“El practicante”: el lado más oscuro (y feo) de Mario Casas

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En este thriller de suspense de Netflix, lleno de perversos secretos, el actor nos desvela su faceta más siniestra hasta ahora desconocida por el gran público.
Por José Ignacio Vidal 
José Ignacio Vidal

“Me hice un Christian Bale”, ha declarado Mario Casas acerca de su papel en “El practicante”, la película ya disponible en Netflix. Bueno, quizá haya exagerado un poco. Porque las transformaciones del actor británico sí que son realmente asombrosas. Lo hizo en “El maquinista”, donde se quedó literalmente en los huesos (duele hasta verle) y lo volvió a hacer en “Vice” (también en Netflix), donde engordó hasta quedar casi irreconocible, por citar dos ejemplos.

Lo que sí es cierto es que Casas en “El practicante” demuestra haberse sometido a una estricta dieta y -esto quizá sea mérito de los maquilladores-, y salir hasta feo. De esto último tiene gran parte de culpa la sección de peluquería. Le han dejado un principio de alopecia bien perfilado y que le marca sobremanera el rictus de psicópata, rasgo bien visible en su personaje, de nombre Ángel. Pero antes de hablarles de la película, permítanme una licencia: “Estimados miembros de la Academia de cine español (los de los premios Goya, vamos). Siéntense a visionar la interpretación de Casas, y consideren que hay más mundo que Tosar, que me encanta, u otro monstruo como Bardem, enorme actor, si actor, su mejor faceta, porque cuando va de demagogo-progre no hay quien se lo crea. Piensen al menos en nominar a Casas, que ya va siendo hora”.

Ahora vamos con el film en sí. Dirigida por Carles Torras, un especialista en personajes oscuros (véase “Callback”), Torras es un cineasta acostumbrado a mostrar el tormento de sus personajes en todo su esplendor.

Así lo ha hecho a lo largo de toda su filmografía y ahora, con el personaje interpretado por Casas, parece llegar a la cima de este perfil. Entre las frustraciones de sus personajes ha logrado unir lo más llamativo de cada uno para brindar a la estrella un papel tan jugoso como sacrificado. Ángel, técnico de Emergencias sanitarias, no parece ser una persona muy de fiar. Brillantemente presentado en una espectacular secuencia de apertura, el personaje a quien da vida el Mario Casas más desagradable hasta la fecha marca territorio con un simple gesto, con una decisión poco acorde a su situación profesional. Una que además influye y de qué manera y se retroalimenta con la personal.

El personaje no puede quedar mejor representado y el primer reto de la película queda superado. Una vez que Torras tiene al protagonista bien perfilado, le toca dar el segundo paso: dejarlo en desventaja. Y es que “El practicante” no se esconde. El director y su equipo se la juegan con los ambientes, además de contar con un protagonista entregado a la causa hasta los huesos. El film resulta ser uno de los thrillers más desubicados e inesperados de la temporada. La verdadera magia de la película es que da la sensación de no tomarse demasiado en serio, y es que tampoco le hace falta. Ya lo comprobarán cuando la vean.

Otra cosa que “El practicante” hace de maravilla es jugar con las expectativas del espectador, algo siempre eficaz en una obra audiovisual, aunque a veces se corre cierto riesgo. Como en la escena de la ducha -sin desvelársela-, si que es cierto que al principio cuesta creer lo que acabamos de ver, pero el dominio del espacio del director valida momentos, tan, en principio, fuera de lugar. Torras repite en esta película con el director de Fotografía Juan Sebastián Vásquez, quien vuelve a impactar desde la frialdad, aunque de manera más interior que en “Callback”, su anterior colaboración. Esto se debe a que esta cinta es más íntima y recurre al lado oscuro del thriller. 

Netflix ofrece de esta manera un nuevo menú de género cocinado sin prisa pero sin pausa que no solo se centra en el sociópata de turno haciendo de las suyas. Consigue que este personaje, al que en principio solo le mueve el control total a través de su toxicidad, deba moverse además a través de una situación que lo pone a la defensiva, algo que volverá a Ángel aún más terrorífico y peligroso. Puede que por lo que hemos dicho hasta ahora no lo parezca, pero en el fondo es una historia de amor.

Una historia de dos almas en pena -la otra parte contratante es Deborah Francois, quien además es la novia actual de Casas, lo siento chicas- cuyo final recuerda en algo al de “Solo mía”. Y hasta aquí, porque “La Mirada” da pistas pero no les va a estropear el suspense. Terminamos recordando lo que mencionábamos en el segundo párrafo, creo que era: “Estimados miembros de la Academia…”.