaba regresar a Roma para obtener el indulto, falleció debido a una infección provocada por una herida de arma blanca.

Acababa una vida de claroscuros, no solo pictóricos, que dejó geniales obras y una recomendación: “No deben sólo mirar mis cuadros, deben sentirlos”.

Rosario Tamayo