Gaudí: La belleza resplandor de la verdad
El 10 de junio se cumplen 100 años del fallecimiento de Antoni Gaudí; ese día, el papa León XIV, oficiará una Misa en la Sagrada Familia, visitará la tumba del arquitecto en la cripta y bendecirá la recientemente culminada torre de Jesucristo.

Gaudí fue declarado “venerable” por el papa Francisco en abril de 2025, paso clave en el proceso para su beatificación; en la actualidad se analiza un posible milagro.
El llamado “arquitecto de Dios” nació en 1852, se duda si en Reus o en Riudoms, población cercana donde su familia veraneaba.
Con problemas de salud en su infancia, debido a fiebres reumáticas, faltaba a menudo a la escuela y dedicaba el tiempo a observar la Naturaleza: las plantas, las flores, los insectos…algo que marcará su vida y su obra: “Todo sale del gran libro de la Naturaleza”, de ahí las curvas orgánicas, estructuras como troncos de árboles o la geometría del mundo natural que replica.
Su familia trabaja el cobre en enormes láminas para grandes toneles, ello influyó en la capacidad de Gaudí para concebir los objetos como tridimensionales, no sobre plano: “yo tengo esa calidad de sentir, de ver el espacio porque soy hijo de calderero, un hombre que de una superficie hace un volumen, ve el espacio antes de empezar a trabajar”.
Cursa los estudios de arquitectura en Barcelona, con un expediente académico no muy brillante. Al otorgarle el título, el director de la Escuela manifiesta: “Hemos dado el título a un loco o a un genio, el tiempo lo dirá”.
Instala su despacho en Barcelona, es un joven de pelo rubio y ojos azules, con aspecto de dandi, trajes caros y gustos de gourmet. Se enamora de Pepeta Moreu, una maestra de familia acomodada, pianista, políglota e interesada por la política. Cuando se declara, Pepeta le rechaza mostrándole el anillo de compromiso de su prometido. Gaudí nunca volverá a enamorarse, tiene 33 años.
Llegará a convertirse en la figura clave del modernismo catalán, y para ello será determinante su amistad con el industrial Eusebi Güell, su más importante mecenas, impresionado cuando vio, en la Exposición Internacional de París, una vitrina diseñada para la guantería Comella y quiso conocer a su autor.
El legado de Gaudí abarca la casa Batllò, la casa Milà, el parque Güell o el Capricho, en Comillas; pero la gran obra del arquitecto, a la que se consagró en los últimos años de su vida, es la Sagrada Familia. “Mis grandes amigos está muertos; no tengo familia, ni clientes, ni fortuna, ni nada. Así puedo entregarme totalmente al templo”.
Profundamente religioso, con una vida austera, vistiendo trajes viejos y con aspecto descuidado, pasa los días entregado a su proyecto, “una Biblia en piedra”.
Cuando se dirigía a una iglesia para rezar, un tranvía le atropella, pierde el sentido y, debido a su aspecto, le confunden con un mendigo, el único documento que lleva son los Evangelios, hasta que un guardia civil para un taxi para llevarlo al hospital; se había fracturado tres costillas y tenía afectados el cerebro, el corazón y el estómago. Falleció tres días después, pero nos dejó una obra inmortal, porque como dijo él mismo: “No vale la pena hacer nada que no sea eterno”.