Belén Caccia, cómica y artista polifacética:  “¡Tómate en serio la risa!»

Compartir
Belén Caccia (Buenos Aires, 1975) es cómica, actriz y artista polifacética. También docente. Sí, hace tantas cosas -y tan bien, pese a su modestia- que su agenda está en constante ebullición, siempre activa, creando e inventando… En las salas de comedia la podéis encontrar con el espectáculo «Milf», por ejemplo, pero también nos enseña a «Hablar en público» -título de su libro de oratoria- o la importancia de ayudar a los demás, como en una popular charla TED suya. La comunicadora argentina que se mudó a España y mira la vida con optimismo porta siempre la bandera del humor y proclama: «Resulta que la risa te la mereces y la necesitas».

“Otras Miradas” con Jorge García Palomo

@jorgegpalomo

P- Esto es La Mirada… ¿Cómo te gusta mirar la vida?

R- Siendo “bicho de teatro”, prefiero disfrutar la sala medio llena que medio vacía. Siempre me he destacado por mirar la vida con optimismo. ¡Cuidado con confundirlo con conformismo o con negación! ¡Optimismo! Es cuando vas caminando por la calle, te tropiezas con algo y disfrutas de ese número espontáneo de clown. ¿Lloras si duele? ¡Sí, claro, porque duele! Pero luego el dolor pasa y quedan el aprendizaje, la aventura, el giro inesperado de los acontecimientos y la posibilidad de hacer cosas que, si no fuera por ese tropiezo, seguramente no hubieras hecho. Un personaje mío tenía una cortina como vestuario y sumaba humor al monólogo… Pero no fue siempre así. Un día desapareció el vestuario original y lo solucioné cuando lo noté -segundos antes de salir a escena- con la cortina del camerino. ¡Y así la vida!

– «Me es imposible responder a esa pregunta», dices a menudo. La pregunta: ¿Quién es Belén Caccia, artista polifacética?

¡Uf! (Resopla). Es que amo la palabra “artista”. No puedo parar de crear, de generar cosas. Meto mano en todos los rubros. Siento que si alguna vez llego a parar de expresarme, me lleno y exploto. No sé cómo me aguanta la gente a veces: nivel de intensidad mil. Pinto, canto, bailo, actúo, dirijo, escribo… Eso no significa que lo haga todo bien, pero soy curiosa y adoro los desafíos. Además, soy una nerd total y amo estudiar.

¿Y cómo te dio por meterte en la comedia, Belén? ¿A quién admiras?

La comedia me secuestró. Yo iba a ser “actriz seria”. Estudié en sitios muy importantes con prestigiosos maestros de actuación. Incluso soy Licenciada en Dirección Teatral… No estaba en mis planes dedicarme a la comedia, aunque lo hago profesionalmente desde los 19 años. ¡Yo no sabía que estaba haciendo comedia! Desde chica veía en Argentina a Carlitos Balá, el mejor cómico dedicado a niños que vi en la vida, y a comediantes que si no sos de Argentina quizá ni te suenen, como Olmedo, Calabró, Edda Díaz, Minguito, Niní Marshall, Les Luthiers… Mientras, amaba las pelis de Jerry Lewis, The Benny Hill Show, Los Monty Python, Danny Kaye, Mel Brooks… Bueno, dioses en la tierra para mí. Pero mientras consumía ese arte con total inocencia, me formaba. Yo creía que para actuar Chejov. En esos tiempos trabajaba como animadora en clubes de transformistas en los que me presentaban como “la única mujer real”. Allí, con canciones o monólogos, abría paso a los artistas. Con el tiempo, las contrataciones para eventos fueron pidiendo a “la petisita -‘bajita’, en argentino- que hace los monólogos cómicos” y eso me llevó a escribir más y más hasta que, cuando me quise dar cuenta, ¡era monologuista! Años después llegó lo que llamaron “el auge del stand up” como tal a mi país; y  ya me encontró con muchísimos años de experiencia. Por eso, a pesar de ser mujer, pude hacerme mi lugar: porque comencé trabajando con gente que tenía más problemas de discriminación que yo y no se detuvieron a ver mi sexo, sino mi calidad de comediante; por suerte, les gustó y me dieron trabajo por mucho tiempo.

