Esguince grado X

Compartir
El esguince de tobillo es probablemente la lesión más frecuente en la práctica deportiva. ¡Que levante la mano el que nunca se haya hecho un esguince! Si no la has levantado es que no has llevado probablemente una vida muy activa… Caminando por el monte, jugando al tenis, al fútbol o bajando unas simples escaleras. La torcedura de tobillo es un clásico y las muletas sus mejores amigas.

Los que sí lo hemos sufrido aun tenemos grabado en la cabeza ese chasquido característico. Esa sensación de habernos roto el peroné. E inmediatamente ir a buscar el tobillo con la mirada para ver si la “escabechina” tiene mala pinta o muy mala pinta: ¡nos ponemos en lo peor! Respiramos aliviados cuando el pie parece alineado pero vemos como repentinamente aquello empieza a coger volumen. El huesito externo del tobillo empieza a parecerse a una pelota de tenis y no es infrecuente que aparezca algún mareo por la impresión que causa.

Es una prudente recomendación acudir a un servicio de urgencia para descartar una posible fractura. En este caso sí que la lesión es más grave y en algunos casos quirúrgica. Pero una vez salvado este diagnóstico el esguince se posiciona como la única opción posible. Y aquí llega el primer dilema: el grado de esguince. Me atrevo a asegurar que en un servicio de urgencia convencional, con el tobillo inflamadísimo y con un dolor insoportable, es imposible determinar el grado. Toda maniobra duele, no se puede explorar su inestabilidad, la inflamación nunca determina la gravedad, etc. Es necesario el paso de los días y que baje esa inflamación para valorar el grado de lesión. Así que cuando os digan que tu esguince es grado III, no tienen ni idea… La única función en esa primera consulta es descartar fractura y prescribir muletas para respetar esa primera fase inflamatoria. Ni vendaje ni escayola. ¡No hay que inmovilizar nada! Y el hielo en el vasito de agua para beber algo fresquito. Nada más…

A las 48-72 horas hay que empezar a movilizar ese tobillo. Si, si… ¡A mover! El movimiento es lo que va a garantizar una mejor cicatrización de las estructuras dañadas y una disminución de los efectos secundarios: atrofia, fibrosis, trombos, etc. Primero en descarga, luego en carga parcial y por último en carga total e impacto. Es decir, primero movilizando el tobillo tumbado o sentado en todas las direcciones con o sin resistencia. Luego de pie ayudado por una o dos muletas según tolerancia para ir progresivamente retirándolas y acabar andando sin cojera. Por ultimo la carrera y el salto. Todo esto en un plazo entre 2 y 5 semanas aproximadamente. Depende de la persona y el grado de lesión. Pero en ninguno de los casos se inmoviliza nada.

Es en este proceso de recuperación donde se puede ir valorando la gravedad del esguince. Mediante la exploración manual y mediante pruebas diagnósticas de tejido blando: ecografía y/o resonancia. La radiografía no sirve. Algunos tobillos requerirán de más o menos descarga pero es el fisioterapeuta el que debe ir introduciendo los estímulos necesarios para volver lo antes posible a la vida deportiva: movilidad, fuerza, equilibrio, carrera, pliometría…

Yo lo tengo claro. La función del médico es la de descartar fractura y diagnosticar esguince. La función del fisioterapeuta es la de su pronta recuperación. Y como siempre su herramienta más potente es EL Movimiento. Palabra de fisio.

Jesús Serrano

Clínica Fisioterapia La Moraleja

www.fisioterapialamoraleja.com

@jesus.serrano.fisio