Llenar el depósito vuelve a convertirse en un problema para el bolsillo
Los carburantes vuelven a situarse en el centro de la escalada de precios. El gasóleo registró en julio una subida interanual del 15,7% y la evolución de los combustibles durante agosto está detrás de buena parte del salto de la inflación hasta el 4,3%, justo cuando millones de conductores afrontan el regreso de las vacaciones.
LMN
La gasolinera vuelve a convertirse en uno de los principales enemigos del bolsillo. Después de meses marcados por las tensiones energéticas y las medidas adoptadas para contener sus efectos, gasolina y especialmente gasóleo vuelven a presionar el presupuesto de los conductores.
El dato más llamativo llegó ya con el IPC definitivo de julio. El precio del gasóleo había aumentado un 15,7% respecto al mismo mes del año anterior, una subida suficientemente importante como para activar la cláusula prevista por el Gobierno para elevar las ayudas al combustible.
Agosto ha vuelto a dejar a los carburantes en primer plano. El indicador adelantado del IPC sitúa la inflación general en el 4,3%, siete décimas por encima de julio y en su nivel más alto en más de tres años. El comportamiento de los combustibles explica buena parte de ese incremento.
Septiembre llega con menos ayuda
Hay además otro elemento que afectará directamente a los conductores. Las medidas aprobadas para contener el encarecimiento de los combustibles establecieron una rebaja directa de 10 céntimos por litro durante agosto que se reducirá a cinco céntimos en septiembre.
La ayuda había sido de 15 céntimos en julio y se diseñó de manera decreciente. Para agricultores, pescadores y transportistas profesionales se mantienen condiciones diferentes.
Esto significa que, si los precios de mercado no compensan esa reducción, los conductores podrían encontrarse en septiembre con una factura mayor al pasar por el surtidor.
El coche vuelve a pesar en el presupuesto familiar
El momento tampoco es menor. El final de agosto coincide con la Operación Retorno y septiembre devuelve los desplazamientos diarios al trabajo, colegios y universidades.
En municipios como Alcobendas y San Sebastián de los Reyes, donde miles de vecinos utilizan diariamente el vehículo privado para desplazarse por la A-1 y otras carreteras de acceso a Madrid, cualquier incremento de unos céntimos por litro termina teniendo un impacto considerable cuando se acumula durante todo el mes.
El problema tampoco termina en el depósito. El encarecimiento del combustible aumenta los costes del transporte de mercancías y puede terminar trasladándose parcialmente a otros productos y servicios.
Los carburantes vuelven así a convertirse en una de las principales amenazas para la economía doméstica cuando termina el verano. Y septiembre llegará, además, con una ayuda al combustible menor que la aplicada durante agosto.