Los zalameros 5.0

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Dicen que cuando nos vamos de esta vida alumbramos cual lucero en el cielo y que desde allí no nos moveremos ya siempre para consolar a nuestros seres queridos. Los que tenemos fe consideramos que en esta vida estamos de paso y que será en la otra cuando nos reencontremos con aquellas personas que nos dejan y que jamás en la vida las olvidaremos. Les cuento esto porque a veces en esta sociedad que corre y corre, y en donde nosotros corremos cual pollo sin cabeza, no nos da tiempo, aunque lo tengamos, para pensar en cosas tan reales como la muerte. Porque sí, la muerte forma parte de la vida.

El pasado mes de abril cumplimos un año desde el primer número de La Mirada. En el comienzo de esta apasionante aventura tuvimos la inmensa fortuna de contar con Rocío Lanagrán, periodista que se encargaba de la sección de moda. Esas páginas son el gran recuerdo que me queda de su aportación, apoyo y cariño a este proyecto porque tras una larga lucha contra una maldita enfermedad, hace tan solo unos días nos dejó con solo 38 años y toda una vida por delante. Descansa en paz Rocío. Que te queramos tanto todos los que te hemos conocido dice mucho de lo que ha sido tu paso por este mundo. Nunca te olvidaremos.

Después de permitirme este guiño personal, la realidad es que la vida sigue. Y que conste que soy de los que no se ha sorprendido por la aplastante victoria de Isabel Díaz Ayuso el pasado 4 de mayo. Se veía venir. Pero su triunfo incontestable nos ha dejado anécdotas para el recuerdo. Me refiero a ciertos matices. Les hablo de los Zalameros, nueva estirpe de pelotas y palmeros que se agolpan ahora en los partidos políticos. Pero claro, no todos son iguales. Un atributo fundamental para poder ser parte capital de esta extensa corte, que invade ciertas zonas como una mancha de aceite, es haber pertenecido a las nuevas generaciones de cualquier partido. Da igual la edad que tengas y el partido.

El siguiente paso del manual para el nuevo zalamero 5.0 es el selfie. Sí, sin foto con el líder/lideresa/liderese no eres nadie, y de no tenerla, la recomendación es no acercarse, ya que los pertenecientes a esta nueva “tribu” utilizan cualquier tipo de triquiñuela, ya sea con la fuerza, a través de empujones, o mediante el trayecto estúpido a Móstoles, por poner un ejemplo, aunque seas de Alcobendas, sólo para poder hacerse la foto. Una vez que el moderno zalamero tiene la foto viene el siguiente mandamiento del nuevo pelota: el Facebook. Además, en esta red social. y otras similares, este tipo de imágenes es obligatorio acompañarlas de corazones y alusiones ñoñas a tópicos, como el amor o la confianza. Da igual que no se conozca a la persona de quién se habla. Una vez ya está en las redes, el proceso culmina con eso que llaman la etiqueta: hay que mandar la foto a todos los contactos y, sobre todo, a la persona que salga al lado del zalamero.

También en los últimos tiempos adquiere valor en la nueva estirpe el chupón de cámara. Otro mandamiento del nuevo Zalamero es alcanzar el tiro directo y poder salir en cualquier mitin o acto. Les habrá pasado como a mí, que en esta campaña hemos visto en un mismo día a la misma persona, sin saber nadie quien es, en siete actos de municipios diferentes.

Aquí encontramos una coincidencia con los pelotas del siglo anterior y es la disponibilidad para perder mucho tiempo. El zalamero 5.0 se sube a un autobús por la mañana y por la tarde va a Alcorcón y Getafe, Alcobendas y Sanse. Les da igual. El tema es estar. Pero la realidad no es así de sencilla El problema de estos nuevos “fans” de los líderes políticos sigue siendo el mismo que el de los anteriores, pero con una novedad. En general, buscan algo y por lo que se ve así lo pueden encontrar. La novedad es que ahora se cambian de chaqueta a la velocidad del viento. Su adulación y fanatismo ya no suele ser a un proyecto de ideas o a un partido, como antaño, ahora solo siguen estereotipos que les puedan beneficiar. Hoy están aquí y mañana estarán allá.




Editorial de Juan Ussía