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Mi amigo oculto EUSTRES

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Déjame presentarte a un amigo invisible, traidor y astuto. Le llamo «amigo» porque, sin darme cuenta, lo he dejado entrar en mi vida. Puede ser tanto un aliado formidable como un enemigo peligrosísimo, dependiendo de su padecer. Hay quienes justifican su presencia alegando que sus múltiples tareas y responsabilidades diarias lo hacen inevitable, y exclaman: «¡Uff, qué estrés tengo!

El estrés es la respuesta natural del cuerpo a una demanda o amenaza externa. Puede ser provocado por factores como el trabajo, las responsabilidades familiares, problemas financieros o situaciones de emergencia. Y aquí viene la sorpresa: ¡puede ser tanto positivo (eustrés) como negativo (distrés)!

El eustrés nos motiva a actuar y resolver problemas. Es ese empujoncito extra que nos hace ser creativos y eficientes. (P.D: estado favorito de personas con altas inteligencias) Pero, ojo, vivir en un estado constante de eustrés puede convertirlo en distrés crónico, y eso no es para nada divertido. ¡Y eso no es todo! ¡Hay personas adictas al distrés!

Los síntomas de esta adicción incluyen dolores de cabeza, tensión muscular, fatiga, problemas para dormir, irritabilidad, frustración, sensación de estar abrumado, cambios en el apetito, procrastinación y un aumento en el consumo de alcohol, drogas o dulces. Suena como la receta perfecta para un cóctel de caos, ¿verdad?

Ahora, hablemos de la ansiedad, esa prima incómoda del estrés que siempre aparece sin ser invitada. A diferencia del estrés, que se desencadena por un evento específico, la ansiedad es una respuesta interna que puede surgir de la nada y sin embargo se queda para largo rato. Es esa preocupación constante y excesiva por el futuro que se convierte en un inquilino no deseado en tu mente.

Los síntomas más comunes de la ansiedad incluyen palpitaciones, sudoración, temblores, mareos, problemas digestivos, preocupación constante, miedo irracional, sensación de peligro inminente, dificultad para concentrarse y pensamientos intrusivos.

Imagina estar estresado porque la próxima semana tienes una presentación importante. El estrés debería disminuir después del evento. La ansiedad sería un sentimiento continuo de sensación de amenaza o eterno “tengo que hacer esto, o lo otro”.

En resumen, tanto la ansiedad como el distrés son peligrosos y traicioneros. La mejor manera de lidiar con ellos es prestándoles atención y gestionándolos adecuadamente.

Entonces, ¿qué hacemos? No te preocupes, no voy a darte la típica lista de consejos como: «dormir bien, comer sano, tener un hobby, no fumar, hacer deporte«. Claro, todo eso ayuda y debería ser la base de nuestra «casa mental». Pero sé que ya estás en ello, ¿verdad? Entonces, ¿qué más podemos hacer?

1. Ríete como si no hubiera un mañana
La risa, ya sea falsa, espontánea, inducida o la que sea, reduce las hormonas del estrés y aumenta las endorfinas
. ¿Necesitas una excusa para ver videos de comedia, monólogos o incluso participar en una clase de yoga de la risa? ¡Adelante! Reír intencionalmente puede parecer raro al principio, pero sus efectos son poderosos.

Prueba esto: Ahora mismo, intenta imitar a una hiena diciendo «ji-ji-ji» 20 veces, luego repite «muu-muu» hasta que una vaca aparezca en tu mente. Si no te has reído, tu próximo plan de fin de semana tiene que incluir un monólogo de comedia, ¡sin excusas!

2. Escritura Terapéutica
Escribir sobre tus pensamientos y sentimientos puede reducir el estrés y mejorar tu bienestar mental. Transcribir tus pensamientos hace que se ralenticen y tomen otra forma en tu mente. Así puedes empezar a controlar esos bucles de ansiedad o estrés. Toma un cuaderno y escribe libremente durante unos 10-15 minutos sobre lo que te preocupa o cómo te sientes. No te preocupes por la gramática o la estructura; lo importante es liberar tus pensamientos. ¡No abandones antes de los 30 días! Funciona. Y sí, esconde el cuaderno en un lugar seguro, no queremos curiosos.

3. Grounding: El poder de andar descalzo
La técnica más sencilla y poderosa: ¡caminar descalzo! La tierra posee una carga negativa rica en electrones libres que tu cuerpo puede absorber al estar en contacto directo con el suelo. Esto equilibra las cargas eléctricas del cuerpo, reduciendo los radicales libres que pueden causar daño celular. ¡Benditas abuelas que nos dejaban jugar descalzos en el césped!

Al equilibrar las cargas eléctricas del cuerpo, el grounding promueve un estado de calma y relajación, reduce significativamente los niveles de cortisol (la hormona del estrés) y mejora el estado de ánimo. Además, ayuda a regular los ciclos de sueño-vigilia, mejorando la calidad del sueño y reduciendo problemas de insomnio. También disminuye la inflamación y mejora la circulación. ¡La lista de beneficios es interminable!

Cómo hacerlo: Simplemente camina descalzo sobre superficies naturales como césped, tierra, arena o incluso en el agua. ¡Así de fácil!

Estos inquilinos indeseados en tu mente no se irán sin luchar, pero con un poco de humor y algunas técnicas simples, estarás empezando el proceso de hábitos para poder después mantener los inquilinos a raya.

Ríete, escribe y camina descalzo. ¡Tu salud mental y tu cuerpo te lo agradecerán! La vida vale la pena vivirla como tú quieres y no como lo quiere vivir el inquilino mental por ti.

Te dejo con esta frase de reflexión:
«El estrés es causado por estar ‘aquí’ pero querer estar ‘allí’.» – Eckhart Tolle.

Ewa (eustres) Jastrzebska, formadora en altas capacidades y liderazgo, Master en Neuro- entrenamiento, Coach y mentor personal. CEO Academia INTG City @programaewa