¿Cómo es tu tipo de humor y qué significa para ti la comedia?

No sé si tengo un tipo específico de humor, espero que sea del tipo bueno. (Risas). El estilo va cambiando acorde cambia mi vida. El humor de la Belén adolescente actuando entre transformistas pasó por mil estilos hasta llegar al de la Belén de casi cincuenta años, emigrada, madre, con todas las vivencias que ello conlleva. De todos modos, para mí la comedia siempre ha sido casi como un reflejo. No busco aprobación ni permiso, busco la risa. Voy a eso. Aunque siempre te filtro entre chistecitos un mensaje de respeto a las mujeres o impulsando al amor propio… Trato de no hacer bajada de línea, pero el humor es un canal exquisito para sumar mensajes y yo lo aprovecho. Todos mis shows tienen una cuotita de “¡Pum! Te metí el mensaje positivo ¡y no te diste ni cuenta!”. La comedia es el mejor canal para eso porque la gente se relaja y el mensaje entra. Y con esa última frase me autocensuro un chiste fácil y chabacano que podría hacer cómodamente, pero no haré…

– «MILF» («Mujer Inteligente, Libre y Feliz)… ¿Dónde verte y por qué?

MILF es un show que me tiene totalmente orgullosa. Se puede ver en Madrid, en la sala Collage Burlesque los domingos a las ocho de la tarde; y haciendo giras fuera de Madrid, en fechas que publicamos en la página web o en Instagram. Ver este show es un viaje porque me di el gusto de convocar a las cómicas que a mí me gustaban; a algunas de ellas ni las conocía personalmente, las había visto actuar y quedaron en mi memoria por su calidad en escena. Cuando diseñé el show, las llamé sin dudar y, para mi sorpresa, aceptaron las siete. En cada función presento a dos de ellas y hacemos una hora y pico de humor a tope de power. Es un showazo. Somos todas muy muy, pero muy distintas en estilo; y eso hace que el show sea una bomba.

– ¿Y cómo estás viviendo la revolución del «stand up comedy”, las salas llenas, taquillazos de comedia, el «crowd work»…?

Me siento Michael J. Fox en “Regreso al futuro” porque esto ya lo viví. En Argentina hubo años atrás esa especie de auge que te hablé antes. Y ahora están todos fascinados con esto de improvisar con el público que, por llamarlo en inglés –crowd work– consideran nuevo, pero se hace desde el vodevil en los años 30. En los teatros de revista y en esos shows que te conté de transformismo, los monologuistas y presentadores nos tiramos casi todo el show interactuando con el público e improvisando situaciones humorísticas con ello. Si es para que crezca el humor, para que más gente ría y para que nosotros tengamos más trabajo… llamémoslo como quieran ¡y que siga el baile! Pero esto es comedia de toda la vida. Ahora lo llamamos así, como se llama “ghosting” al “me dejó de hablar de golpe el desgraciado” de toda la vida…También es un arte que, como todo, no es para cualquiera ¡y chapó para los que sostienen todo un show con eso, que los hay, y maravillosos!

– Otra faceta tuya: la docencia. ¿Qué aportas y qué te aporta esta vocación?

