“Las niñas”: savia nueva y grandes expectativas para el cine español

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Por José Ignacio Vidal
El film, ya en las salas, y reciente Biznaga de Oro en el festival de Málaga, de la debutante Pilar Palomero, supone una estruendosa irrupción en el panorama de los directores españoles, comparable incluso con los “casos” Amenabar, Almodóvar o Sorogoyen. 
Jose Ignacio Vidal

Ha habido sucesos en las dos direcciones: un director/a que en su ópera prima ha aparecido con estruendo en el panorama nacional, para luego diluirse como un azucarillo -estos casos me los guardo porque “La Mirada” siempre es positiva, y luego -y esto es lo que esperamos que pase con Pilar Palomero y su “Las niñas” (luego hablaremos de esta notable película) está la historia de cineastas que no solo confirman, sino que agrandan y hasta se convierten en “casi mitos”.

Un ejemplo es Pedro Almodovar y su “Pepi, Luci Bom y otras chicas del montón” que revolucionó el festival de cine de San Sebastián en la mitad de los años ochenta y abrió un camino nuevo y fresco de hacer cine; lo mismo que Amenabar con su “Tesis”, que sentó cátedra de cómo con unos discretos recursos y actores desconocidos clavaba al espectador en la butaca y le metía en los huesos -con un magnífico guion- el miedo y el suspense, sobre todo esto último, sin necesidad de grandes artificios.

Y qué decir de nuestro Rodrigo Sorogoyen, aunque en este caso, el camino fue un poco al contrario: por muy buenas críticas que recibiera su “Stockholm”, un servidor aún se pregunta “de qué iba”.

Sorogoyen dio el zapatazo con “Que Dios nos perdone”, demostrando no solo que ahí había mucho director, sino que nos traía de vuelta el género “thriller”, tan poco cultivado en España. Y es que los grandes talentos son, en cualquier ámbito, y como decía Tom Cruise en “Jerry McGuire”, “como las palomitas: unas se abren y otras no”. 

Pues bien, Pilar Palomero puede ser de las primeras Directoras en conseguir subirse a la cima con su primera película si confirma -ojalá que sí, su espléndido debut. 

“Las niñas”, reciente vencedora en el Festival de Málaga, es, para empezar, una obra semi autobiográfica que rememora a través de ojos infantiles la España aún beata y severa que se vivía en 1992. 

Si, han oído bien, 1992. Aunque suene a cercano, y pese a que en ese año se celebraron en nuestro país la Expo en Sevilla y los JJOO en Barcelona, y que España quiso creerse demasiado moderna muy pronto, aún estaban presentes los tiempos grises y pacatos no tan lejanos. Y hete aquí, que este film ha llegado para recordar aquella España de dos velocidades. El debut de Palomero tira de la semi autobiografia para recordar que los años 90, que parecen tan cercanos, en realidad están mucho más lejos. 

Situamos la acción en Zaragoza, en el año ya citado. Celia (Andrea Fandos) es una niña introvertida, alumna de colegio de Escolapios e hija de una madre joven (Natalia de Molina) que apenas está en casa, porque una madre viuda debe trabajar el doble para sacar a su familia adelante.

El mundo de una preadolescente de colegio religioso en la Zaragoza de 1992 pasa por la cerrazón de convivir con una educación represiva y a la antigua usanza con la efervescencia de una capital de provincia de donde surgieron grupos como “Héroes del silencio” o “Niños del Brasil” .

Las niñas” critica el anquilosamiento de un sistema educativo que mantuvo la religión como pilar central hasta bien entrado el nuevo milenio, con la ideología religiosa sobre la sexualidad o la virtud contagiando todos los aspectos de la enseñanza. 

Con este film, y a través de la maestría de la directora, entramos en una máquina del tiempo con la que el espectador es trasladado a aquel lugar en un país en el que – a excepción de las grandes ciudades como Madrid o Barcelona-, las costumbres tan arraigadas tardaron en relajarse un tanto. Con humildad y naturalidad, sin grandes dispendios, y con un lenguaje sencillo para una historia sencilla, Palomero se ha “despachado” una de las películas más emocionantes y sobresalientes del cine español en los últimos años, una película en la que se verán reflejadas muchas de las mujeres de aquella olvidada ya EGB.

La madre de la protagonista la interpreta Natalia de Molina, una de nuestras grandes intérpretes que se crece en los silencios y que como madre en el film, es el espejo donde se mira la niña y que representa la carga de una educación autoritaria y coercitiva. Pero tranquilos, que esta no es una película triste, sino llena de jovialidad y mucho sentido del humor. 

Sin desvelarles mucho más del argumento, decir que a través de los ojos de la niña protagonista y su grupo de amigas de clase, “Las niñas” se desarrolla por ese momento de cambio de la niñez a la juventud tanto de la intérprete principal como también de la sociedad española de los noventa -ruta del Bakalao incluida-.

Otra virtud de la película es que las niñas, si, las actrices, son seguidas con enorme frescura por la directora, y suponen una gran sorpresa y muy agradable, ya que la mayoría no tenían experiencia anterior en interpretación.

También, Palomero utiliza las referencias culturales para enmarcar, aunque no de forma burda, hay que decirlo, y la banda sonora, llena de éxitos de la época, es un vehículo de expresión de los sentimientos y del cambio de las protagonistas.

En definitiva, “Las niñas“es una ópera prima de una directora con un futuro prometedor. Quizá haya hecho lo más difícil, meter la cabeza (este proyecto llevaba demasiado tiempo en el cajón) -y de qué manera- en la industria. Ahora le falta lo que separa el camino a la excelencia: la confirmación, algo que viendo “Las niñas” no es tan imposible para ella. Ya saben, las palomitas: ¿se abrirá esta? No lo sabemos. Lo que sí está claro es que Palomero ha cultivado una hermosa flor. Es el primer paso.