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Vivir en un entorno digno no es un lujo,  es un derecho

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La sabiduría popular sabe perfectamente lo significa ver una casa con las ventanas rotas. Al principio parece solo una fachada vieja. Pero con el tiempo, esa casa empieza a atraer problemas: pintadas, basura, okupas, miedo. Y lo que era solo una ventana rota se convierte en una herida abierta para todo el barrio.

Aunque parezca que no, el derecho también puede protegernos de eso. No solo cuando hay robos o peleas. También cuando el abandono de una casa afecta nuestra tranquilidad, nuestra salud, nuestra luz.

Hay una teoría que explica esto. Se llama la teoría de los cristales rotos. Dice que cuando dejamos que el desorden se instale, estamos enviando un mensaje: “Aquí nadie cuida”. Y eso puede traer consecuencias más graves. La aplicación indirecta de este principio puede darse en el derecho civil y no únicamente en el derecho penal. Este artículo surgió tras el discurso del Decano del Ilustre Colegio de la Abogacía de Madrid sobre la abogacía y su papel, aunque dicho discurso no está relacionado con este artículo.

En derecho civil el que regula las relaciones entre personas en nuestro derecho está regulada la responsabilidad por omisión. Es decir, si alguien no cuida lo que le pertenece y eso perjudica a otros, puede tener que responder por ello.

Don Ernesto lleva más de 40 años viviendo en el mismo barrio. Su casa siempre ha estado bien cuidada, con flores en la ventana y saludos para todos. Pero hace unos años, la casa de al lado quedó vacía. La empresa que la compró nunca la arregló. Las ventanas se rompieron, entraron okupas, hubo un incendio. Don Ernesto empezó a vivir con miedo, no pedía dinero. Pedía que alguien se hiciera cargo. Que se reparara lo que estaba roto. Que se devolviera la dignidad al barrio. Para estos casos no queda mas remedio que acudir a su Abogado de confianza especialista en derecho civil general. Tras el respectivo proceso en el juzgado la Magistrada escuchó su testimonio y las alegaciones jurídicas pertinentes de ambas partes y que el abandono de esa casa había causado daño, aunque no fuera directo. Que vivir rodeado de ruinas y peligro afecta la calidad de vida. Y que eso merece reparación en estos casos la empresa fue obligada a arreglar la casa y a compensar a Don Ernesto. Fue una victoria para él, pero también para ese barrio

La STS 778/1997 reconoce que una construcción puede afectar derechos subjetivos como la intimidad, la habitabilidad y la estética. Aunque no menciona la teoría de los cristales rotos, su razonamiento es compatible: el entorno físico puede vulnerar derechos civiles sin necesidad de daño físico directo.

Una ventana rota no es solo vidrio. Es una llamada de atención. Y el derecho —aunque parezca lejano puede ayudarnos a repararla. Porque vivir en un entorno digno no es un lujo, Es un derecho.

Juan Pedro Mantilla Martínez/Letrado