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Javier Arcenillas: «La fotografía es un instante efímero que guarda la eternidad”

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Javier Arcenillas (Bilbao, 1973) es uno de los mejores fotógrafos del orbe. ¡Ya lo he dicho! Ha trabajado por todo el mundo, pero siempre con sede habitual en la zona norte de Madrid y, desde hace años y entre otros sitios, en la Escuela PIC.A de Alcobendas. Y sí, aunque podríamos relatar su historial de libros y exposiciones o los tropecientos premios -con el World Press Photo 2018 en lo más alto del podio-, resumámoslo mejor con un ejemplo prosaico de la maestría de Javier Arcenillas… Allá va: he aquí un profesional a quien mandas a fotografiar cualquier tema para un reportaje ¡y nueve de cada diez imágenes que trae son de concurso! Porque la mirada de este “contador de historias imposibles” debiera ser Patrimonio Cultural de la Humanidad. ¡Bienvenido siempre Javier Arcenillas!

“OTRAS MIRADAS” con JORGE GARCÍA PALOMO

P- Esto es La Mirada… ¿Cómo te gusta mirar la vida a día de hoy?

R- Con prudencia y buena luz. Aun siendo optimista por naturaleza, los años hacen que mire de forma diferente.

P-¿Y cómo definirías tu mirada fotográfica, amigo?

R- Es compleja, curiosa, decidida, ingobernable, obsesiva. E intento que sea creativa.

P- ¿El secreto de una buena foto?

R- Que nazca fruto de una obsesión, que contenga humanidad y que tenga pocos artificios.

P- Una vez me dijiste que te consideras “un contador de historias imposibles”… ¿Qué historias te han llamado más la atención y cuál te gustaría contar y acaso hacer posible?

R- Los contadores de historias imposibles nacen en la Escuela PIC.A, en el Aula 6, donde yo trabajo; me gusta pensar en la idea de querer contar algo que no se ha contado. Hay un dicho: “Todo está contado, menos nosotros mismos”. Ahora llevo unos años realizando un proyecto sobre La Guareña, una zona agrícola y olvidada que tiende a desaparecer, y esa es mi nueva historia imposible… que voy haciendo posible.

P- “Latidoamérica” es el fotolibro que presentaste en la Universidad Popular Miguel Delibes de Alcobendas hace poco. ¿Cómo late este continente en tus fotos?

R- Bueno, no me van a contratar para hacer imágenes de turismo, obviamente. Es un proyecto duro y directo que habla y describe el corazón de la violencia. A mí me interesa mucho Hispanoamérica: es un lugar realmente increíble al que siempre quiero regresar.

P-Sin anestesia… ¿Cómo es tratar con sicarios?

R- Pues es complicado y muy arriesgado, pues has de tener los pies en el suelo y, sobre todo, has de estar muy alerta. Son personas peligrosas…

P- ¿Sientes miedo ante ciertos trabajos, digamos, polémicos, conflictivos, heterodoxos, no aptos para cualquiera?

R- Siempre: el miedo forma parte del comportamiento en situaciones límite. Es complejo de explicar: tiene que ver con la tensión e incertidumbre en los momentos complicados. En mi caso, siempre me he movido muy bien dentro del caos y en situaciones de estrés. En circunstancias difíciles he sacado lo mejor de mí.

P- De tantísimos premios en tu palmarés fotográfico, Javier, cuál es el que te llevarías a una isla desierta y por qué?

R- Pues, de momento, ninguno de ellos. Solo me interesa el aporte financiero para seguir realizando mis historias. Tan solo me importa el reconocimiento de seguir haciendo fotografías y continuar enseñando una materia tan interesante como es la de comprender y trabajar la luz.

P- ¿Y cómo vives tu faceta de profesor en la zona norte de Madrid? Cambian las tecnologías para capturar imágenes, pero ¿también las miradas, las inquietudes, los talentos?

R- Sí, bastante… En los últimos años el perfil de los alumnos cambia. Curiosamente, el futuro de la fotografía en su modo de aprender pasa por la fotografía química. Los procesos antiguos, la película, el cuarto oscuro, la imagen en Polaroid, etcétera. A los jóvenes es lo que más les interesa, puesto que la formación en procesos digitales o IA ya la van adquiriendo en su vida diaria. Dentro de la Escuela PIC.A no tenemos medios para una formación de esas características, aunque hay un cierto compromiso por parte de la institución política por facilitarlo. Están en ello: es una necesidad que estaría muy bien que se ofertase lo cual es paradójico. ¡Volver al inicio para reinventarse! (Risas). Esa es la realidad y convierte la fotografía nuevamente en algo mágico en lugar de algo mecánico, como sucede actualmente.

