Opinión

Por una buena salud mental

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Basta decir una vez más, que fehacientemente sea la Salud Mental la gran epidemia de este Siglo XXI.

Siglo convulso que día a día nos pone sobre la mesa nuevos retos, nuevas problemáticas y nuevas realidades, que en una sociedad post moderna como ésta, tan carente de certidumbres y tan expuesta al cambio de paradigmas, en una sociedad que como bien calificó el  sociólogo polaco Zygmunt Bauman de “líquida”, sea una necesidad perentoria el acuerdo para implantar a nivel nacional un Plan de Estudio y Prevención de la Salud Mental y la lucha contra el suicidio. Plan del que carece aún España, pero que ya es una realidad en 38 países de nuestro entorno.

Una sociedad donde escasean las certezas y abundan las incertidumbres e inseguridades, y fruto de éstas el individuo se ve abocado a gobernar su vida en muchas ocasiones falto de referentes y de herramientas válidas para afrontar estos nuevos desafíos sociales. En una sociedad como la española que contempla perpleja como sus cifras de suicidio crecen anualmente, 3941 personas decidieron dejar esta vida en 2022 (dato del INE), en 1980 la cifra era de 1500 casi un 70% menos, 9 de cada 1000 muertes en España responde a esta dramática realidad.

Y no es solo el suicidio, esa decisión final tan traumática para las personas que hemos vivido cerca esta situación, donde un ser cercano no es que quiera dejar la vida, sino que quiere acabar con su sufrimiento y dolor, sino también otras problemáticas como la depresión, la ansiedad, la fobia social o conductas antisociales como el bullying o el acoso en redes.

 Ante esto, debía de ser una tarea prioritaria para nuestro sistema político y más aún para los dos grandes partidos PSOE y Partido Popular, implementar este Plan a nivel nacional y con la colaboración de los gobiernos autonómicos, y por supuesto logrando el mayor consenso posible para buscar una continuidad y estabilidad que le haga ajeno a los vaivenes políticos, y además involucrando a los colectivos profesionales, médicos, psiquiatras, psicólogos, trabajadores sociales, así como a las asociaciones de pacientes y familiares.

Debemos saber que nuestro país encabeza los rankings de consumo de ansiolíticos, antidepresivos y otros psicofármacos lícitos en Europa, que más de 2,5 millones de nuestros nacionales los utilizan habitualmente. Según un estudio de la Fundación ANAR, solamente durante 2022 recibió más de 4500 llamadas de auxilio por parte solo de niños y adolescentes atendiendo a conductas suicidas.

Todo esto nos debe llamar a reflexionar, a dejar atrás rencillas y rivalidades y ponernos a trabajar juntos, desde todos los sectores; políticos, profesionales, asociativos y buscar soluciones para esta epidemia, el dolor y el sufrimiento no conoce de fronteras geográficas y de clases sociales, ni de edades, ni de sexos. A todos nos afecta más o menos cerca, todos tenemos a alguien en nuestro entorno, alguien que ha sufrido, sufre o sufrirá en un futuro, todos somos parte del problema y todos debemos ser parte de la solución.

Pedro Llorente