Islas Canarias: Los Vinos afortunados

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Las Islas Canarias son en sí mismas, y por muchísimas razones un enclave único, diferenciado y privilegiado. Asimismo, incluso dentro de las propias islas, la diversidad de cada una de ellas, que abarca desde la climatología, tradiciones, paisajes, y gastronomía; hacen que cada una sea diferentes y especial.
D.P.

Como no podía ser de otra manera, en la viticultura y la enología también sucede lo mismo. En su conjunto las Islas no se parecen a ninguna otra zona de producción vinícola del mundo, pero a su vez, cada una de ellas, presenta una serie de particularidades que la hacen diferente al resto.

En las siete islas principales se produce vino con las limitaciones y condicionantes que cada una de ellas presenta. Así cada isla tiene su propia Denominación de Origen salvo Fuerteventura, cuyos vinos quizá sean los menos conocidos, que carece de ella; y Tenerife que concentra cinco Denominaciones de Origen diferentes. Además, existe otro sello de calidad Vinos de Calidad de las Islas Canarias, que acoge a todos aquellos vinos producidos en el archipiélago y que no están en algunas de las 10 denominaciones de origen.

Canarias fue de las pocas zonas dónde no llegó la plaga de filoxera que arrasó el viñedo europeo a finales del siglo XIX y principios del XX. Sus cepas, en muchos casos, son centenarias y de pie franco (no injertadas).

Las cepas canarias, aunque originalmente fueron llevadas por los castellanos, tras la conquista de las islas, han desarrollado, por evolución natural, y por condiciones geológicas y climatológicas, características propias que después de varios siglos pueden considerarse variedades diferenciadas. De este modo, variedades como la baboso, vijariego, gual, forastera, marmajuelo… son uvas que prácticamente no existen fuera de las Islas.

Centrándonos en los vinos cabe destacar, del mismo modo, que cada isla tiene vinos con características diferentes, conseguidas por el proceso de elaboración, los distintos suelos, la climatología de cada isla y las variedades propias.

En general, los vinos canarios han dado un espectacular salto de calidad en los últimos 20 años, mejorando tanto la calidad de la uva producida como los métodos de elaboración empleados. También ha habido una mayor diversificación, y aunque los blancos, sobre todo los afrutados, siguen siendo los de mayor producción y fama, cada vez se elaboran más y mejores tintos, rosados e incluso espumosos de gran calidad.

En El Hierro encontramos magníficos tintos, especialmente los elaborados con uvas de la variedad baboso negro, con algo de crianza en madera

En La Gomera reina su uva autóctona, la forastera gomera, que ofrece blancos de gran personalidad, secos, minerales, densos en boca. Excepcionales.

La Palma, además de grandes blancos, y cada vez más tintos, destaca por sus exclusivos vinos de tea, con una crianza en madera de pino canario, utilizando para ello únicamente la parte interior del tronco de dichos pinos.

Tenerife destaca por su variedad. Grandes tintos en las Denominaciones Valle de la Orotava e Ycodén – Daute – Ísora, y magníficos blancos en Abona, Valle de Güímar y Tacoronte Acentejo. Variedad de uvas, marmajuelo, vijariego, listán blanco y tinto… y cultivos que van desde el nivel del mar hasta los 1.500 metros de altura, otorgan a los vinos de esta isla una diversidad que no se da en ninguna otra.

Gran Canaria, con sus viñedos en barracos de imposible acceso, elabora blancos jóvenes y de crianza de singulares características; y tiene una incipiente, pero cada vez más reconocida y valorada, producción de vinos dulces.

Quizá sea Lanzarote la isla con los vinos de mayor proyección fuera del archipiélago. Algunos de sus blancos son de una calidad que nada tienen que envidiar a los mejores blancos de otras zonas de España o Europa. En Lanzarote la reina es la malvasía volcánica, una uva cultivada en condiciones extremas de secano, aprovechando el agua del rocío ante la escasez de lluvias y vendimiada a mano.

Por último, Fuerteventura, la isla con menor producción actual y sin embargo con la tradición vinícola más antigua de todas las islas, el primer viñedo canario del que hay constancia estaba en Fuerteventura en el año 1412; está recuperando su viñedo y su producción de vinos, que tuvo su mayor apogeo en los años 50 del siglo XX y que prácticamente desapareció en la década de los 80.  De esta isla cabe descartar, con muy alta nota, algún rosado, especialmente los elaborados con la variedad local hoja moral.

En definitiva, Canarias, las islas afortunadas, también los son en vinos, vinos que conviene descubrir, conocer y degustar

David Paret

La Zascandilería