La docencia es mi amor paralelo a la actuación. También la considero un arte. Actuar e impartir clases se parecen bastante. Aunque en la segunda hay una cuestión algo altruista de gozar que crezca el otro. Es un placer muy privado y profundo, el orgullo y la felicidad de ver crecer escénicamente a un alumno adulto es parecido al de una madre por su hijo. Verlos convertirse en mis colegas es difícil de explicar. Doy clases de improvisación, de oratoria y de interpretación. Al final, todo se trata de comunicar: por medio de la risa, de un texto propio, de un texto ajeno, pero siempre tenemos algo que decir y es totalmente enriquecedor aprender nuevas formas de hacerlo. Incluso si tenés que presentar un producto aburrido en una empresa, el arte estará en transmitir algo más que eso. En llegar a la gente. El público puede olvidarse el contenido exacto de tus presentaciones, pero recordará para siempre lo que les hiciste sentir.

– ¿Todos podemos dar algo?, como subrayaste en una famosa charla TED.

¡Claro que sí! Esa TED Talk está relacionada con mi rol de payasa voluntaria en el hospital de niños en Argentina. Desempeñé esa tarea durante 14 años y entrenaba payasos para que lo hicieran. Si buscas en tu día a día, hay algo que podés hacer por los demás. Los artistas quizá la tenemos más fácil porque nuestro trabajo ya consiste en eso. A mí me gusta aprovechar, como te decía antes, para filtrar ciertos mensajes, pero no es necesario siquiera que te lo propongas. Aunque lo que hagas sea contar chistes de pedos, con esos chistes de pedos estarás haciendo que la gente se ría, se olvide por un momento de sus problemas y luego se vuelva a reír cuando se tire un pedo porque se acordará de tu monólogo.

– Mención especial a tu libro «Hablar en público». ¿Cómo nos comunicamos con tantos estímulos, redes sociales…? ¿El mundo es un escenario?

Estamos tan aletargados por la inmediatez, la exhibición y el falso éxito que, a veces, no sabemos ni lo que pensamos. ¿Cómo vamos a saber qué es lo que queremos decir? Supongamos que el mundo es un escenario, pero no desde la exhibición ante el público directamente, sino desde todo lo que involucra una obra de teatro. No podemos  modificar la base de nuestra historia porque a cada quien le ha tocado una realidad diferente, pero podemos en alguna medida cambiar el guion durante su desarrollo, el comportamiento del protagonista, siempre y cuando el protagonista de nuestra vida seamos nosotros mismos; porque hay quienes se otorgan roles secundarios en sus propias vidas. Para dirigir nuestra propia obra necesitamos escucharnos y confiar en nuestras marcaciones de dirección, porque si no… ¡la obra se va a pique!

– Esto es La Mirada Norte de Madrid… Eres argentina: ¿algún lugar que te inspire de esta ciudad? ¿Salas de comedia de culto?

Por momentos, extraño mi amado Teatro El Bululú, el emblemático club de comedia de Buenos Aires en el que viví parte importante de mi carrera; o el Teatro Maipo, en el que actué los últimos años. En Madrid, afortunadamente, existen sitios como El Golfo y Beer Station, que son para mí los principales clubes de comedia en este momento: no solo porque cuidan la calidad de los espectáculos que ofrecen en su programación, sino porque tienen un trato respetuoso, amable y cercano con cómicos y cómicas, respetando la profesión como tal. Eso luego el público lo siente. Pagan por comedia profesional y la tienen. También existen clubes de comedia alejados del centro, como Artistic en Arroyomolinos, o Platea en Rivas-Vaciamadrid, que reman por mantener viva la comedia para la gente que no puede acercarse fácilmente al centro.

– Gracias por tu tiempo y sapiencia. ¿Reflexión final para los lectores?

¡Tómate en serio la risa! Gastamos dinero en perfumes, maquillajes, cursos, viajes, ropa… Con motivos como “porque lo necesito” o “porque lo merezco”, según sea el caso. Resulta que la risa te la mereces y la necesitas. Paga por ver comedia.

¡Mil gracias, Belén, y viva la comedia!

El periodista y comunicador Jorge García Palomo nos presenta a todo tipo de personas genuinas, creativas, curiosas, contingentes y necesarias… Como diría aquel genio, “gente loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo”…  Sí, son “Otras miradas”. Y están entre nosotros.