P- Completas también tu oficio con trabajos para el Ayuntamiento de Alcobendas, retratando actos de la agenda de la ciudad. ¿Cómo afrontas esta tarea más cotidiana?

R- Me apasiona y me encanta: ser testigo diario de todo lo que acontece en la ciudad es algo que me da mucha satisfacción. Tengo un alto conocimiento de lo que ocurre en Alcobendas porque pateo la calle cada día y porque mi cámara inmortaliza decenas de actos que hay en la ciudad, su urbanismo, actividades y, sobre todo, su historia. Durante el COVID fui de los pocos que fotografió y vivió todo lo que había en la ciudad: calles vacías, reflejar el trabajo de los servicios, fotografiar a los vecinos en sus balcones, hacer alertas… Por no hablar de “la Filomena”, los nuevos barrios, instalaciones… Mi trabajo en el Ayuntamiento dota a la ciudad de un archivo de imágenes histórico que es muy importante para ver la evolución de la sociedad alcobendense. La gestión de quien gobierna es importante, pero mi trabajo también. Mi misión es que todo lo que haya en la ciudad sea documentado creativa e informativamente. Y eso va a prevalecer. Pocos pueden decir algo así.

P- ¿Te sigue sorprendiendo la vida ante la cámara?

R- Claro, sin duda alguna.

P- ¿Quién hay detrás del célebre fotógrafo Javier Arcenillas?

R- Alguien trabajador que representa como puede a la ciudad donde vive. Aunque esta pocas veces le devuelve el mismo aprecio… Se tiende a olvidar el papel de muchos autores en diferentes disciplinas creativas dentro de la ciudad. Ya se sabe que nadie triunfará en su mismo lugar. Tengo obra expuesta en el ICP de New York, en la feria de París Photo, en Sofía, Berlín, Londres… Me piden obras para decenas de museos en las principales capitales europeas, americanas y asiáticas. Pero en el Centro de Arte de mi ciudad parece que he de hacer una solicitud reglamentada, pasar un tribunal de calidad y pagarme la exposición. Hay que recordar que la famosa Colección de Fotografía de Alcobendas palidece de obras de autores locales de corte internacional y hay unos pocos… Amén del escaso apoyo a creadores que salen de la Escuela PIC.A porque ¡si es un orgullo para la ciudad, estaría bien verlo representado! Deberían recordar -quien sea- que el símbolo de la ciudad no es su escudo: nadie sabe qué es, lo que representa o significa. Pero tenemos La Menina, que preside nuestra identidad y, curiosamente, es una obra de arte y no hay ciudadano que no tenga una foto con ella o la represente en sus redes; no hay club deportivo local ni otra cosa que refleje más el sentir popular que el arte…

P- ¿Qué referentes tienes en tu vida profesional, aparte de los hermanos García Palomo? (Risas).

R- Pues no lo sé, tendría que pensarlo… (Risas). Me quedo con mi equipo de compañeros y compañeras del “SieteDías” y mi equipo de la Escuela PIC.A.

P- Estamos en La Mirada de Madrid… ¿Algún sitio inspirador de la región?

R- Aunque haga crítica constructiva y tenga mis quejas, la mejor excursión que se debería hacer es a los peines del Centro de Arte, donde se encuentra la Colección de Fotografía de Alcobendas.

P- ¿Un mensaje final para lectores y lectoras de La Mirada? Una oda al arte de parte de uno de los grandes de nuestra fotografía…

R- Que hagan muchas fotografías si quieren ser felices y las impriman en papel como hicieron nuestros padres y abuelos. La fotografía es un instante efímero que guarda la eternidad.

¡Mil gracias y enhorabuena por tu trabajo! ¡Viva el arte!

El periodista y comunicador Jorge García Palomo nos presenta a todo tipo de personas genuinas, creativas, curiosas, contingentes y necesarias… Como diría aquel genio, “gente loca por vivir, loca por hablar, loca por salvarse, con ganas de todo al mismo tiempo”… Sí, son “Otras miradas”. Y están entre nosotros.