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La cesta de la compra sigue sin dar tregua a las familias y acumula una subida del 35% en tres años

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El supermercado continúa siendo uno de los lugares donde más se nota la pérdida de poder adquisitivo de los últimos años. Aunque algunos alimentos han moderado sus precios durante el verano, llenar el carro sigue costando considerablemente más que antes de la crisis inflacionista y los productos frescos vuelven a estar entre los que más preocupan.

Hacer la compra se ha convertido durante los últimos años en uno de los gastos que más ha cambiado para las familias. Los precios pueden subir o bajar unas décimas de un mes para otro, pero basta comparar el ticket actual con el de hace unos años para comprobar que la cesta de la compra no ha regresado ni mucho menos a los niveles anteriores a la escalada inflacionista.

Los últimos datos definitivos disponibles, correspondientes a julio, mostraron cierta moderación. Los alimentos y bebidas no alcohólicas situaron su incremento interanual en el 1,6%, pero esa subida se produce sobre unos precios que ya habían acumulado importantes incrementos durante los ejercicios anteriores.

Por eso una inflación alimentaria más baja no significa que los alimentos vuelvan a ser baratos. Significa simplemente que ahora se encarecen a menor velocidad.

Ahí está una de las claves para entender lo que ocurre en los supermercados. Después de varios años consecutivos de incrementos, muchas familias han cambiado sus hábitos de compra, comparan más los precios y recurren con mayor frecuencia a las marcas blancas y a las ofertas.

Carne, pescado, fruta, verdura, huevos, lácteos, aceite o productos básicos de despensa han atravesado importantes oscilaciones desde que comenzó la crisis inflacionista. Incluso cuando algunos bajan, el punto de partida continúa siendo mucho más elevado.

La OCU realiza un seguimiento periódico de la evolución de los precios de los supermercados y recomienda precisamente comparar establecimientos y aprovechar los productos de temporada como algunas de las fórmulas para contener el gasto.

El indicador adelantado de agosto todavía no permite conocer con detalle cuánto ha subido cada alimento. Habrá que esperar al IPC definitivo para disponer del desglose completo.

Por eso conviene no atribuir a la alimentación el fuerte repunte del IPC general hasta el 4,3%, que está relacionado principalmente con la evolución de los productos energéticos y los carburantes.

Sin embargo, la alimentación continúa ocupando un lugar fundamental en el presupuesto mensual porque es un gasto difícil de reducir. Se puede aplazar la compra de ropa, cambiar unas vacaciones o retrasar determinadas adquisiciones, pero el supermercado forma parte de los gastos imprescindibles de cualquier hogar.

La llegada de septiembre tampoco ayuda. El regreso al colegio y al trabajo devuelve a muchas familias a sus rutinas habituales y, con ellas, a una cesta semanal que sigue siendo sensiblemente más cara que hace unos años.